7.8.12

la arquitectura de la banqueta





en 1979 la crítica e historiadora de arte rosalind krauss publicó un texto sobre escultura hoy canónico: la escultura en el campo expandido. krauss inicia su texto describiendo una obra de mary miss, una excavación en la tierra del tamaño de una habitación o, tal vez, de una cisterna con una escalera de madera para bajar y preguntándose por qué eso, una excavación, puede considerarse hoy como una escultura. para explicar esa obra como una escultura, krauss utiliza la noción de campo expandido: la escultura ya no se define como una disciplina precisa cuyos productos sean fácilmente identificables, demarcada en un espacio claro y distinto, sino que, al contrario, ocupa un campo que puede extenderse más allá de sus confines tradicionales. una excavación, un recorrido por el bosque, muebles comunes colocados en una galería o una proyección de video son parte de ese campo expandido de la escultura.

la arquitectura, al contrario de la escultura, parece que ha ido reduciendo su campo de acción a lo largo de la historia. paul shepheard, en su libro what is architecture, explica desde el subtítulo que la arquitectura es, en principio, mucho más que sólo edificios: paisajes, edificios y máquinas. en el siglo 18 en francia, se separó a los ingenieros de puentes y caminos, que estudiarían en escuelas politécnicas, de los arquitectos, que se quedaron con las bellas artes, sin entender que un camino –recto, decía maría zambrano– ya es arquitectura. también desde el siglo 18 la jardinería se consolidó como una disciplina que hoy se ha transformado en arquitectura del paisaje.

el siglo 20 vio desarrollarse, en ambos extremos de la escala, al urbanismo y al diseño industrial. la arquitectura interior formalizó a la decoración y dejó a la arquitectura como mera decoración de exteriores –frase acuñada por carlos obregón santacilia.

por otro lado, los cambios en el mercado laboral han hecho que cada vez más arquitectos jóvenes amplíen –expandan, pues– su campo de trabajo a actividades que algunos sospechan totalmente alejadas de la arquitectura, desde diseñar exhibiciones temporales hasta sitios web o estrategias de información.

sin negar que esos son otros tantos territorios que los arquitectos pueden ocupar, habría que expandir el campo de la arquitectura en principio de la manera tal vez más evidente: recuperando, como varios arquitectos contemporáneos lo han hecho, los paisajes y las máquinas, los jardines y los interiores. pero también ganando microterritorios, campos mucho más acotados y que rara vez merecen la atención dedicada del arquitecto. por ejemplo las banquetas.

cualquier peatón en la ciudad de méxico, hasta el más ocasional, sabe que las banquetas y los pasos peatonales son aquí, cuando no una carencia un desastre. se entiende que la labor de reparar todas las banquetas y trazar todos los pasos peatonales que hacen falta o están dañados en esta ciudad es casi tan titánica como, digamos, construir un segundo piso en el periférico, si no es que más. pero probablemente sea, también, más provechosa. 

buenas banquetas podrían ordenar la manera como son ocupadas, principalmente por los peatones –la banqueta es, finalmente, de quien la camina– pero también por puestos y terrazas, por estacionamientos de bicis y árboles, postes y demás mobiliario urbano –que rara vez se mueve– recuperando parte del carril que ocupan sin más autos o, en su defecto, botes, cajas, extraños artefactos metálicos o cualquier cosa que sirva para apartar el lugar sólo para coches.

no es imposible pensar que, regulado por un simple pero bien estudiado manual de alcance metropolitano, en cada nueva obra se le pidiera –o exigiera– al arquitecto expandir su campo de acción a la banqueta para ir, poco a poco, arreglando el terrible desorden. lo restante –que es mucho– habría de hacerlo el gobierno de la ciudad con la convicción de que una buena banqueta donde poder caminar y estar con libertad y comodidad no es poca cosa. los recursos para arreglar las banquetas podrían provenir de la renta del espacio público así ordenado: a puestos de periódicos, jugos o café, a terrazas de restaurantes o a los autos para estacionarse mediante el uso de parquímetros. tan simple como entender que, como dijo le corbusier, el afuera también es un interior.

1 comentario:

Ruben Flores dijo...

eso decía yo , aunque peor dicho y sin mas sustento que los pies... Pero, eso.