
5.11.09
nos dieron las diez y las once...

¡Lo que puede generar un cambio de horario! No sólo el ahorro energético y la somnolencia matutina que provoca la hora extra en verano. Imaginen lo qué pasaría si el gobierno capitalino se decidiera a imponer un horario restringido al transporte de carga pesada que atraviesa la ciudad de lado a lado en cualquier momento. Si no pudieran circular, digamos, entre las 7 de la mañana y las 7 de la noche, nos ahorraríamos probablemente buena parte del tráfico en algunas calles y, sobre todo, los inconvenientes que un transporte de esa magnitud –en tamaño pero también en peso y en su operación– genera al compartir las vías y horarios de los autos particulares.
Pero ahora un tema que genera, de menos, controversia, es la propuesta de algunos diputados locales de ampliar o liberar totalmente los horarios de operaciones de restoranes, bares y antros. La propuesta ha encontrado la oposición de vecinos quejosos del ruido, las molestias y hasta la inseguridad que provocan dichos establecimientos, de autoridades alarmadas por la seguridad física de “los jóvenes” –pues parece que son los únicos que gustan de la diversión de larga duración– y hasta de curas que, desde un medioevo ideológico, temen por la salud moral de esos mismos jóvenes –”víctimas fáciles de las drogas y otros vicios”– que, de noche, están más expuestos –todos lo sabemos– a los demonios de los excesos, del alcohol y de la carne.
Si como en una sociedad democrática moderna, laica y medianamente ilustrada, los vecinos exigieran que, a cualquier hora del día, restoranes, bares y antros, contaran con los medios necesarios para evitar que la música y el ruido del interior se escuchen al exterior, y que contaran con las condiciones necesarias para evitar otro tipo de molestias; si las autoridades competentes –y en esto han opinado desde la Secretaría de Seguridad Pública, la de Salud y el Instituto de la Juventud– se preocuparan por generar las condiciones de seguridad para poder caminar o manejar a cualquier hora, en cualquier lugar, si trabajaran en las campañas de información para saber cómo y cuándo conducir –no para impedir que los jóvenes o los viejos beban, sino que manejen si han bebido demasiado–, si hubiera transporte público seguro y eficiente para regresar en la madrugada de un antro –por cierto, si cierran a las 6 de la mañana uno puede volver a casa en metro sin tanta complicación–, si hubiera inspectores incorruptibles que certificaran la seguridad en esos lugares; si, por último, los curas se dedicaran a lo suyo, tal vez podríamos entender que el problema no es de horario –ni de ruido ni de alcohol y vicios peores–, sino precisamente de esas condiciones ignoradas, de esos compromisos no asumidos, de esos deberes incumplidos.
Pero no. Como en muchas otras cosas, en esta ciudad y en este país preferimos cerrar los ojos, dar la vuelta. No sólo tapar el pozo tras ahogado el niño, sino taparlos todos, hasta los que sirvan para beber. La libertad –la de elegir desvelarse, tomar una copa, no casarse o casarse con alguien del mismo género– nos asusta. Y nos asusta, en parte, porque la libertad exige responsabilidades –individuales y colectivas– que no queremos tomar. Mejor que el antro cierre temprano. Mejor que nada cambie porque eso implicaría estar listos, ofrecer lo que una ciudad moderna necesita y exige para ser eso: moderna. Mejor evitar la tentación que hacerle frente.
Quiero pensar que los cafés, los restoranes, los bares, los antros, los teatros, los cabarets y los burdeles, entre muchos espacios otros, han sido, además de sitios de perdición, lugares donde hablando, bailando, comiendo, bebiendo y discutiendo entre copas, riendo, tocándose y fornicando, los humanos hemos aprendido, de manera distinta que en las escuelas o las bibliotecas, a ser eso: humanos. Ahí también se construyen mejores individuos y mejores sociedades. Pero si eso nos da miedo, mejor vayámonos a dormir temprano.
2.11.09
sloterdijk

la vida -escribe en alguna parte peter sloterdijk– es cuestión de forma. con afirmaciones como esa no es de extrañar que sloterdijk se esté convirtiendo –o se haya convertido ya– en el [nuevo] filósofo de cabecera de varios arquitectos. su trilogía sobre las esferas –burbujas, globos y espumas, publicada en español por siruela– incluye, entre múltiples referencias, un capítulo dedicado expresamente a la arquitectura. en dos entrevistas recientes sloterdijk explica más sobre su pensamiento acerca del espacio y la arquitectura. la primera, publicada por la harvard design magazine, es una auto-entrevista titulada 'hablando conmigo mismo sobre la poética del espacio'. la segunda se la hace erik morse y está publicada en frieze. el título: algo en el aire.
18.10.09
bicis
17.10.09
11.10.09
4.10.09
27.9.09
bi(g) en ted
una buena demostración (como es costumbre en ted.com) de que quienes dicen que sus edificios hablan por ellos, se equivocan.
de casa a escultura
desde anarchitecture esta foto de una escultura/instalación de dagmar schmidt a partir de los edificios construidos con vigas de concreto prefabricado en europa del este.
13.9.09
de michael jackson a peter celsing
gracias a dysturb.net y a este video de otro baile en homenaje a michael jackson descubrí el kulturhuset de estocolmo, extraordinaria obra de peter celsing terminada en 1974.(casi) sin palabras

"esto será un prototipo de los proyectos que tenemos... serán las plazas especializadas donde se podrá vender al menudeo, medio mayoreo y mayoreo" dijo eberard en una muestra más de ese populismo chabacano de ideas cortas pero efectistas a que tan acostumbrados nos tiene. hoy, el reforma publica sobre el fracaso de estas plazas. en estas dos fotos, del antes y el después de la "mercadización" de este edificio diseñado por alberto kalach en 1992, vemos que el prototipo "pensado" por eberard y su gobierno no sólo es un fracaso comercial, político y urbano sino, ante todo, estético.12.9.09
nibble y el transbordador espacial
artefactos (in)habitables
La cabaña de Heidegger“Deconstruir el artefacto llamado ‘arquitectura’ es, tal vez, comenzar a pensarlo como artefacto y a pensar la artefactura a partir del mismo y, por tanto, la técnica en el punto donde permanece inhabitable.”
El anterior es el aforismo número 28 de los 52 aforismos para un prefacio (52 aphorismes pour un avant-propos). Los 52 aforismos deconstructivos –incluyendo el 12 (“Éste es un aforismo y nos contentaremos con citarlo”) y el 21 (“Éste no es un aforismo”)– recuerdan en número a los también 52 del segundo libro del Novum Organum de Francis Bacon, que constituyen la parte edificante o constructiva de la obra del filósofo inglés. Los aforismos derridianos prologan una selección de textos coeditados en 1987 por el Centro de Creación Industrial y el Colegio Internacional de Filosofía –institución fundada por el mismo Derrida con el fin de pensar, transdisciplinarmente, desde los márgenes de la filosofía y otras disciplinas. Desde ahi, desde afuera o desde enmedio de todo, pensar la arquitectura –deconstruirla– en tanto artefacto –en tanto algo, dirá el diccionario, hecho con arte: arte factus– y, por lo mismo, en relación a la técnica –techné: ars.
El aforismo de Derrida responde brevemente, comple(men)ta y deconstruye la relación que en su clásico ensayo Construir, habitar, pensar Heidegger establece entre esos términos. Para Heidegger no habitamos lo que, primero, hayamos construido sino que, al revés, construimos porque habitamos. Habitar, dice, es ser; nuestro modo de ser en tanto humanos, nuestra manera de ser y estar en el mundo. Y construimos en tanto que habitamos. “Sólo si somos capaces de habitar podemos construir.” Construir, producir los lugares que habitamos se hace, sigue Heidegger, a partir de la tekhné. Heidegger dice que “la ‘tekhné’ que hay que pensar así se oculta desde hace mucho tiempo” –desde siempre quizá– “en la tecnología de la arquitectura.”
Pensar la arquitectura implica en los términos de Derrida, pues, desmantelar su condición de artefacto, de objeto técnico, “en el punto donde permanece inhabitable.” “Decir que la arquitectura debe sustraerse a los fines que se le asignan –continúa Derrida en su aforismo número 29– y en principio al valor de habitación, no es prescribir construcciones inhabitables, sino interesarse en la genealogía de un contrato sin edad entre arquitectura y habitación. ¿Es posible producir una obra sin preparar por tanto una manera de habitar? Todo pasa aquí por ‘preguntas a Heidegger’ –sobre lo que piensa poder decir de eso que nosotros traducimos en latín como ‘habitar’.” Preguntas a Heidegger pero tambien, en paralelo, quizás, preguntas a Benjamin.
En Experiencia y pobreza Walter Benjamin lo dijo del habitar burgués, pero la definición funciona, sin el adjetivo, para el habitar en general: es seguir la huella fundada por la costumbre. Habitar es habituarse. Como un estuche de joyas que proteje y fija su contenido en un espacio justo a su medida, “el interior –dice Benjamin– obliga a sus habitantes a imponerse una cantidad altísima de costumbres.” Acostumbrados, habitamos repitiendo una y otra vez los mismos esquemas, las mismas actitudes, las mismas formas. Repitiendonos. También dice en ese mismo texto, recuperando otro breve que había titulado Habitando sin huellas, que los arquitectos de su tiempo –los años 30– estaban, con su acero y su vidrio, creando espacios en los que resultaba dificil dejar huellas. Espacios, quizás, inhabitables, en los que la tecnología oculta, implícita en la arquitectura se da a pensar y se muestra –y no sólo a partir de la transparencia y de la construcción estandarizada siguiendo modos de producción industriales. En sus tuberías y sus cableados, en sus métodos de aislamiento térmico y acústico, en las normativas y reglamentaciones de seguridad y construcción, la arquitectura va haciendo progresivamente más explícito toda una serie de saberes y procesos que, considerados secretos, constituían el andamiaje oculto bajo la cara simbólica de la arquitectura.
Habría que pensar las nuevas formas del habitar, entonces, desde esta visión de la arquitectura en tanto puro artefacto o mera técnica –más allá o más acá de la habitabilidad misma.
En 1926, Hannes Meyer, último director de la Bauhaus, realizó una instalación que probablemente cuestionaba la habitabilidad y, sobre todo, su relación con la arquitectura, tanto como el vidrio y el acero comentados por Benjamin. La Co-op zimmer era una habitación definida por muros de tela, amueblada con una silla y una mesita plegables, unas repisas con frascos de comida en conserva y otras con libros, una cama individual levantada del suelo sobre cuatro patas cónicas y un fonógrafo sobre la mesa plegable. La habitabilidad se ve reducida por un lado al aislamiento mínimo (los muros de tela), la comodidad indispensable (la silla y la cama) y la sobrevivencia (la comida). Por otro lado, los libros y, sobre todo, el fonógrafo, que lleva la reproducción mecánica a un grado de complejidad mayor que el del libro impreso, aseguran un tipo de habitabilidad distinto al de la arquitectura tradicional. Son, quizás, elementos ya disgregados de esa tekhné antes oculta en la tecnología de la arquitectura. La habitación propuesta por Meyer es un habitáculo mínimo y en cierta medida inestable para un nómada contemporáneo que antecede por 60 años al Pao para una chica nómada (1985) de Toyo Ito. Como la Co-op zimmer, es también un refugio textil, casi un capullo, ligero y móvil, cuya efectividad depende de la red de servicios públicos y medios de información a la que puede conectarse. Debemos imaginar al habitante de la Co-op zimmer y a la chica nómada como máquinas solteras altamente individualizadas que sólo requieren, en su espacio privado, la garantía mínima de aislamiento, supervivencia y, sobre todo, interconectabilidad con un exterior que les proporciona todo aquello que pudieran necesitar sin estorbarlos en su espacio. Libros, fonógrafos, televisión o internet: hablando de arquitectura podríamos decir –parafraseando el título de Kundera– que la habitabilidad está en otra parte.
El nuevo tipo de habitante –decía Jean Baudrillard a finales de los años 60 en El sistema de los objetos– “no es ni propietario ni simplemente usuario, sino que es un informador activo del ambiente. Dispone del espacio como de una estructura de distribución; a través del control de este espacio, dispone de todas las posibilidades de relaciones recíprocas y, por lo tanto, de la totalidad de los papeles que pueden desempeñar los objetos.” Esa redistribución de la habitabilidad en diversos objetos técnicos que, a su vez, permite a la arquitectura presentarse como un artefacto más –cuya relación con la habitación no tiene por qué ser privilegiada sobre la de, digamos, un teléfono o una secadora de ropa. Tal reducción a artefacto tiene así un efecto deconstructivo involuntaria sobre la arquitectura. Ese interior compuesto por electrodomésticos y nodos de comunicación acelerada se contrapone de algún modo al interior burgués criticado por Benjamin –aunque sea por otro lado resultado de aquél. Al nuevo ocupante de esos interiores –dice Baudrillard– no le importa ni la posesión ni el disfrute “sino la responsabilidad, en el sentido propio de que es él quien arregla la posibilidad permanente de ‘respuestas’. Su praxis es pura exterioridad.” El interior burgués –con su pesada carga de costumbres que nos definían e identificaban– se transmuta y condensa en intimidad de conexión, literalmente. El WiFi es la manifestación última de la habitabilidad: donde podamos estar en linea estaremos como en casa. Si para el habitante moderno, según Baudrillard de nuevo, los objetos no se consumían –la idea de consumo como opuesta a la contemplación es tema también de Benjamin– sino que se dominaban, se controlaban y ordenaban, si el habitante moderno se “ encuentra a sí mismo en la manipulación y en el equilibrio táctico de un sistema,” para el habitante “posmoderno” la manipulación se vuelve digital y el equilibrio táctico del sistema se reduce a la disponibilidad de “señal” para conectarse.
El duro trabajo de desocultación/deconstrucción de la tecnología implícita en la arquitectura y de su contrato sin edad con la habitación a partir o mediante la artefactura, se dio finalmente como consecuencia de dos tendencias paralelas. Una, la redistribución operativa de los objetos técnicos en redes de comunicación acelerada y otra, el proceso de individualización creciente. Las formas del habitar siempre han sido variantes de la conectividad, de acelerar o alentar flujos de información y distribución de bienes e insumos. La arquitectura casi inexistente planteada por Hannes Meyer a finales de los años 20 en su Co-op zimmer, prefigura las interpretaciones teóricas de Benjamin y de Baudrillard y las reinterpretaciones deToyo Ito, o antes de Archigram y su ciudad de habitáculos interconectables, de los Smithson con su Casa de Electrodomésticos, de los Eames con sus contenedores neutros –neutralizados– para actividades varias. Si en Meyer, como en Ito, los muros se transforman en cortinas es porque la tecnología que antes contenían y que acondicionaba el interior como un habitáculo confortable, ha adquirido cierta independencia, salido a la luz –para Heidegger tekhné es, precisamente, sacar a la luz–, tomando a su cargo la tarea de hacer al mundo habitable y permitiendo que la arquitectura, ahora simple artefacto, se libere del contrato sin edad con la habitación.
11.9.09
paris tokyo


desde dezeen estas fotos del restaurante temporal diseñado por pascal grasso en la azotea del palais de tokyo en parís
10.9.09
teles en venta
desde anarchitecture este link al trabajo de penelope umbrico : pantallas de televisores puestos en venta en la famosa craiglist. cada pantalla, dice la artista, es un autoretrato involuntario de la intimidad de cada vendedor, reflejado en la pantalla.
9.9.09
las crisis

Para quienes éramos niños en los años setenta, la serie de campañas gubernamentales para evitar el desperdicio de agua, desde el ciérrale hasta el gota a gota se agota, parecen ahora, en retrospectiva, una mala crónica de una sequía anunciada. Hoy, cuando el futuro ya nos alcanzó, parece que fuera demasiado tarde para campañas publicitarias o planes de prevención. Si la historia hidráulica de la ciudad de México ya apuntaba por si misma al desastre –sumando acciones erróneas, inacción pertinaz, demografía desbocada y ausencia de planificación urbana a largo plazo–, el cambio climático global y la consecuente modificación de ciclos que, por siglos, nos parecieron naturales –ahora llueve, ahora no– nos han dejado casi literalmente –y en algunas zonas de esta ciudad el casi es un ofensivo eufemismo– a secas.
Con todo, las torrenciales lluvias del fin de semana pasado y las inundaciones que provocaron, parecieran desmentir el terrible pronóstico. Habría que agradecerle a Tláloc, a la Virgen de la Cueva y similares, que la sequía haya cedido y que ya, por fin, tengamos agua aunque sea en la sala y hasta el cuello. Pero no. No es así de simple. En esta ciudad que alguna vez fuera un conjunto de lagos, desarrollamos una extraordinaria habilidad para deshacernos del agua pero ninguna, aparentemente, para hacer acopio de la que pudiésemos necesitar, digamos, en tiempos de secas. Toda el agua que llovió y que, enlodada, no continúa anegada en los cientos de casas afectadas, espera su turno para desaparecer en el drenaje yéndose a mezclar con basura y excremento. Cualquiera reconoce la paradoja –manera seudoelegante, aquí, de nombrar a la estupidez.
Por supuesto, podríamos, sin errar demasiado, culpar, cual es costumbre nacional, a los gobiernos en turno y a todos sus antecesores, todas las tendencias políticas incluidas y, en especial, la política de la complicidad y el engaño, de la situación que ahora vivimos. Pero también podemos intentar un análisis ligeramente más profundo de las condiciones, causas y efectos de esta emergencia urbana y ecológica.
Hace poco, mientras sorteaba en mi coche a otros conductores que, como yo, intentaban llegar lo antes posible a su destino, pensaba que el desastre vial de nuestra ciudad –otro grave aunque de consecuencias menos funestas–, se debe a fallas en tres niveles distintos que, para mejorar en algo, deben atacarse en paralelo. Primero, hay un nivel que podríamos calificar como infraestructural: las calles y avenidas, mal pavimentadas y llenas de baches, con trazos para curvas que no siguen ninguna regla y carriles que, sin previo aviso, desaparecen o se reducen de ancho. Esto último –que desaparezcan sin previo aviso– tienen que ver con el segundo nivel, el de información: se necesita ser un experto para saber cuándo las calles cambian de sentido, los carriles de ancho y las desviaciones de ruta. No existen en la ciudad de México planos que incluyan y sobrepongan información sobre rutas de autobuses, metro, vías primarias o estacionamientos públicos, por decir algo. El tercer y último nivel es el de la conducta: de poco o nada sirve un Circuito Bicentenario parcialmente terminado, repavimentado, con rutas de autobuses y atisbos de señalización, si la mayoría seguimos conduciendo como si del París-Dakar se tratara, pero con la habilidad de quien recién deja el jumento para pasar a un vehículo automotor.
Supongo –aunque no lo he puesto a prueba– que en el caso del agua se podría intentar un análisis similar: fallas a nivel de infraestructura, de información y de conducta. Desgraciadamente, recordando de nuevo elciérrale y el gota a gota se agota, parece que hasta ahora todos los “esfuerzos” gubernamentales se han enfocado a “informar” –y disculpe el exceso de comillas– sin lograr con eso cambiar la conducta ni, mucho menos, intentar mejoras reales a nivel de la infraestructura. Mientras tanto, aproveche las lluvias de estos días, y ponga cubetas en la azotea.
26.8.09
25.8.09
la naturaleza está en crisis

17.8.09
wikipedia


15.8.09
el hombre y su interior

5.8.09
un domingo en buttes-chaumont


23.6.09
política y arquitectura
En el blog A Daily Dose of Architecture una entrada dirige nuestra atención a varios textos que critican la decisión del jurado del Pritzker en este año. Lo que dice Christopher Hawthorne, de Los Angeles Times, resume el argumento: cuando los temas son “el activismo social, la sustentabilidad, los nuevos programas para diseñar, las mega-ciudades o la infraestructura,” la arquitectura de Zumthor se distancia de todo eso y en un vacío atemporal y, sobre todo, apolítico, se yergue exquisita y precisa pero sólo eso; bella y nada más. El premio a Zumthor, dice Hawthorne, “es un empuje a la idea de que la arquitectura es una profesión estética antes que política. Un arte bello y no social. Un fin antes que un medio.” Dura crítica que recuerda, de algún modo, aquella hecha por Ignasi de Solá Morales: Zumthor, a lo mucho, sería un extraordinario ebanista.
Hace algunos años coincidieron en México, en una serie de conferencias, Peter Zumthor y Paulo Mendes da Rocha, arquitecto brasileño ganador también del Pritzker en el 2006. En las visitas y comidas entre conferencias, Zumthor mostraba interés por México, preguntaba por la situación política y económica, además de temas de arquitectura y urbanismo. Mendes da Rocha se desesperaba con las preguntas del suizo. Le parecían fruto de una curiosidad distanciada y finalmente apolítica. Mendes da Rocha es un conversador inteligente e informado. Es, además, marxista. Herbert Muschamp, antiguo crítico de arquitectura del New York Times, le dedicó en el 2007 un texto titulado El ingeniero social. Tras describir a Sao Paulo como una ciudad que vive en las nubes, llena de rascacielos coronados por helipuertos, Muschamp se pregunta “¿qué tiene que hacer un viejo arquitecto marxista en dichas condiciones de capitalismo avanzado?” Volverse un filósofo –responde. “Con todo –continúa– sospecho que, como muchos otros intelectuales del siglo veinte, Mendes da Rocha entendió al marxismo principalmente como un marco para conversar sobre la diferencia entre lo que es la vida y cómo podría ser.”
La cuestión es si la diferencia entre compromiso y desinterés o, más bien, entre compromiso explícito y la ausencia de cualquier manifestación política, independientemente de las posturas que el arquitecto pueda mantener en privado, puede leerse directamente en la obra. Evidentemente hay diferencias entre, digamos, el Kunsthaus de Bregenz (KUB), diseñado por Zumpthor, y el Museo Brasileño de Escultura (MUBE), de Mendes da Rocha. Los dos son espacios para la exhibición de arte. Uno, el KUB, es un objeto aislado, un prisma purísimo de vidrio traslúcido. El MUBE es un edificio que se entreteje con su contexto, es una plaza pública y un museo. Los dos usan concreto –“el material que eligen los viejos marxistas,” decía Muschamp, “la piedra de las masas.” En el KUB el concreto es de una tersura que el estereotipo calificaría de suiza –aunque el edificio esté en Austria. El concreto del MUBE no es malo, en absoluto, pero deja ver marcas de la manipulación de los obreros. El primero, perfecto, parece obra mecánica; el segundo de la mano del hombre. Pero las dos son resultado innegable de sus condiciones de producción. Las dos son, además, excepcionales muestras de la arquitectura de finales del siglo veinte. Y, en cierto sentido, las dos son sólo bellas.
La diferencia, quizás, no sea la obra en sí, sino la obra como marco para conversar. Visto así no extraña que, dadas sus condiciones, Zumthor no hable de su obra políticamente. Lo realmente extraño sería que, en otras condiciones, un arquitecto brillante, cultivado y comprometido políticamente –como Mendes da Rocha– no usara su obra como marco de conversación para los temas sociales que le interesan. En nuestro país, varios de los mejores arquitectos trabajaron para el priismo autoritario sin ningún reparo. Hoy, hay buenos arquitectos que trabajan para gobiernos políticamente no muy correctos. Algo que, pese a su distanciamiento estetizante, no se le puede reclamar a Zumthor. Hay, seguramente, en el preferiría no hacerlo, también una actitud política.
12.6.09
le corbusier en méxico

también en mañanarama de mario ballesteros estas imágenes de un comic-monografía dedicado a le corbusier, publicado en 1966 por editorial novaro, con textos de fernando gay y dibujos de maría i. camberos.
méxico moderno


mario ballesteros hizo un interesante ejercicio: buscar "méxico" y "moderno" en la revista life. los resultados en su blog mañanarama.
11.6.09
10.6.09
10 de junio
tv unam presenta hoy un programa sobre la matanza del jueves de corpus del 71. represión, asesinatos y censura documentados. la apoteosis del priismo autoritario echeverrista. 38 años despues el pri en sus campañas electorales dice no responder a calumnias. será porque nunca ha respondido a nada, ni siquiera a acusaciones probadas. corruptos, cínicos y criminales. eso era el pri y no creo que hayan cambiado mucho.
no estaré en méxico el 5 de julio. no tendré que decidir por quién votar -o si sumarme al creciente empuje pro anulación del voto. pero si se por quién no lo haría ni lo haré jamás: votar por el pri es, de algún modo, volverse cómplice de todo eso.
1.6.09
de la movilidad a lo monumental
el primer podcast de tania osorio y alberto bustamante en antidomingo.tv sobre las obras del bicentenario
24.5.09
occidorient

lo vi en dezeen y pensé que era un diseño contemporáneo con caligrafía arábica. se trata de un diseño de françois mangeol hecho con letras times new roman.
¿cínicos o imbéciles?

22.5.09
más demoliciones (esta si duele)
desde city of sound y plataforma arquitectura la noticia de que robin hood gardens, 1972, diseñado por alison y peter smithson, está en grave riesgo de ser demolido. Margaret Hodge, ministra británica de cultura, hizo una declaración que casi la pone a la "altura" de sus pares mexicanos:20.5.09
equipo de cirujano


desde boingboing estas fotos de una caja con instrumental quirúrgico del siglo 19. seguramente no funcionaba tan bien como se ve, pero la imagen de un cirujano cargando una pequeña maleta de madera con todo lo necesario para, digamos, amputar una pierna, tiene su encanto.architecture depends
El título del nuevo libro de Jeremy Till apunta a la respuesta final que cualquier arquitecto daría a las insistentes preguntas del cliente, el usuario o el habitante. ¿Puede mi casa ser más grande? Depende. ¿Podemos hacer la ventana viendo al sur en vez de al oeste? Depende. ¿Le podemos poner un capitel dórico a esa columna sin chiste que usted dibujó ahí? Depende. La arquitectura depende o, como también lo dice usando una palabra con mayor prestigio filosófico, la arquitectura es contingente. El argumento central del libro –como lo explica Till en una hipotética conversación que constituye la introducción– es que “la arquitectura es conformada [shaped] más por condiciones externas que por los procesos internos del arquitecto. La arquitectura es definida por su propia contingencia, por su incertidumbre de cara a dichas fuerzas externas.” “¿Y?¿No es eso obvio?” –le responde su interlocutor. El problema, plantea Till, es que con toda su obviedad, la contingencia de la arquitectura no sólo ha sido negada, sino que esa misma negación es la base, el fundamento de la misma disciplina. Desde Vitruvio hasta nuestros días, afirma, los arquitectos se han empeñado en construir principios de orden interno –la triada vitruviana firmitas, utilitas, venustas: estabilidad, utilidad y belleza– y, sobre todo, independientes de factores externos a los que la propia disciplina define –dicho de otro modo: la estabilidad, la utilidad y la belleza de la arquitectura como disciplina dependen de que ésta, la disciplina, pueda definir la estabilidad, utilidad y belleza de la arquitectura, es decir: de los edificios, con independencia de factores externos a la disciplina misma.
Podemos suponer, siguiendo de lejos a Foucault, que eso es precisamente lo que constituye a cualquier disciplina como tal: la clausura de cierto saber sobre sí mismo y el postulado de su independencia respecto a factores externos. Pero, siguiendo a Kojin Karatani –a quien cita Till– podemos también decir que esa idea de una disciplina como construcción autónoma, sólida y estable, se deriva de una voluntad de arquitectura. En su libro Architecture as Metaphor: Language, Number, Money, Karatani argumenta que, desde Platón, la arquitectura ha funcionado como una poderosa metáfora para determinar al pensamiento como una construcción estable, firme, sólida, con fundamentos, etc. Es lo que Mark Wigley en su libro The Architecture of Deconstruction: Derrida’s Haunt llama el complejo edilicio [The Edifice Complex]. La metáfora del pensamiento ordenado, sistemático y bien fundado, es fundamental en el modo como la “filosofía, en un sentido estricto, no se piensa a sí misma como institución. La figura de la arquitectura no es simplemente una figura entre otras que escoja emplear. Más que la figura que la filosofía se da de sí misma, es la figura mediante la cual la institución borra su propia condición institucional.” También Denis Hollier en su libro La prise de la Concorde, Essais sur Georges Bataille, habla de la metáfora arquitectural. “No existe un sistema –dice– cuya descripción no implique un recurso al vocabulario de la arquitectura. Si la estructura es la forma más general de legibilidad, nada se vuelve legible mas que sometiéndose a la trama arqutiectural. La arquitectura es, en estas condiciones, archiestructura: el sistema de los sistemas. La piedra clave de la sistematicidad en general, impone la concordia de las lenguas y garantiza la legibilidad universal. Templo del sentido, domina y totaliza las producciones significantes para volver a lo mismo, a confirmar su sistema monológico.” La filosofía –dice Karatani– es otro nombre de esta voluntad de arquitectura(r) [will to architecture].”
Sin embargo, esa imagen de la arquitectura y del arquitecto, son una ficción. Según Karatani, “Platón admira al arquitecto como metáfora pero desprecia al arquitecto como trabajador terrenal, porque el arquitecto real, e incluso la arquitectura misma, están expuestos a la contingencia.” Nada tiene menos importancia para la realidad de la arquitectura –agrega– “que la idea de que es la realización de un diseño en tanto idea. Muchos otros factores críticos están involucrados, como la colaboración con otros miembros del equipo y el diálogo con el cliente. El diseño, como se concibe inicialmente, esta invariablemente destinado a transformarse en el curso de su ejecución.” Ningún arquitecto –dice Karatani– puede predecir el resultado. “Ninguna arquitectura está libre de su contexto. La arquitectura es un acontecimiento por excelencia en el sentido que es un hacer o un devenir que excede el control de quien lo produce.”
Otro título del libro de Till podría haber sido el del segundo capítulo: Tiempo, espacio y arquitectura Lo-Fi –opuesta a la arquitectura de alta fidelidad Hi-Fi–, invirtiendo, parcialmente, el título de la clásica obra de Siegfried Giedion, publicada en 1942, Espacio, tiempo y arquitectura. El movimiento clave de Giedion fue –explica Till– “tratar a la arquitectura como ‘índice’ de ciertos aspectos de la modernidad; toma estos elementos transitorios y los pone a disposición de la representación arquitectónica. Así, estetiza y tecnifica el flujo moderno, despojándolo de su contingencia. Su concepto central, espacio-tiempo, que él relaciona con los desarrollos contemporáneos en la ciencia y el arte, efectivamente congela el tiempo y vacía al espacio de cualquier contenido social.” Emprende así Till, en ese capítulo en especial, una reintroducción del tiempo –perdido– en el o, mejor, los procesos de la arquitectura.
En su libro Dédalo, el héroe, Jean-Pierre Le Dantec contrapone a Dédalo –el constructor [tecton] arquetípico, padre de la arquitectura– y a Brunelleschi, padre, éste, de la arquitectura moderna. De la arquitectura dedálica dice Le Dantec que, “aunque sea un producto del saber y de la reflexión, hace uso de otro tipo de inteligencia, propia del tecton, que no es la inteligencia teórico-conceptual: la metis.” Citando el trabajo de los helenistas Marcel Detienne y Jean-Pierre Vernant, Le Dantec describe esta otra inteligencia como “esencialmente polimorfa y astuta. Lejos de quererse una imposición del pensamiento teórico sobre lo real, traduciendo la superioridad del logos sobre el mundo sensible, la metis, dirigida a la obtención de resultados prácticos, tiene por método la aproximación (eventualmente iterativa) y, fundamentalmente, la estratagema que le permite voltear a su favor ‘realidades cambiantes que no se prestan ni a medida precisa ni a razonamientos rigurosos’.” Del otro lado está Brunelleschi. No el Brunelleschi inventor de máquinas constructivas –de estratagemas, digamos– para completar el domo de Santa María de las Flores, sino el Brunelleschi que demuestra la precisión y objetividad de los métodos perspectivos, abriendo así el campo a concebir la arquitectura como prefiguración y al arquitecto como productor de imágenes que deberán, después, ser construidas.
Brunelleschi tenía formación de artesano y orfebre. Era capaz de elaborar modelos a escala que [de]mostraban a quien realizaba el encargo cuál sería el resultado final y, por tanto, estaba plenamente preparado para ocupar el nuevo papel que desde el Renacimiento debía representar el arquitecto. Según Tomás Maldonado, “no hay duda de que el empleo de la maqueta tuvo una parte determinante en el nacimiento y en la consolidación de la figura del arquitecto, una figura diferente de la del maestro de obra medieval.” Para Maldonado, la necesidad de este nuevo personaje –el arquitecto como autor[idad] que visualiza y fija la obra aún antes de ser construida– tiene un origen socio-económico. “A partir del Renacimiento, los plazos se abrevian y el que encarga las obras se individualiza y se personaliza cada vez más. En otras palabras, esa persona muestra cada vez más interés en ver anticipadamente el desarrollo del edificio que quiere realizar. Los diferentes mercaderes y príncipes querían tener una maqueta lo más fiel posible al producto final.” Más aún, para Maldonado “es esta exigencia de comunicar el proyecto, de satisfacer el deseo que tenía el contratante de ver anticipadamente, lo que está en el origen de la profesión de arquitecto. En suma, el arquitecto nace con la función de visualizar.”
La demostración práctica que hace Brunelleschi de la objetividad y precisión de la perspectiva como forma de representar la realidad y, por tanto, de prefigurarla, es el momento fundacional de la concepción del arquitecto como visualizador y de la arquitectura como imagen. Le Dantec da un paso más allá y dice que es también origen del sujeto cartesiano: “la revolución filosófica de Descartes se sostiene en una revolución arquitectural anterior; es, en el orden del discurso, algo así como la culminación de la revolución brunelleschiana en el campo de la arquitectura.” Y Descartes, esto según Jean Wahl, desconfiaba del tiempo; pensaba el cogito como algo instantáneo: pienso-soy. El luego de “pienso luego existo” no implica ninguna sucesión temporal sino la inminencia de una revelación: porque pienso soy. De la arquitectura que se previsualiza e imagina podría decirse algo similar: porque la piensan es –al menos esa es la hipótesis. Por eso Bataille decía que sólo se puede proyectar desde la negación del tiempo: asumiendo que todo aquello que suceda entre la concepción y la ejecución no tiene ninguna importancia en la producción de la obra –que, por tanto, preexiste a su ejecución.
Al reintroducir el tiempo Till no invierte simplemente la relación entre concebir y construir, privilegiando el segundo término –afirmando que sólo lo construido es arquitectura. Al contrario, Till muestra que toda la arquitectura es construida, es decir, resultado de un proceso sometido a una multiplicidad de condiciones variables, contingente por tanto. La arquitectura se construye desde que se dibuja. Y aquí Till plantea una crítica del dibujo como mera representación. La debilidad final de la representación arquitectural –dice– reside en su edición del mundo y al “transferir esa emasculación a la producción de edificios, la arquitectura se revela impotente de cara a fuerzas que, intencional y convencionalmente canceladas, volverán a cazarla.” La solución está en “reintroducir el tiempo en la representación” –o, dicho de otro modo, desmantelar la idea misma de re-presentación. “No están dibujando edificios –dice Till a sus alumnos– están dibujando ideas.” Y dibujar ideas abre “los distintos pasos comunicativos de la producción arquitectónica –comunicativos tanto para los mismos arquitectos como para su público–” a una complejidad que “no puede resumirse en un sistema de representación único.”
El tiempo y la comunicación son así temas centrales del argumento de Till de los que se desprende un tercer tema: la condición ética de la arquitectura. En todo su libro Till desarrolla algunas ideas del filósofo judío-polaco Zygmunt Bauman. Igualmente respecto a la ética. “Mi entendimiento de la ética está informado por Zygmunt Bauman –dice– quien a su vez reconoce ‘al más grande filósofo ético del siglo veinte’, Emmanuel Levinas, para quien la ética se define, simplemente, como ‘ser-para-el-Otro’.” En su libro El tiempo y el otro, Levinas dice que “el tiempo no remite a un sujeto aislado y solitario, sino que se trata de la relación misma del sujeto con los demás.” El tiempo son los otros. El tiempo no es sólo eso que, como dice Deleuze comentando a Kant, me separa a mi de mi mismo [Je suis séparé de moi-même par la forme du tems], sino que también me coloca entre y ante los otros. Podemos volver con esto a Karatami y su idea de la relación entre contingencia y arquitectura: “la contingencia no implica que, en oposición al ideal del diseñador, la arquitectura real resulte secundaria y en constante riesgo de colapsar. Más bien, la contingencia asegura que ningún arquitecto es capaz de determinar un diseño libre de relacionarse con el ‘otro’ –el cliente, su equipo y otros factores importantes en el proceso de diseño. Todos los arquitectos se enfrentan a este otro. La arquitectura es, por tanto, una forma de comunicación condicionada a darse sin reglas comunes –es una comunicación con el otro quien, por definición, no sigue el mismo juego de reglas.” Abierta al tiempo y, por lo mismo, al otro, la arquitectura depende, abriéndose camino –para citar otra vez a Levinas– a “un pluralismo que no se fusiona en una unidad.”
menos arquitectura moderna

desde archinect dos notas sobre demoliciones. una pequeña subestación en el IIT, diseñado por mies van der rohe –seguramente no la mejor muestra de su trabajo–, que se interpone en los planes del metro, y una iglesia –la third church of christ, scientist– diseñada por araldo cossutta en la oficina de i.m. pei, que parece no ser del agrado de la congregación que la utiliza y que será demolida, tras una batalla legal de casi veinte años, bajo el argumento de que su mantenimiento y restauración es incosteable.








