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28.3.13

al peatón desconocido


dos fotos que tomé con unas horas de diferencia muestran, cada una en su tipo, especies de monumentos al peatón desconocido. la de arriba, una de las estructuras que el gobierno capitalino construyó el sexenio pasado en la glorieta del metro insurgentes para sustituir los anuncios espectaculares —mal vistos por la mayoría— por un espacio a la vez público y de publicidad, algo así como nuestro times square. en principio no veo nada de malo en la publicidad —a menos que lo malo, siendo radicales, sea el sistema del libre mercado entero. entiendo que la publicidad seduce e induce, pero no creo que sea la maligna máquina de controlar voluntades que algunos denuncian. siendo así, a la publicidad sólo le pediría producir bellas imágenes —a veces lo logra, como aquí o acá, por sólo poner dos ejemplos— y, en el caso de publicidad en la ciudad, que se sume a lo público —como pura imagen o como espacio. en el caso de la glorieta de insurgentes, un par de cilindros con pantallas luminosas que presentan filmes publicitarios podría haber servido, además de para darle vida a ese espacio —que, de hecho, ya tenía suficiente, sólo que de ese tipo de vida que muchos no quieren ver— y para que, a cambio del espacio publicitario, se les exigiera a las compañías que lo administran mejorar el espacio público. ése era el objetivo. pero no se si por haberse quedado inacabadas —otra obra entregada a medias— o por que así se planeó, los cilindros sólo tienen pantallas en la mitad de su superficie. la otra mitad es la estructura desnuda. lo curioso —y esto es un eufemismo— es que la publicidad está sólo dirigida hacia la calle que rodea a la glorieta, es decir, hacia los autos. pareciera que los peatones son, si acaso, consumidores de segunda que, además de banquetas en pésimo estado o la ausencia de pasos peatonales pintados en las calles —y, cuando los hay, poco o nada respetados por los automovilistas—, no tienen derecho a la publicidad.


la siguiente foto es un caso que se repite todos los días en todas partes de la ciudad: un comercio —o cualquier otro tipo de edificio— que, a falta de lugares de estacionamiento ¿cómo se mide eso: la falta de lugares para estacionarse?— ocupa la banqueta, abusando. de nuevo el peatón no es considerado como cliente potencia y es, además de ciudadano de segunda, un consumidor de segunda o, tal vez, como se le considera un consumidor de segunda se le trata como ciudadano de segunda. en este caso es una tienda de muebles para baño en la delegación benito juárez, en la esquina de azores y división del norte —una delegación en la que el delegado, jorge romero herrera, se empeña en presumir sus acciones contra los ambulantes que ocupan ilegalmente el espacio público, pero, por omisión o, peor, complicidad, protege a los comerciantes establecidos que ocupan ilegalmente el espacio púbico.

pero más allá de mi obsesión con este delegado incompetente, esta foto revela, en una condición mucho más común que la de la glorieta de insurgentes, el mismo desprecio por el peatón, quien además de sufrir el constante abuso de los automovilistas, es prácticamente negado por el mercado —sea la publicidad o los negocios—, lo que en una sociedad de consumo quiere decir, simplemente, que no existe.

¿será que, además de seguir presionando a los servidores públicos de distintos niveles para que hagan valer la supuesta prioridad del peatón sobre otras formas de movilidad —y de simple estar: no todo se mide en flujos y velocidades—, habríamos los peatones —y los ciclistas— de organizar una especie de boicot contra los establecimientos que no sólo no facilitan el acceso a peatones y ciclistas sino que, con sus prácticas de prioridad al automovilista, hacen más difícil el uso equitativo del espacio público?

18.7.10

publicidad y espacio público

leo en excelsior que la asociación mexicana de publicidad exterior ofrecerá a marcelo eberard pagar la construcción de hasta 100mil metros cuadrados de azoteas verdes en edificios públicos a cambio de que se les permita conservar la totalidad de anuncios espectaculares colocados en azoteas en el df.

y aunque la idea tiene algo de chantaje –de hecho toda la "campaña" de dicha asociación ha demostrado que, al menos en publicidad, la creatividad del mexicano es otro mito– sería, por otro lado, un buen modo de terminar con la moralista y populista –cómo iba a ser de otra manera– guerra contra los espectaculares del gobierno capitalino –eso incluso desde tiempos de lópez obrador.

suponer que los anuncios son necesariamente malos porque estorban y deforman el paisaje urbano es pensar que todavía vivimos en un paisaje pintado por josé maría velasco, en la ciudad de los palacios o en la región más transparente. no, esa ciudad bella –o, más bien, esa idea de belleza– ya sólo existe en la calenturienta y nostálgica imaginación de unos cuantos. periférico, digamos, con, pero también sin anuncios es, en general, bastante feo y, peor, sin chiste. cuando quitan los anuncios nos damos cuenta que atrás ya no están ni el esplendor de la geografía del valle de méxico ni una ciudad armoniosa o –lo que sería seguramente mejor– siquiera interesante.

asumir que la publicidad ocupa y también, en cierto sentido, es espacio público, y que por tanto quienes usufructúan de ella deberían cumplir con reglas básicas, ya es ganancia. primero, por supuesto, seguridad, tanto en sus estructuras físicas como no distraer u obstruir visibilidad. pero también destinar un porcentaje de vayas y espectaculares para el uso público y no sólo publicidad del gobierno sino proyectos sociales o culturales y, como con la idea de las azoteas verdes, aprovechar las estructuras con otros fines, generando espacio público en el sentido tradicional –sí, azoteas verdes, pero también cafés, gimnasios, salones y demás espacios de uso público– a partir de las estructuras de los anuncios.

algo podríamos salir ganando todos.

p.s. tras escribir lo anterior, leo la misma nota en el reforma. ahí algún comentario de un lector insiste en el tema de la contaminación visual. y si bien pueden hacerse estudios científicos sobre el impacto sicológico de los espectaculares en la calle y del riesgo que podrían implicar –desde distraer a automovilistas hasta hipotéticos trastornos en la atención–, como se mide el riesgo que genera cierto porcentaje de bióxido de carbono en el aire o plomo en el agua, calificar a los anuncios de contaminación es un claro caso, me parece, de moralismo estético –que usualmente tiene más de moral(ina) que de juicio estético.

17.6.10

iniciativa méxico: no jodan

entre postopolis y el mundial –en el que hoy demostramos nuestro prometedor futuro como potencia pambolera (pero de eso mejor callar: no amarguemos la victoria de hoy)– olvidé comentar la genial, revolucionaria y filantrópica idea apadrinada por las dos grandes televisoras privadas del país: iniciativa méxico. la dichosa campaña es un ejemplo más del síndrome del antimidas de televisa y tvazteca, que todo lo que tocan lo covierten en mierda (compárese por ejemplo la versión argentina de mujeres asesinas con el refrito ridículo, sóso y mal actuado de televisa: una patética mezcla de lo peor del original con una versión bizarra y región cuatro de csi tijuana). pareciera que alguien en las televisoras se enteró del proyecto genera y, efecto antimidas, le encargó "copiarlo" a algún productor de bailando por un sueño o big brother. aderezado de la habitual dosis de cursilería y lugares comunes que caracterizan a estas televisoras, el proyecto se presentó mediante spots publicitarios que terminaban con la chocante frase y tu, ¿qué estas haciendo por méxico? y culminó con una magna presentación en la cual los dos canales rivales se enlazaron para demostrar su amor por la patria. en este circo se seleccionarán cinco –5, five, cinq, v– mesiánicos proyectos que recibirán dos millones de pesos el primer lugar y otro cada uno de los cuatro restantes –haga cuentas: seis millones en total, grandiosa dádiva que se recuperará ampliamente multiplicada en publicidad si no es que, además, es deducible de impuestos– para salvar a este pobre país tan jodido.

recordando aquella famosa frase del tigre azcárraga –"yo hago una televisión para jodidos porque méxico es un país de jodidos y nunca cambiará." habría que presentar una iniciativa al mentado concursito: que televisa y tvazteca dejen de hacer televisión para jodidos, de producir tanta basura, tantas historias ridículas, mal pensadas, mal escritas, mál actuadas, mal filmadas, llenas de lugares comunes, de pobres güeras de rancho que se casan con el rico citadino –también güero–, que dejen de presentar cantantes rellenas de silicón dignas de un show de fenómenos que no afinan ni haciendo play back, que acaben con sus noticieros tendenciosos que presentan propaganda política disfrazada de periodismo, que acaben con esas comedias absurdas de albures fáciles y pastelazos, que dejen de repetir cada fin de semana las ya insoportables películas de pedro infante y un larguísimo etcétera.

si tuvieran un poco de decencia, azcárraga y salinas empezarían por preguntarse ellos mismos: y tu, ¿qué estás haciendo por méxico? y si fueran críticos y honestos responderían: nada o mucho pero malo: retacar las cabezas de millones de mexicanos de mierda televisiva. si esa es su idea de hacer algo por méxico mejor que sigan haciendo lo que saben hacer –no porque lo hagan bien, sino porque ya nos acostumbramos– y no finjan interés en rescatar a este país tan jodido. no jodan (más).

9.5.10

vivir en la calle

vivir afuera no es fácil. desde boiteaoutils esta serie sobre los sdf –sin domicilio fijo, como les dicen en francia–: entre más tiempo vivas en la calle, más difícil es salir –o, más bien, entrar o reentrar a la sociedad.

24.4.10

hollywood



desde archdaily dos propuestas para el más que famoso letrero de hollywood: subrayarlo, idea de los belgas Bart de Lege, Frederique Hermans, Jan Bloemen, Joep Verheijen, and Steven van Esser y tranformarlo en hotel que propone Christian Bay–Jørgensen

3.12.07

sao paulo sin anuncios

Fotografía de Tony de Marco, pubicada en flickr.com

El 31 de octubre Juan Freire publicó en adn.es "un comentario sobre el radical experimento que supone que la principal ciudad brasileña, la cuarta mundial y el que algunos proponen como modelo distópico de hiperciudad del siglo XXI prohiba todo tipo de publicidad en sus espacios públicos."
Freire explica que "Gilberto Kassab, el alcalde de la mayor ciudad brasileña, Sao Paulo, estableció el año pasado la Lei Cidade Limpa, que entró en vigor en 2007. Esta “ley para una ciudad limpia” pretende combatir la contaminación del agua, del aire, acústica y… visual."
"Así –continua Freire– prohíbe todo tipo de publicidad en espacios públicos en la ciudad. A lo largo de este año se han eliminado más de 15.000 grandes carteles anunciadores, la publicidad de buses o taxis e incluso la que se colocaba en los escaparates de los pequeños comercios. La medida ha sido llevada a la práctica con gran rigor haciendo efectivas multas de hasta 4.500 dólares diarios a los que la incumplan, y ha recibido un importante apoyo popular como lo reflejan encuestras que indican que cuenta con un 70% de aprobación por parte de la población local."
Freire también refiere al comentario de Mark Hooper en The Gardian. Hooper dice que activistas del mundo entero tienen ahora a Sao Paulo como ejemplo para todos: "una imagen de un futuro anti-Orwelliano donde el Hombre no está ya en control de sus decisiones cotidianas." ¿Pero –se pregunta Hooper– "está esta primera 'ciudad limpia' del mundo a la altura de las expectativas? Despojada de carteles y anuncios de neón, Sao Paulo –afirma– parece hoy una zona de guerra." Como muestra refiere a las fotografías publicadas por Tony de Marco en Flickr, Sao Paulo No Logo. "Para mi –continúa Hooper– se ve como la visión que tuvo Stanley Kubrik de Saigon, filmada en los muelles desiertos de Londres en los años 80."
En su blog, Freire presenta también este video sobre el tema:




En la ciudad de México ya podemos ver –o dejar de ver– los efectos de esta iconoclastia tardomoderna a lo largo del periférico, donde una ley similar nos a revelado un paisaje urbano –deplorable cuando no inexistente– detrás de los espectaculares desaparecidos.