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24.12.14

materia y memoria

hace algunos años le encargué a mi madre materia y memoria, de henri bergson. por alguna razón se le ocurrió comprarlo en los puestos de libros usados al lado del sena. el libro, editado por las presses universitaires de france en 1939, viene firmado y fechado en al primera página: p. quet, 1-5-1940, subrayado y anotado. la última anotación, una línea y una equis al margen, están en la página 146. una página antes hay una hoja manuscrita. entre las páginas 192 y 193 hay unas flores secas. nunca he leído el libro. materia y memoria.






7.4.13

la posibilidad de una arquitectura absoluta



pier vittorio aureli habla de su libro.

¿qué es una arquitectura menor?


odiar todos los lenguajes de los maestros
gilles deleuze y félix guattari, kafka

y aquí se comprenden indirectamente muchas contingencias menores
herman melville, moby dick

"¿hacia dónde (en el mundo) está yendo la arquitectura? como cualquier arte, depende de lenguajes de los maestros para el impulso. en otro tiempos, sus maestros eran deidades y monarcas; desde la revolución industrial, estos han sido remplazados por las fuerzas más abstractas del «libre» mercado. las intenciones recientes de la arquitectura han echado sus raíces superficiales en los suelos de la tecno-virtuosidad y la eco-ética. con todo, la disciplina aun perpetúa la dialéctica entre el espacio interior y el exterior, la producción de edificios, las aspiraciones heroicas del arquitecto. sirviendo a las influencias y deseos del poder corporativo, el lenguaje mayor de la arquitectura es otro producto más de una cultura dominada por el capital simbólico. sus convenciones se tambalean en el precipicio de la saturación, llevándonos a una proposición aparentemente extraña : la arquitectura no puede limitarse a la búsqueda estética de hacer edificios; debe ahora comprometerse en una política para selectivamente deshacerlos."

jill stoner, toward a minor architecture

16.1.13

le corbusier redibujado






dibujar es una forma de ver y por tanto de entender. por eso un dibujo nunca se termina o no de una vez. y por eso también volvemos a dibujar, lo mismo, otra vez pero de otra manera, para entender más, entender otras cosas, entender de otro modo. no sorprende pues que, pese a que ya existen otros libros con dibujos de la obra de le corbusier –además de los que él mismo publicó–, aparezca uno nuevo.

en un libro relativamente reciente peter eisenman estudia "diez edificios canónicos 1950-2000" –entre ellos una obra de le corbusier– a través de dibujos analíticos. también geoffrey baker le dedicó un libro,  "le corbusier, análisis de la forma", a estudiar la obra del famoso suizo-francés con dibujos y diagramas. y tadao ando guió a sus alumnos a dibujar, en precisos y preciosos planos de finísimas líneas, todas las casas de le corbusier.

a éstos se suma "le corbusier redrawn, the houses", de steven park. 26 casas, desde el taller de amadeo ozenfant, de 1922 –que sirviera de modelo para que juan o'gorman diseñara las casas-estudio de diego rivera y frida kahlo– hasta la maison de l'homme, construida póstumamente en 1963. todas las casas están dibujadas en planta, secciones y alzados a una escala de 1:200 y de 22 se incluyen perspectivas exteriores y seccionadas.

en el prefacio, park dice que el propósito de su libro es "ayudar a los estudiantes a desarrollar y refinar sus habilidades de visualización al estudiar las casas de le corbusier en tres dimensiones," y agrega que "las ilustraciones, sin embargo, no pretenden recrear o remplazar la experiencia real de las casas: se invita a los lectores a visitar las casas documentadas." la aclaración me parece innecesaria: supongo nadie pensará que los dibujos, por más precisos y claros que sean, puedan sustituir la experiencia de visitar esas obras –no imagino a nadie negándose a ir a poissy, en francia, a ver la villa savoye, diciendo "gracias, ya vi los dibujos." pero me queda claro que la afirmación contraria es también totalmente válida: nunca la experiencia real podrá recrear o remplazar la experiencia del dibujo. es por eso que dibujamos y redibujamos, una y otra vez.

[más sobre el dibujo aquí, acá y allá]

2.12.12

los dos órdenes de la arquitectura

"de manera general, no hay cinco órdenes de la arquitectura –ni cincuenta– sino sólo dos: arreglada [arranged] y orgánica. éstos se corresponden a los dos términos de esa "inevitable dualidad" que divide la vida. talento y genio, razón e intuición, bromide y sulphite son algunos de los nombres por los que los conocemos.

la arquitectura arreglada es razonada y artificial; se produce gracias al talento y la gobierna el gusto. la arquitectura orgánica, por otro lado, es producto de una oscura necesidad para la expresión personal que es subconsciente. es como si la naturaleza misma, mediante un órgano humano de su dominio, se hubiera puesto al servicio de los hijos y las hijas del hombre.

la arquitectura arreglada, en sus mejores manifestaciones, es producto del orgullo, del conocimiento, de la confianza asombrada de contemplarse. parece decirle a las obras de la naturaleza «te mostraré un truco que vale pro dos de esos.» la arquitectura arreglada sustituye la sutileza de la geometría natural y por su infinita e inesperada variedad por un sistema euclideano de líneas rectas y si acaso arcos de círculo, ensamblados y arreglados de acuerdo a lógicas definidas y particulares. es creada, no creativa; imaginada, no imaginativa. la arquitectura orgánica es tanto creativa como imaginativa. no es euclideana en el sentido de que posee más dimensiones –es decir, subiere la extensión en direcciónes y regiones en las que el espíritu se encuentra como en casa, pero de las que los sentidos no dan razón al cerebro.

para dejarlo claro, se puede decir que la arquitectura arreglada y la orgánica tienen tanta relación entre ellas como un piano con un violín. el piano es un instrumento que no da discordancias si se siguen las reglas. un violín requiere oído absoluto –una rectitud interior. tiene un modo de traicionar al hombre de talento y glorificar su genio, haciéndose uno con su cuerpo y su alma."

claude bragdon, architecture and democracy, nueva york, alfred knopf, 1918.

3.8.12

el cuaderno de viaje



de los sueños se preguntaba ludwig wittgenstein si eran aquello que pasa al estar dormidos, lo que recordamos al despertar o el relato que le hacemos al sicoanalista. de los viajes podemos decir algo similar: ¿son el recorrido, el desplazamiento físico que nos lleva a lugares distintos a los conocidos, son los recuerdos que nos dejan esas experiencias o son las descripciones que hacemos?

a filón de bizancio se le atribuye la primera descripción de las siete maravillas del mundo. "cada una de las siete maravillas, por reputación –escribe el supuesto filón–, es conocida de todos, pero son pocos quienes las han visto. Se debe viajar con los persas, atravesar el éufrates, llegar hasta egipto, ir a elea, en grecia, partir hacia halicarnaso en el cairo, tomar un barco a rodas y visitar éfeso, en jonia. quien haya recorrido el mundo de seta manera se agota en la ruta y cumple su deseo cuando la vida se le escapa bajo el peso de los años." por supuesto filón no conocía nuestros medios de transporte que hacen que la vuelta al mundo en 80 días sea un exceso.

contra las exigencias del viaje, filón proponía la cultura: "la cultura (paideia) es maravillosa y de gran valor porque nos dispensa del viaje y le muestra, en su propia casa, las cosas bellas al darle ojos al alma. y aquí lo más maravilloso: quien va a los lugares y los ve una sola vez, al alejarse olvida. la precisión de las obras y el recuerdo de los detalles se van. pero quien se instruye mediante el discurso sobre la cosa a admirar y sobre la ejecución de la obra, tras haberla contemplado en su totalidad, guarda imborrables las huellas de cada imagen. es la mente, en efecto, la que ha visto cosas maravillosas."

es la cultura, dice filón, la que realmente nos hace entender y, en su caso, recordar lo visto –pues sólo lo visto con la imaginación, sea al leerlo o al visitarlo (y la visita también es, entonces, una lectura), se entiende cabalmente.

no es que una guía valga el viaje. al contrario: un viaje que sólo sirva par confirmar lo que una guía relata no es, finalmente, un viaje. el viaje implica un encuentro con lo desconocido que la guía de turistas pretende cancelar –es otra de las diferencias entre el viajero y el turista, complemento de la que anota paul bowles en el cielo protector: que el turista piensa en el regreso a casa desde el inicio de su ruta mientras al viajero eso no le preocupa (podríamos decir, incluso, que el viajero lo es en tanto se siente en casa fuera de casa, aun si esa otra casa, el viaje, está llena de sorpresas).

precisamente contra la guía escribió joseph roth en su cuaderno de viaje las ciudades blancas. dice que hay que viajar sin horarios, que "las guías relatan hechos falsos" y que "los libros de viajes están dictados por un espíritu estúpido, incapaz de creer en la variabilidad del mundo." Esa falsedad de la guía es producto, para roth, del buen observador: "el 'buen observador' el el informador más triste. registra todo cuanto está sujeto a cambios con los ojos bien abiertos, pero rígidos. no escucha su propio interior. debería hacerlo, sin embargo. en tal caso, al menos informaría sobre sus voces. capta la voz de un simple segundo. pero todo el mundo sabe que otras voces sonarán apenas abandone su posición de espía. y antes de que lo describa, el mundo que ha conocido ya no será el mismo." por eso en su cuaderno de viaje por ciudades como lyon, aviñón, nimes o marsella, roth no cuenta lo que ve sino lo que encuentra o, más bien, el encuentro entre lo que ve, lo que sabe y la transformación que lo visto suscita en lo que sabe.

el viaje a japón de teodoro gonzález de león –del que ayer se presentaron los tomos dos y tres, recién editados– no es ni guía ni informe, sino la descripción de un viaje y entonces, tal vez, el viaje mismo –si asumimos que, como en el caso del sueño, en el del viaje la descripción no representa sino presenta. no un recuento de lo visto o de lo sabido sino de los efectos, múltiples, de uno sobre otro y, principalmente –según citó gonzález de león a borges explicando su viaje a japón como el encuentro con lo otro– de lo otro sobre uno.

29.4.12

volúmenes



uno de esos lugares comunes que al final no dice nada de tan obvio que resulta es aquél de que la arquitectura es la más pública de las artes, que nos rodea inevitablemente, que siempre estamos expuestos a ella. habría que preguntarse primero si todo lo construido a nuestro rededor es arquitectura, si toda la arquitectura es arte y si el mero hecho de estar ahí, frente a nosotros, la hace pública. y yo diría que no a todas esas preguntas. ni todo lo construido es arquitectura –esa es una de las preguntas fundamentales que estructuran a la arquitectura, en tanto disciplina, hacia adentro como hacia afuera: ¿qué es lo que diferencia cualquier construcción de la arquitectura, si acaso eso es cierto?–, ni toda la arquitectura es arte –y, de nuevo, esa no es sólo una pregunta difícil de responder sino tal vez ya inútil: xavier rubert de ventós dijo que la pregunta correcta hoy no es que es el arte o, en este caso, si la arquitectura lo es, sino cuándo algo es arte. en cuanto a lo de pública, habría que entender que lo público, en un sentido amplio, no es simplemente lo que está ahí, frente a nosotros, en la calle.
de cualquier modo, decir que la arquitectura está ahí siempre para nosotros, como un juego magnífico y sabio de volúmenes bajo la luz del sol, sería como pensar que estar rodeados de volúmenes impresos y encuadernados es una experiencia literaria –y es más probable que, en principio, entrar a una biblioteca sea más una experiencia espacial y, por tanto, potencialmente arquitectónica, antes que literaria.
la filósofa francesa sylviane agacinski escribió hace un par de décadas un libro que lleva por título volumen, filosofías y políticas de la arquitectura. la arquitectura, dice agacinski es un volumen como el libro es un volumen en el sentido antiguo: un rollo que para leerlo hay que desplegarlo. “el movimiento de despliegue que implica la palabra ‘volumen’ –escribe– sugiere la comparación entre la espacialidad del libro y el espaciamiento del texto que hay que desenrollar, recorrer, permitir que se desenvuelva poco a poco en el espacio-tiempo de la lectura (como de la escritura) y los volúmenes arquitectónicos que, ellos también, no se aprehenden más que en el tiempo del recorrido, recorrido de las miradas y de los cuerpos, que no se pueden contener ni apresar de un vistazo y que, necesariamente, hay que leer, atravesar, pasar de uno a otro.”
más allá de los tratados donde la arquitectura se organiza y regula mediante el texto y la imagen, de la manera como la arquitectura se da a conocer gracias también a textos e imágenes impresos, rebasando la aparentemente inevitable atadura a un sitio, y del final, anunciado por víctor hugo en nusetra señora de parís, de la arquitectura como medio masivo de comunicación, al ser desplazada por el libro –que va mas lejos y es más ligero y perdurable–, hay que pensar esa relación del libro y la arquitectura como volúmenes que, si no se despliegan, si no se abren –lo que supone ponerlos en relación al tiempo– simplemente no son.
al libro hay que leerlo, ¿y a la arquitectura? una respuesta acaso demasiado evidente dirá que la arquitectura se habita –se vive, dirán otros aún más románticos. unos más dirán que se recorre, como recorres las páginas de un libro. tal vez se reconstruya imaginariamente. es la apuesta del también filósofo roger scruton: la experiencia de la arquitectura es, dice, imaginaria. con la arquitectura, como con un libro –o tal vez, con cualquier tipo de experiencia que se entrega a su tiempo– nuestra tarea consiste en eso: reunir mediante un ejercicio de la imaginación los distintos datos, las distintas secuencias, las diferentes historias que se van entretejiendo sea en el edificio o en el libro.

16.3.12

bgp arquitectura





el miércoles se presentó otro libro recién editado por arquine dedicado a la obra de bernardo gómez-pimienta | bgp arquitectura. a diferencia de sus libros anteriores –objetos, dedicado al diseño de mobiliario e industrial y otro a una casa en guadalajara–, en éste se combinan arquitectura –obra construida y proyectos– con mobiliario y objetos de diseño. con un modernismo clásico, bgp aborda el diseño a varias escalas –de la cuchara a la ciudad, es una frase que se le atribuye tanto a gropius como a ernesto rogers. ese paso de un objeto tan pequeño como una tacita de café al proyecto para un complejo teatral en china, por ejemplo, se sirve –según explica eric owen moss en un aforístico texto incluido en el libro– de un proceso que homogeneiza la diferencia y apunta hacia lo genérico. si el proceso es genérico el producto –y esto según zaha hadid, en la brevísima presentación que abre el libro– es local y vernáculo –una interpretación sorprendente si no viniera de la famosa arquitecta. diseños locales pensados de manera genérica que terminan resultando ejemplos del “casi nada” –de nuevo según eric owen moss– y cool, si sumamos  el término empleado por peter cook en su texto. en el libro además de los textos de cook, hadid y owen moss, se incluyen uno de luis enrique mendoza y otro, críptico, de agustín hernández como colofón.


9.3.12

productora






si el nombre no es lo de menos, habría que leer en el de la oficina de arquitectura conformada por carlos bedoya, wonne ickx, víctor jaime y abel perles, productora, una declaración de principios. su libro de reciente aparición, editado por arquine, da algunas pistas. la portada negra no tiene mayor información que una planta abstracta –código secreto para arquitectos– y un número uno que anuncia, supongo, una serie. las primeras treinta páginas son fotos y ningún texto, ninguna explicación de los productos mostrados – los textos: un ensayo de maurizio pezo, otro de kersten geers, uno más, a manera de epílogo, de miquel adriá y las descripciones de cada proyecto, vendrán en la segunda mitad del libro. y si digo productos es porque eso hace una productora: produce productos, no obras – la obra, leí en algún texto de jean françois lyotard, es un vuelco suplementario al producto. definirse como una productora y, en consecuencia, a lo que uno hace como productos, puede entenderse como una afirmación de la condición técnica de la arquitectura. y la arquitectura es, sin duda, una técnica, en varios aspectos complementarios, lo que no implica negar la posibilidad de entenderla como arte, al contrario.

según la interpretación que hace heidegger de la palabra griega techné, que significaba tanto arte como lo que nosotros hoy llamamos técnica, su sentido es precisamente la producción –que los griegos llamaban poiesis. producir, explica, es sacar algo a la luz, hacerlo visible, aparente. y eso, producir, no sólo lo hace la técnica. de hecho la naturaleza –la physis– también es poiética, también produce y la técnica es un suplemento para aquello que la naturaleza no produce por sí misma.

como la naturaleza, la técnica –y la arquitectura en cuanto tal– produce mediante series de reglas y combinaciones precisas de materiales limitados una gran variedad de productos. productora actúa de esa manera. no se trata de austeridad ni mucho menos de eso que alguna vez se calificó como minimalismo, sino de la demostración de que en el fondo la arquitectura –con todo el complejo de ideas y posiciones que implica– se sustenta en variaciones al plano y a su ausencia –plano que puede ser muro, piso, techo, cerramiento, puerta, ventana, etc. el dibujo casi diagramático –donde esos planos son líneas– y las imágenes que renuncian al artificio y a la simulación hiperrealista, son, sin duda, parte de esa demostración.

el libro de productora, editado por arquine, será presentado mañana sábado 10 de marzo, en el museo el eco a las 7.30 pm.

1.3.12

ciudad satélite



La ciudad no es un árbol, fue el título de un famoso ensayo de Christopher Alexander –el arquitecto que más influencia ha tenido en las últimas décadas, según escriben Michael Mehaffy y Nikos Salingaros en la revista Metropolis. Su influencia, aclaremos, no se debe a su estilo –que ha terminado siendo muy del gusto del príncipe Carlos de Inglaterra, lo que casi garantiza que el establishment arquitectónico lo tenga en poca monta– sino porque la estrategia planteada en uno de sus libros –El lenguaje de patrones, donde establece 253 patrones o sistemas de relaciones que han ordenado o regulado el diseño del ambiente desde siempre– sirvió de inspiración a ingenieros para los programas que hacen posibles nuestros iphones y ipads. La ciudad no es un árbol, pues, pero da frutos : sus pequeñas ciudades satélites.
Como los cuerpos celestes a los que así llamamos, las ciudades satélites, en teoría, no se explican ni se bastan solas: son frutos de árboles ya maduros. Si eso es cierto, a Ciudad Satélite habría que cambiarle el nombre porque no es eso, un satélite. Desde acá afuera y, sobre todo, desde adentro –supongo– se entiende como un mundo aparte, no como un satélite. Un mundo raro, como el de la canción, pero un mundo al fin. No me refiero –o no sólo– a los satelucos –término que si fue en algún momento peyorativo hoy es reivindicado al punto de poder organizar un movimiento del orgullo sateluco. No hablaré de mis primos –crecidos allá– y de mi tío, que jugaban americano y andaban en moto, los primeros, y boliche, su papá, como pasa en las películas y los programas de televisión, sí, pero gringos.
La extrañeza de Satélite ha sido otra: su desarrollo – o tal vez no tanto.
Satélite es un poco posterior a los proyectos, al sur de la ciudad, del Pedregal –impulsado por Barragán– y Ciudad Universitaria –proyecto en el que intervinieron más de 100 arquitectos comandados por Mario Pani y Enrique del Moral. En Satélite tuvieron parte ambos. Barragán por las torres que la simbolizan –en coautoría con Mathias Goeritz– y además por la influencia que ejerció su proyecto en el Pedregal. Y Pani, evidentemente, con el proyecto general –en colaboración con Domingo García Ramos. Además de Satélite y Ciudad Universitaria, Pani tenía una clara ambición de transformar la ciudad y los modos de vivir en ella. A finales de los años 40 había proyectado, en la colonia del Valle, el Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA): un desarrollo de más de 1000 unidades de vivienda en 13 pisos donde su cliente pedía 200 casitas. Al mismo tiempo que C.U., proyectó el Centro Urbano Juárez, en la Roma, más ambicioso que el CUPA y, tras Ciudad Satélite, en 1964, Tlatelolco, por mencionar algunos de sus grandes proyectos de vivienda. Si el CUPA y Tlatelolco, son ejemplos de una combinación de programas y usos –en ambos casos hay servicios, instalaciones deportivas, escuelas– y privilegian la densidad y la construcción en altura, en Ciudad Satélite Pani apostó por el desarrollo horizontal, la vivienda aislada, unifamiliar, y la separación de usos y programas o, dicho en los términos del urbanismo moderno, optó por la zonificación.
Volvamos a la ciudad que no es un árbol, según Alexander. El árbol del que habla, dice, no es uno verde, con hojas y ramas, sino el esquema mental que ha organizado nuestra forma de pensar durante casi dos milenios. El árbol del que habla Alexander lo cultivó, conceptualmente, Porfirio, un filósofo griego neoplatónico del siglo tercero de nuestra era. Es el árbol que divide –siempre divide– en clases divergentes aquello que organiza. La materia puede ser viva o muerta, si es viva, animal o vegetal, si animal, racional o irracional, si es racional, hombre o mujer. No se puede ser todo en esta vida o, por lo menos, no se puede pertenecer a dos categorías opuestas al mismo tiempo. O se está vivo o se está muerto. O eres hombre o eres mujer. Punto.
Pero la ciudad no es un árbol, dice Alexander –y, de hecho, nada lo es: tal vez ni los árboles. La ciudad, como la realidad, es compleja, contradictoria, cambiante. Las cosas y las personas divergen, se trasforman, se trasvisten. Es un tema complejo y complicado, pero quedémonos por ahora con la ciudad. Contra el árbol Alexander plantea el semiretículo –la red, pues. Alexander escribe su texto más o menos por los mismos años que el duo dinámico de la filosofía francesa, Deleuze y Guattari, están escribiendo el segundo tomo de Capitalismo y esquizofrenia: Mil mesetas. Sobre todo la famosa introducción: Rizoma. Lo contrario del árbol de Porfirio –que la ciudad no es– es el rizoma, o la red. Es un esquema donde no sólo se puede sino que se deben de conectar y superponer categorías supuestamente contrarias y excluyentes. Lo abierto puede ser cerrado, lo privado, público, el centro comercial una plaza y la plaza un jardín o la casa un taller. Así ha sido siempre, dice Alexander. 
En el caso de las ciudades, Alexander habla de dos tipos de ciudad –es curioso cómo quienes afirman la complejidad y la multliplicidad siempre vuelven a la dialéctica de los opuestos : es algo contra lo que hay que estar siempre atentos, afirman Deleuze y Guattari. Hay las ciudades naturales –no que sean un producto natural sino que siguen su propia naturaleza : crecer poco a poco, transformarse en y con el tiempo– y las ciudades artificiales, aquellas que, según dice Descartes en su Discurso del método, eran superiores a las primeras por ser pensadas de golpe en la cabeza de un ingeniero –para Descartes el tiempo era el padre de todos los errores. Alexander, al revés que Descartes y casi como cualquier persona, prefiere Venecia a Brasilia, Florencia a Chandigar, y preferiría San Angel al Pedregal o a Tlatelolco. No sólo es un tema de la pátina del tiempo, del carácter pintoresco o reconocible frente a la innovación radical. En las ciudades naturales –con el tiempo– se han tejido más relaciones que las hacen más complejas, las enredan –las vuelven semiretículos, rizomas. En ellas hay múltiples conexiones. La plaza es jardín y también mercado los miércoles y teatro cuando hay fiesta.
Ciudad Satélite, con sus supermanzanas y sus circuitos para manejar rápido y sus andadores para caminar despacio, su Zona Azúl y Plaza Satélite, sus casas con su jardincito al frente, visible desde afuera, y otro, privado, al fondo, en fin, con toda su estructura espacial y también lógica, fue concebida –era lo normal en aquellos tiempos– como una ciudad árbol, un árbol tan artificial como aquellos plateados para la Navidad. Pero el árbol –dicen Deleuze y Guattari– siempre revienta en rizoma. La ciudad artificial, con tiempo y suerte, se naturaliza. Eso le pasó –visto desde este lado de las Torres– a Ciudad Satélite. Se transformó, de algún modo, de un satélite, como ya dije, en un mundo: una ciudad más o menos autosuficiente –ninguna lo es del todo. Satélite ya no es un suburbio –aunque puede que ahí vivan mujeres desesperadas y hombres desesperantes, no es Wisteria Lane. Para bien, y para mal.
A diferencia de los otros grandes proyectos habitacionales y urbanos de Pani: el CUPA era, como su antecedente teórico corbusiano, no sólo una máquina de habitar sino un mecanismo social que transformaría a sus habitantes en una próspera clase media y Tlatelolco era el sitio ideal para que esa clase, ya constituida, ocupara un arrabal al norte del viejo centro de la ciudad de México. No fue el viento pero sí repetidas crisis y esa corrupción que rebasa al simple latrocinio, las que dispersaron a esa clase media, a ese grupo que se quería compacto, en uno que incluye tantos niveles o, más bien, desniveles, como los de las castas retratados en aquellos biombos coloniales.
Satélite, en cambio, resistió, creo, a esos cambios y de algún modo se convirtió en bastión –junto con Lindavista o Villacoapa– de esa clase media vivida como promesa posrevolucionara –realmente post-guerra y pre-baby-boom–, con todas sus virtudes y todos sus vicios: desde la apropiación del american way of life con su oportuno olvido de un concepto de la identidad anquilosado y rígido, hasta la autodependencia. Satélite no se durmió en su condición de ciudad dormitorio. Sus sueños fueron otros.
Arquitectura o revolución, fue el título de un célebre texto de Le Corbusier en el que suponía que la primera, la arquitectura, podía servir para evitar la segunda. Cambien el medio y cambiará el hombre –es una ideología que por lo menos imperaba desde el positivismo decimonónico. El CUPA y Tlatelolco, como tantos otros ejemplos en el mundo moderno, pretendían lograr dicho cambio y fallaron –o falló la modernidad entera, al menos en lo que a economía y emancipación social se refiere, con promesas no sólo incumplidas sino, según parece hoy evidente, incumplibles.
Satélite no tenía tan altas miras. Era un fraccionamiento funcional, bien planeado y zonificado con su dosis de arte urbano suficiente para pasar a la historia. No pretendían sus arquitectos redimir a nadie, evitar revoluciones y hacer feliz al prójimo –problemática ambición de Le Corbusier, por ejemplo. Y eso, tal vez, el pragmatismo de su proyecto y cierto realismo social no sin su toque de oportunismo, han ayudado a que, aun hoy, cambiada y transformada, ciudad Satélite se mantenga como un suburbuio desuburbanizado que ya no orbita al rededor de otra urbe sino que, al revés, tiene ahora ya sus propios cinturones de asteroides.
Texto leído en una mesa redonda durante la presentación de Satélite: el libro, historias suburbanas en la ciudad de México, editado por Martha de Alba, Dante Busquets, Guenola Capron, Fernando Llanos y Uriel Waizel, Universidad Autónoma Metropolitana, 2011.

29.9.11

presentar historias



escribió walter benjamin en sus tesis de filosofía de la historia que ésta, la historia, “es objeto de una construcción cuyo lugar no está constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno, un «tiempo-ahora». la historia, para benjamin como para algunos otros historiadores, siempre se cuenta en presente. por eso agrega en el mismo texto que “articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». significa adueñarse de un recuerdo.”
la historia de la arquitectura ha sido contada –seguramente por influencia de las maneras de contar otras historias– más como una sucesión lineal de acontecimientos, una acumulación de datos que deriva de lo anecdótico y termina a veces en la hagiografía. pero la arquitectura se construye –nótese: la arquitectura, no los edificios– de préstamos y robos, de transformaciones y deformaciones, de influencias y malentendidos. como todo, dirán. una trama de historias, pues –así en plural: la misma s transgresora que multiplicaba la teoría en el famoso libro de manfredo tafuri, teorías e historia de la arquitectura, podría hoy agregársele a cada palabra del título: teorías e historias de las arquitecturas.
presentar esas historias –y también re-presentarlas–, las condiciones en que la arquitectura, en este caso, ha sido producida, los efectos de dichas condiciones y de las lecturas y respuestas que la arquitectura ha intentado ofrecer, ha sido, desde hace tiempo, un interés compartido por jose castillo, fernanda canales y yo. en exposiciones, trabajos y tesis intentamos varias líneas de tiempo que pudieran mostrar de golpe relaciones que de otra forma pasaban desapercibidas. fruto de ese interés fue primero un cartel, que se incluyó en el número 40 de la revista arquine, con motivo de su décimo aniversario. algo más de un año después, javier barreiro nos propuso transformar el cartel en libro. aceptamos sin pensar que, por lógica, la información condensada y replegada en la línea de tiempo exigía desplegarse y explicarse en el nuevo formato.
tres años después, tras visitar varios archivos públicos y con ayuda de los archivos privados de muchos arquitectos, de sus herederos y asociados, 100x100, arquitectos del siglo xx en méxico, está listo para ser presentado este jueves 29 de septiembre, a las 8 de la noche, en el centro cultural universitario. la presentación estará a cargo de teodoro gonzález de león, félix sánchez, miquel adriá y jesús silva herzog márquez, además de fernanda canales y yo, quienes finalmente editamos el libro. para quienes puedan acompañarnos, nos vemos ahí.

26.5.11

las escenas de la calle



normalmente espero a terminar de leer un libro antes de comentarlo aca. pero el desorden con que acostumbro leer puede provocar que abra un libro y lo termine meses después, leyendo en el intervalo otros. así que iré comentando en desorden temas de the scenes of the street and other essays, que reune ensayos, escritos y publicados a lo largo de varios años por anthony vidler.

el primer ensayo (publicado en 1976), que da título al libro, explica cómo "la sincronía entre la calle y el teatro no fue una coincidencia sino que representa el doble papel del espacio urbano y del teatral en la cultura humanista; aun si el ámbito de lo público de la calle tomó las funciones de teatro para la vida cotidiana –la ciudad como escenario de la acción social dentro de sus murallas protectoras–, el teatro retuvo su lugar como artefacto mnemónico por excelencia en tanto representación ideal del mundo."

vidler inicia su ensayo con estas tres escenas dibujadas y explicadas por sebastiano serlio en su tratado de arquitectura. las escenas ilustran aquellas que como escenografías teatrales para una tragedia, una comedia y una sátira, respectivamente, había descrito vitruvio en el siglo primero de nuestra era. vidler explica que estas imágenes de tres calles, la clásica-trágica bien ordenada, la heterogénea y ecléctica cómico-gótica y la silvestre satírico-rural, y que corresponden al centro, la periferia y las afueras de la ciudad, conformaron el ideal arquitectónico-urbanístico desde el renacimiento hasta la primera mitad del siglo 19 e incluso después cuando, invertido el orden clásico, la ciudad ideal se traslada del centro ordenado hacia el campo –la ciudad jardín de finales del siglo 19 que será también el modelo de buena parte del urbanismo del siglo 20.

tres imágenes, pues, que ordenaron y siguen ordenando nuestra manera de imaginar la calle y la ciudad.

26.4.11

la ciudad de massimo cacciari


“hablar de la ciudad en términos generales no tiene mucho sentido.” eso dice massimo cacciari –platónicamente filósofo y político, alcalde de venecia en dos ocasiones y profesor en la escuela de arquitectura en la misma ciudad– al inicio de un libro titulado, precisamente, la ciudad, y que acaba de ser publicado en español por gustavo gili.

originado en un seminario, cacciari recorre en este libro la idea y la historia de la ciudad desde la polis griega hasta la post-metrópoli actual, pasando por la metrópoli que fue cuna e incubadora de la modernidad.


el punto de partida de cacciari, filósofo al fin, es la distinción entre la polis griega y la civitas romana. la segunda, explica, no es la consecuencia lógica de la primera sino algo bien distinto. la polis, dice, era para los griegos antes que otra cosa el lugar de una comunidad, la “sede de una gente,” que se identifican como tales, como pueblo, “como unidad de personas del mismo género” –entendiendo género como mismo grupo, misma familia. la civitas, en cambio, “es la concurrencia conjunta, el confluir de personas muy diferentes.” esa es la fuerza de la ciudad romana –la fuerza de roma y por tanto la fuerza del imperio: hacer que la ciudadanía no sea un requisito sino un efecto de la ciudad. “la idea de que aquello que nos une –escribe cacciari– aquello que tenemos en común, no tiene nada de originario, sino que es solamente un fin, es algo grandioso. esto no es otra cosa que la ‘globalización’: hacer de la orbis una urbis.


esa diferencia se articula en una diferencia radical entre concebir la ciudad como morada, como una gran casa donde estar como en una gran familia –la polis–, o la ciudad “como una máquina que nos permita hacer nuestros negocios con la mínima resistencia” –la civitas. la ciudad, pues –explica cacciari– como “lugar de intercambio humano,” como lugar de ocio, o como lugar para la producción, el desarrollo, la invención y el intercambio de bienes e ideas: lugar de negocio.


la arquitectura y el urbanismo, dice cacciari, deben hacerse cargo de entender esta doble y paradójica dimensión. “¿qué le pedimos a la ciudad?” cacciari responde: “es mejor hacer proyectos de arquitectura y de urbanismo que pongan en evidencia ante el público el carácter contradictorio propio de la pregunta, sin cubrir ni mistificar esta situación, sin pretender superarla con cualquier huida hacia delante o volviendo al pasado de atenas. no habrá más ágora.”


con todo, entre la polis y la civitas podemos decir que la segunda se impuso: las metrópolis de la modernidad son realmente metrocivitas: “la evolución hacia la metrópoli ha sido posible porque el punto de partida de la ciudad europea no has sido la polis griega sino la civitas romana” la metrópoli es la ciudad –la última ciudad o ya sólo una simulación de la ciudad– cuando la urbanización ha cubierto al orbe por entero, disolviendo toda forma urbana tradicional. la post-metrópoli equivale a la identidad entre ciudad y territorio. un territorio –y habría que subrayar el singular: uno sólo– en el que “los límites son puramente administrativos y artificiales y no tienen ningún sentido geográfico, simbólico o político. habitamos –agrega cacciari– territorios indefinidos, las funciones se distribuyen en el interior, independientes de toda lógica programática, de todo urbanismo; se ubican según intereses especulativos y presiones sociales, pero no según un proyecto urbanístico.”


para esta ciudad-territorio, ciudad genérica, digamos haciendo un guiño a koolhaas, cacciari recomienda una arquitectura también genérica: “se necesita quizá comenzar a proyectar en voz baja, modestamente, renunciar a las grandes pretensiones simbólicas que amenazan a cada instante con caer en el ridículo e intentar combinar más funciones al construir edificios.” y entender que, desde siempre, “la verdadera ciudadanía reside en el futuro.”


[cacciari, massimo, la ciudad, Gustavo Gili, Barcelona, 2010]

25.8.10

pornotopías


foucault definió las heterotopías –en oposición a las utopías: espacios que no existen y que probablemente no pueden existir– como contra-espacios, lugares reales fuera de todo lugar, que se oponen a todos los demás y que son absolutamente diferentes: el jardín, el cementerio, el asilo, el burdel, la prisión o el club med, entre otros. son espacios abiertos a lo otro, a lo que no puede tener lugar simplemente en el mundo sin trastornar su orden. no se trata, por tanto, de lugares donde reina la libertad sino, al contrario, sometidos a un control total y preciso para que eso otro no pueda escapar de ningún modo. las heterotopías son, pues, lugares que se abren a lo otro cerrándose sobre sí mismas.

anagrama acaba de publicar pornotopia, arquitectura y sexualidad en playboy durante la guerra fría, ensayo finalista en el 2010 para el premio de ensayo que otorga esa editorial escrito por beatriz preciado (1970), filósofa española, estudió con jaques derrida y realizó su doctorado en teoría de la arquitectura en princeton con beatriz colomina –autora, entre otros textos, de privacy and publicity, modern architecture as mass media, domesticity at war y editora de sexuality and space. el trabajo de preciado se centra en el cuerpo y el género entendido no como una condición natural de aquél, sino como un condicionamiento cultural y político del mismo.

pornotopía demuestra, en principio, una afirmación hecha por reyner banham en 1960 y que preciado cita en su libro: que playboy había hecho más por la arquitectura y el diseño en estados unidos que la revista home and garden. preciado presenta a playboy como una revista de decoración para hombres. las revistas de decoración iban dirigidas expresamente al público femenino y cualquier hombre que tuviera interés en esos temas se adentraba, como múltiples bromas demuestran, en el territorio de la homosexualidad. por eso playboy evita ese riesgo incluyendo, entre un artículo y otro sobre decoración e interiores, las imágenes de mujeres desnudas.

ese movimiento genera, dice preciado, una re-domesticación del interior, espacio reservado a la mujer, en parte como su dominio pero también como su prisión, que ahora puede ser tomado por el hombre. no por cualquiera, evidentemente, sino por aquél liberado de la presión reproductiva de la sexualidad limitada por el matrimonio. si, tradicionalmente –una tradición que va, al menos, tan atrás como los griegos y los romanos– el espacio público, abierto y exterior, era el dominio de lo masculino y la casa era el territorio de lo femenino, playboy da una vuelta completa al inventar el espacio doméstico absolutamente masculino: el departamento de soltero. o, quizás, al popularizar –al volver un fenómeno pop– la noción duchampiana de la máquina soltera.

la divisa de playboy en los años 50, escribe preciado, podría ser: “si quieres cambiar a un hombre, modifica su apartamento. como la sociedad ilustrada creyó que la celda individual podía ser un enclave de reconstrucción del alma criminal –pensemos en el panóptico y el hospital siquiátrico explicados por foucault–, playboy confió en el apartamento de soltero como nicho de fabricación del nuevo hombre moderno.”

el modelo de ese apartamento será la propia casa de hugh hefner, fundador y director de playboy, paradigma de una pornotopía multimedia del capitalismo avanzado. preciado define las pornotopías como heterotopías que tienen una “capacidad de establecer relaciones singulares entre espacio, sexualidad, placer y tecnología (audiovisual, bioquímica, etc.), alternando las convenciones sexuales o de género y produciendo la subjetividad sexual como un derivado de sus producciones espaciales.”

la mansión playboy será el ejemplo de un nuevo lugar en el que lo público y lo privado colapsan en un espacio donde la vida social, laboral, sexual y cualquier otro adjetivo que podamos pensar, se reúnen y conviven trastocando las reglas convencionales que distribuyen esas actividades en compartimentos espaciales diferentes e incluso muchas veces aislados. desde su cama, hefner controla su imperio mediático con una mano en el teléfono, otra en el control remoto de múltiples aparatos electrónicos y una más sobre la cadera de la conejita en turno: “el espacio posdoméstico del playboy –escribe preciado– se caracteriza por ser un nicho tecnificado y ultraconectado a redes de comunicación, dedicado a la producción de placer=trabajo=ocio=capital.”

para conectar de algún modo esta entrada con la anterior, preciado termina relacionando al interior temático de la mansión playboy con el exterior fantasioso de los parques temáticos: “podríamos aventurarnos a afirmar –dice– que el hedonista y multiadicto consumidor de los parques temáticos que proliferarán a finales del siglo 20 es un híbrido del niño construido por disney y del viejo-adolescente imaginado por playboy.” disneylandia y playboy terminaran reunidos –sugiere preciado– en el refugio del cyborg/freak michael jackson: neverland.

12.8.10

arquitecturas parlamentarias

el jueves pasado, en el patio del senado de la república, fue presentado el libro arquitecturas parlamentarias, de axel arañó y jose miguel gonzález. lo presentaron

teodoro gonzález de león, jesús silva herzog márquez y felipe leal, consuelo saizar por el cnca, carlos navarrete por el senado y, moderando, alonso lujambio, de la sep, además de los autores.

el primero en hablar fue teodoro gonzález de león quien, tras elogiar la investigación y el trabajo de hacer comparables, en dibujos y fotografías, todos los recintos parlamentarios del país, describió que de los 34, más de las dos terceras partes tienen forma de auditorio y del resto, sólo uno tiene bancadas enfrentadas, siguiendo el modelo del parlamento inglés, los otros son medias herraduras. Los auditorios, dijo, pese al nombre, son espacios pensados para ver o, más bien, para que una audiencia pasiva y paciente escuche con atención lo que dice un actor. No son, digamos, formas del diálogo o, especificando, formas espaciales que favorezcan el diálogo. Añadió: los edificios de cámaras de diputados o senadores en forma de auditorios son –como demuestran los enormes de la ex unión soviética o los chinos– expresiones del autoritarismo.

después de la intervención de gonzález de león, habló jesús silva herzog márquez. lo que dijo puede leerse en su blog, pero retomo aquí algunos fragmentos:

"dictaduras y repúblicas han entendido el poder de la arquitectura. todo régimen político necesita expresarse visualmente: requiere continentes y volúmenes; precisa símbolos y ritos. y porque la continuidad de una nación aspira a alguna trascendencia, también requiere templos. sitios revestidos de alguna solemnidad para la escenificación de las ceremonias de renovación y de cambio."

dijo también que “la arquitectura parlamentaria mexicana es francamente anodina, una arquitectura carente de personalidad. se trata de una arquitectura que no vive con frescura su tradición ni con naturalidad el tiempo presente. neocolonialismo helado y modernidad de centro comercial.” el mejor ejemplo –por malo– de esto es también el mayor: el palacio legislativo de san lázaro, obra de pedro ramírez vázquez y que silva herzog califica, con precisión, de arquitectura fascista:

“la monstruosidad arquitectónica de san lázaro es buen símbolo del régimen hegemónico que celebraba. más que culminación de la arquitectura nacionalista, se trata de una muestra de arquitectura fascista. lo es por las dimensiones del edificio, la solidez impenetrable de lo pétreo; la sacralización de lo nacional, la disposición reverencial del auditorio. el presidencialismo retratado en su ambición, en su poder y en su mal gusto.”

silva-herzog terminó su intervención con un guiño a lujambio y una doble crítica a nuestra modesta, enclenque democracia: “el más lúcido politólogo de mi generación –dijo– tuvo el acierto de calificar nuestra democracia como tonta. después de recorrer el libro de nuestra arquitectura parlamentaria, quisiera agregar otro adjetivo: tenemos una democracia horrible.”

curioso fue que, tras los comentarios de gonzález de león y, en especial, de silva-herzog, lujambio prefirió apaciguar la tormenta crítica que se avisaba. se habló de la historia del inconcluso palacio legislativo en tiempos de don porfirio y del aun inconcluso edificio del senado en reforma e insurgentes, de la edición del libro y, para terminar, carlos navarrete habló de la manera como funciona el senado en méxico. respondió al comentario de gonzález de léon –que los recintos parlamentarios en méxico no son espacios propicios para el diálogo– con una curiosa explicación que, a mi entender, validaba la crítica del primero: al llegar al edificio del senado, dijo, las propuestas ya han sido discutidas y acordadas en comisiones, en las oficinas de los senadores o incluso en restaurantes. en fin.

el helenista francés jean pierre vernant explicó varias veces el peso de la invención de un espacio específico –el ágora– y la condición que implicaba –la isonomía: que cualquiera hay presente en tanto ciudadano tenía en principio el mismo derecho a opinar– en el surgimiento de la democracia griega. también la manera como algunos artilugios técnicos –como la retórica, por ejemplo– y la necesidad de trasladar a la asamblea de la plaza pública, horizontal –donde la búsqueda de acuerdos generaba un reacomodo espacial de los asistentes que la misma plaza hacía posible– al teatro –donde era mucho más fácil asignar e identificar posiciones, tanto físicas como políticas– transformaron el ejercicio de la misma. el libro making thing public, atmospheres of democracy, editado por bruno latour y peter weibel, trata de la manera como están imbricados el espacio político y el espacio físico de las cosas, la arquitectura –no sólo metafórica– de los sistemas políticos y las arquitecturas –no sólo físicas– en que dichos sistemas tienen lugar.

15.7.10

elogio de la geometría

el 20 de julio se presentará en la casa-estudio de diego y frida este libro con fotos desa obra de juan o'gorman tomadas en distintas épocas por guillermo kahlo, guillermo zamora y cristina kahlo. presentaremos el libro christina kahlo, montserrat sánchez, felipe leal y yo.

2.3.10

supercritical


estoy leyendo el primero de una serie de libros que empezó a publicar la architectural association: architecture words. "una serie de textos e importantes ensayos sobre arquitectura escritos por arquitectos, críticos y académicos. como muchos aspectos de la vida actual –sigue diciendo la contraportada–, la cultura arquitectónica contemporánea está dominada por la interminable producción y consumo de imágenes, gráficos e información. en vez de reflejar esta gran fuerza, esta serie de pequeños libros busca desviarla mediante un lenguaje directo, un trabajo editorial conciso y un diseño gráfico bello y legible."

este primer ejemplar, supercritical, incluye una discusión pública que tuvieron peter eisenman y rem koolhaas en la architectural association en el 2006, seguida del análisis crítico de la misma por jeffrey kipnis y robert somol, más un par de pláticas que cada uno dio en la misma escuela a mediados de los años 70.

aquí van, meras notas sueltas, algunas de las frases que subrayé de la primera conversación:

peter eisenman: es importante entender que los arquitectos, como los filósofos, la gente letrada y los artistas (el tipo de arquitectos que debieramos ser), deben estar absolutamente familiarizados con el trabajo de sus colegas. (...) es difícil para cualquiera de nosotros superar el barullo noticioso del periodismo y los medios que rodean a los arquitectos contemporáneos. tal vez sólo sea posible mediante la escritura. (...) creo que es importante que los arquitectos digan y escriban cosas, no sólo para otros, sino para asumir una postura crítica y hablar de ciertos asuntos.

rem koolhaas: básicamente, pienso que puedo hacer arquitectura en tanto periodista, y una de las cosas más interesantes del periodismo es que es una profesión sin disciplina. el periodismo es sólo un régimen decuriosidades, aplicable a cualquier tema, y diría que ese es un hilo conductor importante en mi arquitectura. (...) en tanto arquitectos, somos intelectuales, pero estamos operando estrictamente dentro de la arquitectura. si soy totalmente honesto, diría que en lo que hemos querido convertirnos en nuestra oficina, no es en intelectuales de la arquitectura sino en intelectuales públicos, en otras palabras, en intelectuales capaces de contribuir a otros dominios más allá de la arquitectura.