2.2.14

ciudad bicicletera




desde hace unas semanas una imagen ha circulado profusamente por la red. tiene su encanto. a lo lejos se ve el skyline de la city en londres y justo al centro el edificio de norman foster, que también es autor de la propuesta: una red de 220 kilómetros de ciclovías elevadas sobre las líneas de tren que cruzan la ciudad. rodrigo díaz ya escribió en su blog sobre lo bueno y lo malo de las bicis en el aire de norman foster.

lo bueno, dice, es la posibilidad de un flujo rápido, con nuevas perspectivas sobre la ciudad, sobre una infraestructura que ya existe. lo malo, además del exorbitante costo —360 millones de dólares sólo para un tramo de prueba de 6.5 kilómetros—, es que parece que a sir norman le pasó lo mismo que a muchos estudiantes al proponer pasos a desnivel: no pensó en lo largas y estorbosas que deberán ser las rampas para subir a la ciclovía sin que sea necesario tener la condición física de un corredor de la tour de france. en fin, que no está mal la idea de una vía rápida elevada para ciclistas —nada nueva como muestra la segunda imagen— pero es mucho más fácil, económico y, sobre todo, sensato, pensar que los ciclistas viajarían mejor al mismo nivel que los peatones. aunque uno pueda atravesar la ciudad en bici, es probable que la gran mayoría la use en trayectos medianos o cortos —tal vez menores a la distancia que requiere una rampa para subir a la ciclovía. con todo, la propuesta radical de foster en londres apunta, quizás, a que privilegiar a la bici como forma de transporte limpio, eficiente y económico es mucho más que una moda.

si la propuesta de foster para ciclovías elevadas en londres puede parecer un tanto excesiva, apostando a un diseño exquisito pero no necesariamente eficiente, en méxico, el gobierno del distrito federal, por ejemplo, ha dado, como es costumbre, pasos cortos, interrumpidos y a veces torpes para transformar a la ciudad de méxico en una ciudad biclicletera. en el sexenio pasado, con marcelo ebrard, se iniciaron los paseos dominicales en reforma y, en el 2010, empezó el programa ecobici. los primeros tiene ese lado de convivencia familiar que tanto les gusta exaltar a los gobiernos de cualquier color en nuestro país pero limita el uso de la bici a una forma de diversión —que no está mal— sin ayudar necesariamente a reforzar su papel como medio de transporte. para eso hacen falta implementar ciertos programas —biciestacionamientos, la posibilidad de viajar con la bici en algunos transportes públicos, etc.—, diseñar carriles exclusivos o compartidos para las bicis y, sobre todo, educar a los automovilistas —acostumbrados a usar con toda impunidad las calles a su antojo. en cuanto a ecobici, el programa a crecido con mucha lentitud limitándose a ciertas zonas de la ciudad. hace poco se anuncio que en este año —a cuatro de haberse iniciado el programa— se cruzará el viaducto para cubrir la delegación benito juárez. a ese paso habrá que esperar otro sexenio para que la zona dentro del circuito interior —que sin ningún problema se puede recorrer en bicicleta— esté cubierta a medias.

además, a los esfuerzos por incrementar el uso de la bici se suman un par de características supongo que nacionales o de menos dominantes en el df: la torpeza en el diseño de los espacios públicos y la incapacidad de las autoridades para hacer respetar los programas que implementan. por ejemplo, desde la ciclovía de reforma hasta las recientes en avenida nuevo león o las que en la delegación benito juárez intentan hacer en calles como dakota, en la nápoles, o adolfo prieto, en la del valle, la planeación y el diseño a medias son evidentes. se acotan las ciclovías pero no se resuelve cómo un peatón hará, por ejemplo, para tomar un taxi o un microbús, ni se controla que los automovilistas no se estacionen inapropiadamente en el carril reservado a las bicicletas. hay casos peores que tienen que ver con la falta de una coordinación general en la ciudad: el delegado de la cuauhtémoc hace como puede la ciclovía en avenida nuevo león —insisto: sin diseñarla con cuidado en cada detalle ni hacer que la respeten los automovilistas— pero el de la benito juárez prefiere consentir el desorden y los abusos de los comerciantes a lo largo de división del norte, que hacer ahí una ciclovía, continuación lógica de la de avenida nuevo león.

por supuesto eso es sólo un ejemplo de la manera como se toman aquí las decisiones de diseño —sea de políticas y planes urbanos o de respuestas específicas a problemas específicos como la forma de una banqueta o el lugar de un cruce peatonal. en parte tiene que ver con el propio diseño político de la ciudad, sin un gobierno metropolitano, con multitud de gobiernos locales dudosamente coordinados —delegaciones y municipios—, y un gobierno central —el gdf— desarticulado y perdido en complejos vericuetos administrativos, acostumbrado desde hace décadas a decidir desde el autoritarismo burocrático y a confundir la participación ciudadana con el clientelismo político. pero otra parte tiene que ver, en particular en este sexenio, con una incompetencia manifiesta o un desinterés irresponsable.


transformar esta ciudad en una bien diseñada para el uso de bicis puede parecer un problema menor —seguimos siendo una minoría quienes usamos con cierta regularidad ese medio de transporte. pero puede servir como ejemplo —mediáticamente significativo— de otra forma de pensar la ciudad y la relación de sus habitantes con el espacio público y entre sí, de otra manera de tomar e implementar decisiones de políticas públicas y, a nivel de la calle, de otra manera de entender la importancia del diseño atento a sus condiciones, los detalles y sus efectos.

27.1.14

un tuit


hoy tuiteé una pregunta: ¿jaquear al df no implicaría hacer pública información que el @gobiernodf resguarda y no sólo la que sí proporciona? para reforzar que era un pregunta terminé afirmando que lo era. la pregunta, por supuesto, tiene que ver con hackdf, el "primer festival de datos de la ciudad de méxico" organizado por el laboratorio para la ciudad. la intención era convocar a "todos los interesados en la apertura de datos" para que "siguiendo los principios de transparencia, participación e inclusión, colaboración e innovación adoptados por el programa de gobierno abierto cdmx" [...] "utilizar los datos que las secretarías del gdf generan y recaban con el objetivo de identificar soluciones digitales que mejoren la vida de la ciudad" y así "facilitar la información de la ciudad de méxico a los interesados que puedan aportar soluciones integrales con ella."

mi pregunta —cuestión, en principio, de términos— partía de suponer que un jaquer trabaja, entre otras cosas, entrando en un sistema al que no se le concede acceso para hacer público lo que debiera serlo y no lo es. el jaquer puede ser un terrorista o un mercenario, pero también un activista —jactivista— que entiende que si la información es poder, también lo es la desinformación —y la combate. claro que mi suposición podía estar equivocada —era un tuit, no un tratado sobre el jaqueo, otro de los tantos temas que ignoro.

según wikipedia un jaquer "es alguien que descubre las debilidades de una computadora o de una red informática, aunque el término puede aplicarse también a alguien con conocimiento avanzado de computadoras y de redes informáticas. los jaquers pueden estar motivados por una multitud de razones, incluyendo fines de lucro, protesta o por el desafío." brian harvey dice que "un jaquer es un esteta" para quien su principal motivación es entender cómo funciona el sistema.

¿habría entonces, para jaquear al df, que hacer pública información del sistema que debiera serlo y que por algún motivo no llega a serlo? no los se: eso es lo que supongo —aunque cierto: no es tema sólo de datos, sino de encontrarles sentido, como le dijo ricardo álvarez a pedro hernández.

a mi tuit, gabriela gómez mont, del laboratorio de la ciudad de méxico, respondió : "por supuesto. pero hay que empezar por alguna parte. hay datos en datos.labplc que nunca habían querido soltar," mientras que mario ballesteros, también del lpc dijo que "fue un gran paso. cosa de ponerse manos a la obra, en lugar de sólo quejarse o menospreciar esfuerzos." hay, pues, quien supone que las preguntas son sólo una queja que menosprecia esfuerzos. esfuerzos innegables, sin duda, pero cuestionables en algunos casos. a mi, por ejemplo, tanta inversión de indudable creatividad en producir instrumentos que pongan información privilegiada al alcance de unos cuantos también privilegiados me parece, en el fondo, afín a la "ideología" —o su ausencia— de un gobierno que presume la pavimentación de una avenida con las tiendas más caras de la ciudad como un gran logro urbano para una ciudad donde la mayoría de las calles y banquetas se encuentran en un estado deplorable y que en sus "grandes proyectos" ha dejado en el olvido casi absoluto al oriente de la ciudad —una zona que realmente necesita acciones concretas y bien planeadas. cuestionable, en fin. pero eso, parece, no hay que decirlo mucho pues aquí se piensa que sólo quien aplaude participa.

19.1.14

el diseño no se ve


me parece que fue bruce mau quien dijo que el buen diseño no se ve. hablaba, creo, del diseño tipográfico. una buena página se lee sin que la tipografía ni la formación se noten, se vean. el lector atento y curioso puede que sepa de fuentes e interlineados, de viudas y huérfanos, que aprecie la relación entre el blanco del margen y el cuerpo del texto. pero cualquier lector disfruta una buena página incluso o, precisamente, sin darse cuenta de esos detalles. recuerdo en cambio algunas revistas de los años 80 en las que sus diseñadores hacían todo lo posible por que cada página fuera un cuadro memorable. páginas en las que el texto, con letra no mayor a los 8 puntos, corría a todo lo largo de la página, a veces sobre alguna fotografía rebasada. se veían bien, pero era muy difícil leerlas. supongo que aquellas revistas no fueron leídas más que por quienes escribían en ellas y quienes las editaban. no se si eso fuera precisamente mal diseño pero cumple con la versión inversa de lo recetado por mau: se ve demasiado y no funciona para lo que debe funcionar. y no se si fue el mismo mau o es frase de otro que complementa la suya a la perfección, pero el diseño sólo se ve cuando falla, cuando estorba.

hace un par de semanas me preguntaba, aquí mismo, qué ven los arquitectos cuando ven arquitectura, propia o ajena. podría ser que, en el mejor de los casos —cuando no están viendo una versión abstracta y generalmente menor de su autorretrato— los arquitectos pongan atención tratando de ver eso que precisamente no se ve: el buen diseño.

antes de continuar debo aclarar —o aclararme, pues si no lo traigo a cuento seguramente nadie más lo hará— que hace muchos años escribí que la arquitectura no es diseño. había en tal afirmación algo de esa pedantería del gremio que sostiene, por un lado, que el arquitecto es capaz de diseñarlo todo —desde la cuchara hasta la ciudad, como reza la famosa frase— pero porque, precisamente, del otro lado, la arquitectura no es simplemente diseño, sino algo más. hace poco leí una frase similar de pier vittorio aureli: la arquitectura no es diseño, decía, sino una manera de conocer el mundo que a veces se sirve del diseño. pero probablemente lo contrario sea igualmente cierto y el diseño es el que a veces se sirve de la arquitectura.

¿qué es el diseño? cuando le hacen esa pregunta a charles eames, responde:
se puede describir el diseño como un plan para disponer elementos de modo que cumplan con un propósito particular. si pensamos que la descripción de eames, diseñador, tiene cierto tono pragmático —en el sentido filosófico del término— la del filósofo alemán peter sloterdijk es una tanto más fenomenológica. el diseño, dice, es la producción artificial de superficies de percepción y de usuarios sobre funciones invisibles, es decir, un realce estéticamente intencionado de motivos funcionales si no inadvertidos. como el diseño tipográfico en el caso de una página la hace legible, el diseño en general hace sensible —de ahí que sea estético— lo que de otra manera no lo sería: la empuñadura del bastón, el asa de la jarra, el mango del cubierto, no sólo hacen al bastón, a la jarra o al cubierto disponibles para nosotros y los usos que les asignamos, sino que nos disponen, nos predisponen a nosotros mismos a ciertos modos, a ciertas maneras de usarlos e incluso de comportarnos. claro que la empuñadura del bastón tiene una forma: una simbólica cabeza de león —o un cráneo, como aquél que usara mapplethorpe— o alguna otra que, ergonómicamente, hace mejor juego con la mano. pero lo importante no es esa forma sino cómo nos conformamos con ella, a ella. de nuevo, las maneras y los modos. lo otro —la cabeza del león o el cráneo— son modismos, amaneramientos. no están mál —eso es un juicio moral y no estético—, pero apelan al ojo más que a cierta predisposición del cuerpo —y disposititio, dice girogio agamben, es la manera como los latinos traducían el griego oikonomia. cuando la economía del gesto se corresponde con los modos y las maneras del uso, entonces hacen del diseño, en tanto objeto, un dispositivo apropiado, como diría eames, para cierto propósito particular. es entonces cuando el diseño tiene efectos y, sobre todo, afectos —que es, según deleuze y guattari, la característica propia del arte: afectarnos. es así, como la magdalena de proust, que el diseño reúne y desata en nosotros comportamientos que acaso habíamos olvidado —por eso, cuando describe una camisa recién comprada diseñada por yohji yamamoto, wim wenders dice que se siente como debe sentirse una camisa, como si esa camisa ya la hubiera usado antes.

13.1.14

los concursos



desde hace algún tiempo he insistido, casi obsesivamente, en la necesidad de que en méxico los proyectos para obra pública sean concursados y que los concursos que se planteen sean claros y transparentes. por supuesto no soy el único en hacerlo. varios amigos con la misma preocupación nos hemos reunido, discutido y publicado algunas opiniones en un blog al que llamamos proyecto público.

otros más, desde distintos medios se han sumado a lo que en principio parece no ser tema de debate: la gran mayoría está de acuerdo en que la mejor manera de asignar un proyecto de arquitectura, urbanismo o diseño pagado por el erario y que terminará beneficiando y afectando al público, debiera ser un concurso. no sólo es un tema de transparencia: un concurso bien planeado supone menos incertidumbre al saber por qué alguien en particular estará encargado de un proyecto, sino también de producción de ideas: los concursos hacen que muchos concentren en poco tiempo su capacidad en un tema preciso, definido. también sirven para abrirle el campo a jóvenes con poca experiencia: arquitectos hoy reconocidos y premiados iniciaron sus carreras ganando un concurso —para no hacer una lista pensemos tan sólo en piano y rogers ganando el del centro pompidou a principios de los años 70, cuando tenían 34 y 38 años respectivamente. también los concursos son en parte la causa de que algunos de los países tengan arquitecturas sólidas y consistentes —no sólo con buenos arquitectos, como pasa en méxico, sino con buena arquitectura pública, como en general no ha pasado aquí desde hace varias décadas.

por supuesto hay también las críticas a los concursos. en general al procedimiento y los posibles vicios que implica. en marzo de este año la architectural foundation organizó un debate en londres con el título and the winner is…  jeremy till argumentó con gran claridad contra los concursos —o, diría yo, contra ciertas perversiones del concurso. till decía que un problema con los arquitectos es que sus ideas tienden a ser opacadas por sus edificios y que los concursos rara vez tienen que ver con pensar la arquitectura como un proceso de diálogo y conversación con el otro —tema central de su libro architecture depends.

también dice que los concursos en general producen tres tipos de proyectos: los diagramáticos, fáciles de entender a primera vista, los gestuales, donde la forma prevalece sobre las ideas, y los que replican algo ya conocido —¡cuántas veces no ha ganado alguien en un concurso porque el jurado supuso que el proyecto era de otro arquitecto! till dice también que los concursos privilegian la imagen y que hay proyectos hoy admirados por todos que, en un concurso, jamás hubieran ganado. lo que argumenta till es cierto. pero son parte de los riesgos de los procesos democráticos —asumo que los concursos aspiran a serlo. también el mejor parlamento puede votar una ley equivocada o confusa, pero será preferible a la imposición autoritaria —aunque el tirano sea un ogro filantrópico.

en México, en el año pasado, tuvimos ejemplos de varios concursos. pocos para lo que se planea hacer en el país. de proyecto para obra pública el más notable, por las dimensiones y la importancia del sitio, seguramente haya sido el de la merced. aunque avalado por el colegio de arquitectos de la ciudad de méxico —lo cual, sabemos, no garantiza nada— fue convocado de prisa y con fallas. lo ganó un equipo de arquitectos y diseñadores jóvenes, algunos menos conocidos y otros ya reconocidos, como hugo sánchez y ariel rojo. como escribió marcos betanzos, hay que esperar que la propuesta sea retomada por el gobierno del distrito federal —con acciones, más allá de la premiación oficial el día de hoy. esta semana sabremos quién ganó otro concurso mal planteado: el de la bienal de venecia,
y se entregará otro de nuevo mal planteado: el del pabellón de méxico en milán en el 2015.

también probablemente sepamos qué pasó con ese concurso que es secreto a voces: quién diseñará el nuevo aeropuerto de la ciudad de méxico —aunque tal vez nunca sepamos por qué— y sabremos quiénes fueron invitados al de la ciudad de la salud
que propone el gobierno del distrito federal. no sabremos, por otro lado, por qué en la delegación miguel hidalgo, por ejemplo, se escoge a ciertos arquitectos para algunos proyectos —ni siquiera por qué se decide hacer esos proyectos, aunque los presenten como la gran transformación de masaryk en nuestra quinta avenida— o quién y por qué el grupo danhos demolió sin autorización un edificio clasificado por bellas artes, con el permiso del gobierno del distrito federal y en qué beneficia eso a la ciudad, por citar sólo dos ejemplos.

habrá que insistir en la necesidad —y yo diría la obligación— de convocar a concursos cuando se trate de arquitectura pública. sobre todo incluyendo a los arquitectos más jóvenes: es, insisto, la mejor manera de darse a conocer y, en un país donde —ya se ha dicho— los conocidos cuentan más que los conocimientos, tal vez la única. habrá que entrar a algunos de los concursos que haya pero no por eso dejar de criticar sus fallas —al menos esa ha sido mi posición. habrá que exigirle a los colegios de arquitectos de los distintos estados que tomen posición al respecto.

pero sobre todo, habrá que esperar que nosotros, los arquitectos, hagamos algo al respecto. ya lo escribió francisco pardo respecto a la conservación del patrimonio arquitectónico: los arquitectos somos los peores enemigos de los arquitectos. Y los concursos no son la excepción. todos decimos apoyar la idea pero nos alegra la asignación directa si somos los beneficiarios —que así son las reglas del juego hoy, sí: pero pedirle a dos amigos presupuestos alzados para ganar una licitación no hacen de ese juego uno muy limpio. [preguntémonos, por curiosidad, qué pasaría con reglas claras: ¿cuántos de nuestros arquitectos notables en méxico han ganado en concursos abiertos internacionales? una reducida minoría. en el mejor de los casos, será la falta de práctica.]

muchas veces he oído quejas sobre los pocos arquitectos que hacen obra pública —o que se publican, aunque ese es un asunto distinto. para abrir ese selecto círculo, habrá que exigirle a cada presidente municipal y a cada delegado, a cada gobernador y a cada institución transparencia y claridad en la asignación de proyectos que, a mi parecer, sólo garantizan los concursos. 

30.12.13

¿qué ven los arquitectos?


ojos que no ven es el título de tres textos de le corbusier, uno dedicado a los trasatlánticos, otro a los aviones y el último a los automóviles. saber ver la arquitectura es el título de un libro de bruno zevi. los arquitectos, al menos eso dicen, ven otras cosas. no se si más, pero otras cosas. pero walter benjamin —que no era arquitecto pero se fijaba mucho en los edificios y leyó a sigfried giedion, que tampoco era arquitecto pero construyó buena parte de la mitología del modernismo a principios del siglo pasado— decía que el cine se percibía como la arquitectura: de manera distraída y en masa. nadie entra a un edificio, pensaba benjamin, solo y sólo a ver, atentamente, el edificio. o sí: los turistas. pero ellos son un caso aparte, aunque numeroso.

¿y qué ven los arquitectos? hace unas semanas vi esta foto tomada por lorenzo díaz campos y publicada en podio. en la foto están, en primer plano, david chipperfield, arquitecto del museo, mauricio rocha y michel rojkind. los tres miran hacia arriba, cosa que la gente sólo hace, creo, al aire libre, para ver el cielo, las nubes o algún avión o, si bajo techo, para comprobar si tiembla mirando las lámparas. a menos, claro, que se entre en la capilla sixtina o algún edificio similar, no hay razón para ver al techo. pero los tres arquitectos ven hacia arriba. cada uno a un lado distinto, eso sí. probalbemente chipperfield describe un detalle general o explica las razones de cierta decisión —que la luz sea uniforme, por ejemplo— y no algo específico —“miren esa mosca allá arriba.” esa atención concentrada en un punto o en un objeto, en un edificio y sus detalles, no es, si le creemos a benjamin, la manera habitual de ver los edificios. ni tampoco de describirlos.

eso lo sabe el vendedor: ése es su oficio. también hace poco, paseando al perro periódico en mano, leí un anuncio inmobiliario. la imagen que lo ilustraba me recordó otras. no era la mejor foto de un edificio que poco antes había mostrado lucio muniain en su página de facebook. lucio describe su proyecto a partir de ciertas decisiones que tuvieron, de nuevo, consecuencias formales: no diseñar dejándose guiar por la forma más simple de librar restricciones, abrirse a las vistas o responder a la topografía. le comentan en facebook que la planta tiene obvias referencias a las de alvar aalto; claro, responde lucio. el proyecto sigue, pues, razones que responden al reglamento, al sitio y las vistas, a la historia de la arquitectura. ¿cómo lo describe el vendedor? “superficie de 173 metros cuadrados, dos y tres recámaras, 2 estacionamientos, salón de eventos, gimnasio equipado, jardín.”

insisto: supongo que el vendedor sabe lo que hace. explica el proyecto según lo que conoce interesa al posible comprador y tal vez al posible habitante quien casi seguramente no sabe lo que el reglamento exige y prefiere ver una pantalla de 60 pulgadas que lo que su ventana descubra. muy probablemente ni el vendedor ni el comprador hayan jamás oído hablar de alvar aalto —y tal vez no tendrían por qué. lo curioso, por decirlo así, es que alguno de esos compradores podría ser un lector asiduo —de libros buenos o mediocres, no importa— y reconocer lo que le gusta por sus características: por el tema y estilo del autor, por las influencias que en sus textos reconoce. o podría ser un melómano consumado, amante de bach o fanático de radiohead, y tener todos los álbumes, incluso los más difíciles de conseguir. pero con la arquitectura resulta excepcional ese interés de parte de quien no sea arquitecto —a decir verdad, a veces incluso hay arquitectos que ignoran mucho de eso y piensan en sus proyectos en los mismos términos que el vendedor: metros cuadrados, número de recámaras y lugares para estacionarse, amenities.
¿podrá la arquitectura despertar la pasión del gran público —es decir, de manera masiva y no excepcional o está condenada, como sugería benjamin, a ser vista sólo de reojo, a ser usada, ocupada, habitada —sí, a veces amorosamente pero nunca con la atención que se observa un cuadro? a veces pienso que ni siquiera esos edificios que muchos legos aplauden mientras los arquitectos detestan son capaces de lograrlo. ni tampoco los íconos, antiguos o nuevos, que resultan indispensables en el itinerario del turista profesional. y acaso no sea una falta sino sólo una condición: así es y ya. pero entonces, cuando prestan atención a una obra ajena o cuando describen una propia, ¿qué ven los arquitectos?

27.12.13

la(s) ciudad(es) de mancera


ya varios han dicho que, en un año, miguel angel mancera ha hecho poco y lo que ha hecho no parece estar del todo bien hecho. en cuestiones urbanas no es distinto. de las diez acciones que anunció al iniciar su gobierno —consolidar un gobierno incluyente, internet para todos, el df como ciudad digital, el "escudo centro" para combatir el delito, centros de convivencia cultural, instalar 7 mil cámaras de vigilancia, modernizar el sistema de recaudación, implementar zonas de desarrollo económico y social (zodes), promover el turismo (no podía faltar) y mejorar el transporte público— tres al menos tenían que ver con urbanismo puro y duro: los centros de convivencia, las zodes y la mejora del transporte. los centros de convivencia no se aun cómo los esté planeando y para la mejora del transporte quizá haya que esperar a que use los dos pesos que, supuestamente tras consultar a los usuarios, decidió incrementar al costo del boleto del metro.

las zodes son otra canción. como la "gran maqueta de la ciudad de méxico", son decisiones probablemente fruto del asombro de un turista poco informado: mancera va a china, ve una gran maqueta y se le ocurre que quiere una del df; mancera va a china, se entera a medias de las zonas de desarrollo económico allá —que son regionales y no barrios en una ciudad— y se le ocurre hacer algunas en el df.


algo similar le pasó con sus diez proyectos para dinamizar la ciudad, que puestos a escala del distrito federal, pintan poco —y sería peor si se ven a escala metropolitana. no es que todo deba ser grandes proyectos, pero para transformar un ciudad como ésta habría que actuar, si se hace en esa escala, de manera orquestada y en más zonas de las que mancera y sus asesores quizás conozcan bien —homero, masaryk, reforma, 16 de septiembre y tres plazas cercanas al centro. algunos de esos proyectos, como el de transformar masaryk en nuestra quinta avenida, ni siquiera son ocurrencia propia de mancera: en ese caso se sumó a la del delegado de la miguel hidalgo, victor romo —y parece que tanto el proyecto como la obra fueron adjudicados sin que mediara concurso.

por supuesto lo de los concursos no es lo de mancera. convocaron al de la merced un poco a las carreras después de que salomón chertorivski, secretario de desarrollo económico del df, había anunciado la demolición parcial del mercado. el concurso, aunque avalado por el colegio de arquitectos, adoleció de muchas fallas que ya son costumbre en este país tan dado al dedazo. pese a los peros al concurso, habrá que esperar que el gobierno capitalino realmente tome en cuenta la propuesta ganadora, como ha escrito marcos betanzos.

de vuelta a las zodes. cuando de manera apresurada simón levy, director de calidad de vida y progreso, anunció que los arquitectos a cargo de desarrollar las zodes serían los suizos herzog y de meuron, se empezó a cuestionar la pertinencia de la idea —o, más bien, de las ideas: que existan zonas con vocación específica en la ciudad de méxico; que esas zonas deban ser desarrolladas en una sociedad en la que la ciudad aporta lo más costoso: el uso del suelo, y la iniciativa privada pone menos, en todos sentidos; además de la invitación, que ya vimos no fue otra cosa que una ocurrencia más, a los famosos arquitectos suizos. ¿tiene sentido, dada la magnitud de la ciudad de méxico, concentrar la "ciudad de la salud", por ejemplo, en la zona de hospitales en tlalpan? ¿habrá el jefe de gobierno o alguno de sus asesores ido un día en la madrugada a alguno de los hospitales —institutos nacionales de salud, para ser exactos— y visto las salas de espera llenas de gente que desde muy temprano viene desde lejos? ¿sabrán cómo llegar sin coche ni chofer? lo pregunto porque si, como ha apuntado simón levy, una intención fundamental es "mitigar la transportación motorizada" (sic), ¿cómo le hará alguien viviendo en azcapotzalco o iztapalapa para ir a la nueva ciudad de la salud? ¿extenderán un línea del tren ligero o habrá metrobús y ecobicis?—¿y sabrán cuántas veces debe cambiar de transporte alguien para ir, digamos, de santa maría la ribera a tallan? ¿o será que, de ahora en adelante, al estar enfermo habrá que irse a vivir a la "ciudad de la salud" para ahorrar tiempo en transporte y combustible —pero gastar en un hotel? para sumarle a las ocurrencias —y disculpen mi esquematismo socioeconómico—pero ¿qué le ofrece a una ciudad donde el 70% de las familias ganan menos de 15 mil pesos al mes la novedosa ciudad de la salud con medica sur ampliado y la clínica mayo?

algo más. no crean que lo del concurso de la merced es un indicio de que a mancera y a sus asesores les interesa implementar procedimientos transparentes para asignar proyectos. insisto: masaryk —como el resto en la miguel hidalgo— no fue concursado. y para la ciudad de la salud, pese a que, de nuevo, simón levy diga que las zodes "buscan impulsar arquitectura mexicana emergente", en realidad parece que se planea convocar a un concurso cerrado, por invitación, a sólo 20 estudios de arquitectura —previa revisión de su curriculum. si el concurso es para diseñar infraestructura de salud, ¿los convocados deberán tener experiencia en ese tipo de edificios? de ser así, muchos arquitectos notables quedarán fuera. y si no, ¿entonces quién eligió a los 20 convocados y cómo? ¿que opina el colegio de arquitectos —tan dado a no opinar nunca nada, a guardar un muy conveniente silencio cada vez que se convoca mal o no se convoca a un concurso? y por último, ¿por qué un señor, con tan pocas ideas para la ciudad, y que, aunque no esté afiliado a él, gobierna a nombre de un partido que lleva lo "democrático" en el título, insiste en continuar con los procedimientos opacos que históricamente han definido quién hace qué en esta ciudad y en este país?

23.12.13

el proceso [orson welles]



problemas en utopia



del impacto de lo nuevo —doblado al español.

la máquina de habitar : la casa curruchet

le corbusier : purista y puritano

la ciudad a lo lejos



“la ciudad no siempre fue, no siempre será, tal vez ya no sea.” esa es la primera frase del libro recién publicado en español por la editorial argentina ediciones manantial, la ciudad a lo lejos, que reúne varios textos del filósofo francés jean-luc nancy. la ciudad parece un tema inevitable para un filósofo que ha hecho de la comunidad y del estar-unos-con-otros temas centrales de su pensamiento. para nancy la ciudad es en principio circulación, intercambio, proyecto y proyección. nancy plantea que la ciudad es un esquema lógico del cual no es fácil saber cuál es su función —“ya que acumula demasiadas o bien no posee realmente ninguna: es ante todo coexistencia, copresencia y comercio.” por eso afirma que la ciudad no es el lugar de la comunidad —lo que me hace recordar aquella frase de richard sennett que afirma que la ciudad es el espacio común de quienes no tenemos nada en común. la ciudad es el lugar de lo social, no de la comunidad: “la comunidad es el fantasma ya «perdido» para siempre de la sociedad, que por definición es urbana o citadina,” dice nancy.

esa distinción no se opone necesariamente a la que planteó en su momento hannah arendt, para quien lo social no correspondía con lo público de la polis, ya que —como también ha hecho el filósofo italiano massimo cacciari— nancy distingue entre polis y civitas, entre lo político y lo civil así como entre la comunidad y la sociedad. nancy ordena dos columnas y de un lado coloca la cultura, la comunidad y el mito, mientras del otro pone a la civilización, la sociedad y la lógica.

el primer ensayo — en dos partes escritas con diez años de diferencia— está dedicado a los ángeles, que para muchos ha sido el ejemplo exacto de lo que no es o no debe ser una ciudad: dispersa, extendida al punto del aislamiento de sus partes, inconexa, imposible de recorrer si no es en auto —con excepciones como reyner banham, que fue para los ángeles lo que denise scott brown y robert venturi para las vegas. sin embargo, para nancy los ángeles no niega la lógica de la ciudad sino que, al contrario, la confirma: “la ciudad es primeramente una circulación, es un transporte, un recorrido, una movilidad, una oscilación, una vibración.” en los ángeles —como en otras ciudades extremas— la ciudad revela su ser en tanto técnica, cuya verdad, explica nancy, es “trazar en todos los sentidos pasajes sin vocación final, abrir idas y venidas.”


en el segundo ensayo reunido en esta colección, imágenes de la ciudad, nancy viaja desde la escala de la villa hasta la de la zona urbana pasando por el burgo, la gran ciudad o la metrópoli: babilonia, y vuelve a hablar de la ciudad como técnica. “la lógica de la técnica es una lógica de ausencia de fines determinados y por consiguiente también es una lógica de la indistinción siempre renovada entre los fines y los medios. de esta forma —añade—, la ciudad es por excelencia aquello que por sí mismo vale alternativamente, si no incluso simultáneamente, en tanto fin y en tanto medio.” esa confusión o, simplemente, fusión entre los fines y los medios le otorga a la ciudad —dice nancy en el cuarto ensayo del libro— su rasgo distintivo fundamental: estar organizada para sí misma más que para cualquier tarea o función —algo que, como ya había dicho en la introducción al libro, la ciudad acumula en exceso o de lo que carece absolutamente.

sobre una sola rueda



me encontré una foto (la primera) de una motocicleta de una sola rueda y recordé haberla visto hace poco en alguna película pero no sabía cual —ya lo busqué: hombres de negro 3, que "disfruté" en el autobús a puebla hace algunas semanas. resulta que la de la foto es un invento de finales de los años 20 del siglo pasado, hecha por un tal m.goventosa de udine, italia, aunque según wikipedia se empezaron a diseñar desde 1860.


también, además de bicicletas y motocicletas de una rueda, se han intentado diseñar automóviles de una sola rueda, como estos de charles taylor.



16.12.13

el tráfico de medio día


en san diego —"colapsado y reorganizado por colores"

la ciudad tomada


varias veces debo haber usado este título que, obviamente, replica al del cuento de cortazar la casa tomada —una casa que sus propietarios van cediendo cuarto por cuarto a una presencia extraña hasta terminar en la calle. la ciudad, por supuesto, pese a lo que muchas veces se haya dicho, no es como una casa, en ningún aspecto. pero también podemos ceder espacios uno tras otro y de hecho así ha sucedido.

no es novedad que esta ciudad ha sido tomada por una minoría que ha usurpado el uso del espacio público y que impide al resto de los habitantes el libre ejercicio de sus derechos. por supuesto no me refiero a ninguna organización política o gremial sino a los automovilistas. según un estudio presentado hace poco por la unam, en la zona metropolitana de la ciudad de méxico sólo el 20% de los viajes diarios se realizan en automóviles particulares. sólo dos de cada diez viajes en la ciudad se realizan en automóvil privado y sin embargo, según el mismo estudio, lo son más del 90% de los vehículos que circulan en las calles de la xmcm  Si 9 de cada 10 vehículos en la ciudad sirven sólo para 2 de cada 10 viajes al día es clarísimo que una minoría ocupa el espacio de todos y diría yo que de manera abusiva: los autos ademas de llenar las calles —cuya función, en la mente de los automovilistas, es únicamente permitir su paso, por lo que impiden el de peatones y ciclistas— sino que también ocupan las banquetas —estacionándose indebidamente. esa minoría, además, se niega a perder sus privilegios: si se prohibe estacionarse en alguna calle protestan y si se propone que se cobre por hacerlo también protestan. el gobierno de la ciudad no sólo los solapa sino que los apoya: construye pasos a desnivel y autopistas elevadas a los que dedica tanta o más inversión que a otros tipos de transporte. Lo peor es la corrupción generalizada que ha instaurado. quienes tenemos la edad suficiente recordamos cuando la policía de tránsito —los mordelones— hacían negocio extorsionando a los conductores en vez de multarlos al cometer una infracción al reglamento. para evitar esa mala costumbre alguien decidió que sería mejor no multar a nadie. el resultado es eso que antes llamé corrupción generalizada: los automovilistas hacen literalmente lo que quieren con absoluta impunidad —como acelerar cuando el semáforo cambia a luz roja, sin importar si hay peatones a la vista— y los vemos casi a cada esquina realizar maniobras que envidiarían en rápido y furioso o en las viejas películas de john landis.

la semana pasada un pequeño pero intenso escándalo ocupó miles de frases de 140 caracteres en la república paralela de tuiter. la policía de tránsito desalojó a varios que hacían un día de campo en el estrecho jardín sobre el río de la piedad, entubado a lo largo del viaducto miguel alemán. era el tercer año que un grupo, encabezados entre otros por elías catán de taller 13, hacían el día de campo con la idea de revelar el potencial de un sitio donde pasa un río —que la mayor parte de los chilangos jamás hemos visto, más que cuando llueve demasiado y se desborda, inundando la autopista. proponen un paisaje alternativo: el río corriendo a cielo abierto y con agua limpia, jardines, transporte público eficiente. pero la policía terminó con el apacible picnic. dijeron —y el jefe de gobierno del df lo reiteró al día siguiente— que no se trató de un desalojo sino que conminaron a los activistas a retirarse por su propia seguridad. sorprende la diligencia del jefe de gobierno y su policía en este caso cuando en la ciudad hay cientos o miles de cruces en los que atravesar la calle es mucho más riesgoso que practicar capoeira con los ojos vendados sobre el río entubado en el viaducto y jamás he visto ninguna acción del gobierno capitalino que ponga realmente la seguridad del peatón y luego la del ciclista y la de quien viaje en transporte público antes que la de los automovilistas.

la reacción de la policía también encendió de nuevo el debate sobre el derecho a ocupar un espacio: muchos veían una respuesta distinta del gobierno ante las marchas y los plantones de la cnte  por ejemplo, repitiendo la disyuntiva absurda entre libre manifestación y libre tránsito que ha comentado carlos bravo regidor —quien registró, de paso, el racismo sumado al rechazo a ese otro tipo de ocupación del espacio público.

una semana después del asunto del picnic, rufino león, secretario de transportes y vialidad del df, anunció que el gobierno de mancera presentará una iniciativa para una nueva ley de movilidad en la ciudad que tendrá al peatón como “eje rector.” habrá que esperar la nueva ley pero sobre todo su efecto en acciones concretas, pues aunque muchas de ellas sean aparentemente simples —como pintar bien los prácticamente inexistentes pasos peatonales y obligar a los automovilistas a respetarlos o propiciar el uso seguro de la bicicleta más allá de los confines de cuatro o cinco colonias de moda—, serán numerosas y simplemente hacer banquetas caminables y bien diseñadas es una tarea compleja que bien podría ser un objetivo primordial de un gobierno. 

19.11.13

una maqueta de la ciudad de méxico




según wikipedia en 1940 john reber propuso construir dos represas en la bahía de san francisco para garantizar el suministro de agua a los habitantes de la zona. en 1953 el cuerpo de ingenieros de la armada de los estados unidos propuso un estudio detallado del plan, para lo que en 1957 se construyó una maqueta de poco más de 120 metros de lado, a escala 1:1000 en el sentido horizontal y 1:100 en el vertical. el modelo sirvió para determinar con precisión los efectos que podría tener la construcción de tales represas y así cancelar el proyecto.

en 1894 james clerk maxwell —el segundo físico más grande de la historia después de newton, según einstein— escribió matter and motion. en la introducción, maxwell define un sistema material como “la región o el tema que será el campo de nuestra investigación”, su configuración como “la posición relativa de las partes de dicho sistema” y un diagrama como “una figura geométrica, plana o no, que a partir de la configuración del sistema material ayuda a entender sus propiedades físicas.” la maqueta de la bahía de san francisco es, en ese sentido, un diagrama: permitió entender el comportamiento físico de la bahía y a partir de esa información tomar decisiones. ése ha sido el objetivo de los modelos urbanos desde hace siglos. los que se exhiben en el museo de planos en relieve de parís, por ejemplo, fueron encargados por luis XIV para entender, a simple vista, las distintas conformaciones —o configuraciones materiales, usando los términos de maxwell— de las ciudades fortificadas de su reino, entendiendo así sus ventajas y sus debilidades.

imagínense al jefe de gobierno de parte de una ciudad de unos 20 millones de habitantes que, por cuestiones de una ya anticuada y nada eficiente división política, sólo puede actuar sobre el territorio donde habitan unos 8 o 10 millones pero donde buena parte del resto trabaja. dicho jefe de gobierno algún día fue de visita a shanghai y vio el centro de exhibición de la planeación urbana de esa ciudad: un edificio de 6 pisos con maquetas a distintas escalas que sirve más de aparato propagandístico que de instrumento de estudio o investigación —al margen apunto que china no es un país donde las decisiones sobre el desarrollo urbano se tomen de manera democrática, así que la diferencia entre propaganda e información no resulta menor. de vuelta a su ciudad, el gobernante decide que el también quiere una maqueta de su ciudad.

lo anterior es una ficción acaso improbable y supongo que fue de otro modo como miguel ángel mancera decidió construir una maqueta de esta ciudad —un poco como tomó la decisión de inventarse las zodes, también de inspiración china, o de hacer un museo del niño en iztapalapa: ¿por qué no? pero hay varias preguntas que sugiere el proyecto de mancera y la primera, la más compleja tal vez, sería ¿para qué? en la presentación que el lunes 18 de noviembre se hizo de ese proyecto mancera dijo que era
“de gran importancia para la ciudad por la proyección turística, de cultura, de ciencia, de tecnología que va a permitir que conozcamos más a nuestra ciudad.” ¿pero cómo? ¿servirá la maqueta para mostrar la ciudad en todos esos niveles? ¿servirá para tomar decisiones y entender sus efectos? ¿qué tanto de la ciudad veremos? ¿todo el distrito federal? ¿sólo el distrito federal —sin entender la condición real de la zona metropolitana? ¿o sólo una parte del distrito federal y entonces: cuál? ¿qué se quedará afuera?

una maqueta es como un mapa, y como escribió brian harley de éstos, resulta tan importante lo que muestran como lo que ocultan y dejan fuera: “el simple hecho de nombrar o ubicar un accidente en un mapa a menudo tiene un significado político.” aun más: “detrás del cartógrafo —o del hacedor del modelo— está un conjunto de relaciones de poder que crean sus propias especificaciones. ya sea impuestas por una persona individual, por la burocracia del estado o por el mercado, estas normas pueden ser reconstruidas tanto a partir del contenido de los mapas —o de los modelos— como del modo de representación cartográfica.” ¿qué es la maqueta de la ciudad de méxico para mancera? si se trata de un espectáculo turístico y “cultural” supongo será un gasto innecesario; si es una manera de abrir la discusión sobre la planeación, el urbanismo y la arquitectura en la cuidad, me parece gratuito viniendo de un gobierno que no se ha mostrado particularmente abierto a ese tipo de discusiones; si es un instrumento de estudio urbano, no queda claro cómo se le sumarán las otras capas —de nuevo la turística y la cultural, por ejemplo— y por qué no aprovechar otros medios que hoy ofrece la tecnología. y si es un instrumento político, la broma que ya se lee en las redes sociales no podía ser más precisa: mancera se construye una ciudad a escala para gobernarla, ya que la real, parece, le ha quedado demasiado grande.

17.11.13

nada más arquitectónico que un aforismo



“si hay alguna verdad de la arquitectura, parece ser doblemente alérgica al aforismo: se produce como tal, esencialmente, fuera del discurso. concierne a una organización articulada, pero a una articulación muda.”

ese es el tercero de los 52 aforismos para un prólogo que jacques derrida escribió a finales de los años 80 como introducción a un libro que recogía varios ensayos sobre filosofía y arquitectura. eran los años de la deconstrucción. tras el festín simbólico y semiótico del posmodernismo arquitectónico —aunque hoy podemos ver que eso fue, también, una colección de movimientos paralelos y más o menos autónomos como de hecho la misma modernidad a la que criticaba y, supuestamente, superaba— vinieron los planos inclinados, los ángulos agudos en plantas y secciones, la dislocación y la disyunción como métodos, uno compositivo y otro programático. en principio, deconstrucción era la traducción que derrida daba a lo que heidegger había pensado como la destrucción de la metafísica occidental: un desmantelamiento paciente que buscaba entender los mecanismos y las lógicas que la hacen funcionar más que el derribo o derrumbe del edificio entero de nuestro pensamiento. entre otras cosas, con el término deconstrucción derrida quería pensar la complicidad entre esas dos ideas: edificar y pensar. en esos años, cansados del neoclásico de tablarroca, algunos arquitectos empezaron a usar el término de derrida —lo que no implica que usaran sus ideas— para referirse a los nuevos proyectos que hacían y que luego otros calificarían también como neo, tardo o hiper modernos. hubo exposiciones de arquitectura que usaron la etiqueta: una en la tate de londres y otra, dirigida por philip johnson pero curada realmente por mark wigley, en el moma. wigley —cuya tesis doctoral se tituló derrida’s hunt y que seguramente era de los pocos arquitectos que habían leído casi todo lo publicado hasta entonces por el filósofo francés— escribió en la introducción al catálogo que la deconstrucción en arquitectura no tenía nada que ver con lo que derrida había propuesto en filosofía. no importó: la deconstrucción se volvió deconstructivismo en parte por deberle más —según explicaba wigley— al constructivismo ruso de principios del siglo pasado. en la exposición del moma estaban eisenman y tschumi —que habían leído algunos textos de derrida e incluso planteado alguna colaboración—, koolhaas y su alumna zaha hadid —la que por recomendación de aquél había estudiado a chernikhov, cuya influencia es notable en sus primeros dibujos—, los vieneses de coop himmelblau, libeskind y gehry. hoy, más de 25 años después de la exhibición, parece que no eran tantas las similitudes en ese grupo que entonces se quiso pensar como un movimiento.

volviendo al principio, la verdad en arquitectura, según derrida, es alérgica al aforismo. en otro —el decimoprimero— escribe que “la arquitectura no tolera al aforismo, parece, desde que la arquitectura existe como tal en occidente.” y sin embargo, podríamos armar una buena colección de aforismos arquitectónicos: desde que la forma sigue a la función hasta que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz del sol pasando por el menos es más, por afirmar que la casa no es arquitectura pero sí lo son la tumba y el monumento, o los que hablan de dejar a los ladrillos ser lo que quieren ser y de privilegiar el silencio. hay los que realmente dicen todo de golpe, como el de kiesler: la arquitectura es el arte de hacer lo innecesario necesario, o que resumen una ideología, como el de pevsner: un cobertizo de bicicletas es un edificio, la catedral de lincoln es arquitectura. Fórmulas que no cifran ninguna verdad arquitectónica pues, de haberla, según derrida, esa se da afuera del discurso, en los hechos, en las cosas, en el espacio de la arquitectura que es, parece, justamente el espacio y no el discurso. la arquitectura —como escribió después el arquitecto paul shepheard— es concluyente: es lo que es, ni más ni menos. como la gravedad —agregaba shepheard— que hace que las cosas caigan de nuestras manos al suelo independientemente de cómo la describamos, así la arquitectura es lo que hace y no lo que decimos de ella. no es la nube de interpretaciones que la quieren explicar sino simplemente aquello que está más allá —o más acá— de las palabras. es el muro y la ventana que lo perfora, el piso y su perfecta horizontalidad o su medida pendiente, es el techo, la columna que lo sostiene y la sombra que proyecta. aunque eso, dicen otros, no es arquitectura —eso es el cobertizo de la bicicleta. hay que saber ver la arquitectura, y más: imaginarla —roger scruton, filósofo inglés, dice que la arquitectura es eso que construimos imaginariamente, en nuestra mente, a partir de lo que percibimos en el espacio y lo que reconocemos culturalmente. toda arquitectura es lo que le haces cuando la ves, escribió walt whitman. o quizá lo que le haces cuando la cuentas: ludwig wittgenstein se preguntaba si un sueño es lo que soñamos dormidos, lo que recordamos al despertar, lo que le contamos al psicoanalista o lo que éste interpreta: ¿podemos preguntarnos algo así de la arquitectura? ¿es lo que imaginamos al dibujar, lo que construimos, lo que recordamos al recorrerla, lo que contamos tras experimentarla o al volverla a dibujar, lo que escribimos que es? tal vez, aunque la verdad arquitectónica pueda ser alérgica al aforismo, y la arquitectura no tolere al aforismo, también, como escribió derrida en el 43º de la serie, no haya nada más arquitectónico que el aforismo. 

11.11.13

banksy: crítico de arquitectura


banksy tomó nueva york como su residencia por un mes. “una tormenta en un vaso, la entretenida y frívola mezcla de arte, dinero, celebridad y aprovechamiento urbano” —dijo roberta smith en el new york times.
una obra al día registradas puntualmente en un blog: better out than in.
hubo de todo: desde los célebres graffitis con plantillas que lo han hecho mundialmente [des]conocido hasta intervenciones: un camión de mudanzas convertido en su interior en jardín, arco iris y cascada incluidas —acaso un guiño al étant donnés de duchamp—; videos: un grupo de rebeldes árabes derriba a dumbo y lo festeja;
esculturas: un ronald mcdonald de fibra de vidrio que observa, molesto, cómo un joven de carne y hueso le limpia sus enormes zapatos rojos; y pintura, en el sentido un tanto más convencional: the banality of the banality of evil, un paisaje banal que banksy compró por 60 dólares en una asociación de apoyo a desamparados y que intervino pintando, en alusión a las ideas de hannah arendt, a un nazi sentando en una banca viendo al horizonte —el cuadro lo devolvió un “donante anónimo” y fue subastado en más de 600 mil dólares.

entre las piezas también se incluyó un texto de crítica de arquitectura. banksy intentó publicar el 27 de octubre un texto de opinión en el new york times. el periódico rechazó la columna que apareció en el blog de la estancia niuyorquina del artista junto con las fotos de otra intervención: this site contains blocked messages.

“como visitante que ha pasado las últimas semanas en nueva york una cosa me parece clara —y lo digo como amigo—: ¡tienen que hacer algo con el nuevo world trade center! ese edificio es un desastre. bueno, no. los desastres son interesantes. one world trade center es un no-acontecimiento. es insípido. parece algo que habrían construido en canadá. los ataques del 11 de septiembre fueron un ataque a todos nosotros y viviremos bajo su sombra. pero la manera como respondemos a la adversidad también nos define. ¿y la respuesta? ¿104 pisos de compromiso?” Como con el paisaje al que agregó al nazi sentado —y tal vez como con el resto de su trabajo— señalar la banalidad de la banalidad parece ser uno de sus objetivos. y en el caso del edificio —diseñado originalmente por daniel libeskind y luego puesto a punto por david childs de som— ese es el punto de la crítica arquitectónica de banksy. un edificio que “parece que nunca quiso ser construido” y al que —en un comentario que, ahora quizás inconscientemente, recuerda a los de le corbusier tras visitar nueva york— califica como tímido.

sin embargo, el ataque de banksy al proyecto de libeskind —y luego childs— no es el primero, ni el más duro, me parece. herbert muschamp, entonces crítico de arquitectura del nyt, tras haber dicho sobre el proyecto de libeskind en diciembre del 2002 que “si buscan lo maravilloso, aquí ésta”, cambió de opinión y calificó al diseño como sin gusto, emocionalmente manipulador y una mezcla de nostalgia y kitsch. casi un año después del artículo antes citado muscham escribió otro en el que criticaba duramente, entre otras cosas, que la propuesta de libeskind estaba “conformada por completo por preocupaciones formales que no reflejan ningún análisis serio de la estructura, la circulación o la organización interior.”  si se siguen los lineamientos formales de libeskind —decía— el trabajo de childs, nouvel, maki y foster —quienes colaborarían en el conjunto y “cuya experiencia y talento exceden por mucho a los de libeskind”— “se reducirá al nivel de arquitectos ejecutivos.” muschamp le reclamaba al diseño de libeskind su homogeneidad y restricciones, incapaz de reflejar y condensar “las voces de la ciudad.”

muschamp quizá fue el más duro crítico, pero no el único. christopher hawthorne, de los angeles times, escribió en slate
en relación al debate entre muschamp y los simpatizantes del diseño de libeskind, que aquél había empezado a ver con otros ojos el inusual talento de libeskind para tocar nuestras emociones y nuestro asombro ante la crueldad humana. “el reciente éxito de libeskind se puede ligar directamente a la explotación de ese talento: no puedo pensar en un solo diseño de libeskind que no lo aproveche en un grado u otro.” lo que parecía apropiado en el museo judío de berlín, dice hawthorne, resulta sospechoso en otros casos. hawthorne cita también a martin filler, crítico de the new republic, quien llamó a libeskind un “empresario de la conmemoración.”

en fin, si bien el proyecto que critica banksy no es el de libeskind propiamente sino el que desarrolló david childs de som, dejando de lado al primero pero respetando su plan general —como éste hizo notar: "it's definitely my scheme", recordando lo que hace diez años dijeron varios críticos de arquitectura, la obra/crítica arquitectónica de banksy tiene sentido: el nuevo edificio del etc en nueva york puede estar a la altura en metros o pies, pero nos recuerda a qué grado la vulgaridad y la banalidad se hacen sentir en mucha de la gran arquitectura contemporánea.