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24.3.19
31.12.16
9.5.16
lever house
“Cuatro maquetas a escala de espectaculares nuevos edificios de Skidmore, Owings & Merrill se incluirán en una exhibición del trabajo reciente de esta firma que se mostrará en el primer piso del Museo de Arte Moderno, del 27 de septiembre al 25 de noviembre. Esta exhibición le permitirá a los visitantes conocer anticipadamente Lever House, el rascacielos de vidrio azul resistente al calor y acero inoxidable que actualmente se construye en Park Avenue y la 53.”
Ese es el primer párrafo del comunicado de prensa mecanografiado que dio el MoMA —For Wednesday Release— de la primera exposición, en 1950, que se dedicaba no a un arquitecto sino a una firma de arquitectos: SOM. La firma se fundó en 1936 por Louis Skidmore y Nahtaniel Owings, a los que en 1939 se les unió John O. Merril. El comunicado del MoMA afirmaba que SOM era “el mayor grupo de arquitectos que trabajan exclusivamente en el idioma moderno” —haciendo de un golpe de tecla que Raymond Hood y el grupo de arquitectos que lo acompañó en el diseño del Rockefeller Center hablaran un idioma premoderno. “Su obra reciente —sigue el comunicado citando un boletín del Departamento de Arquitectura y Diseño dirigido por Philip Johnson— ha sido escogida por su «arquitectura imaginativa, servicial y sofisticada… animada por dos disciplinas… la disciplina de la arquitectura moderna y la disciplina de los métodos organizacionales americanos.»” Dados el tamaño y, sobre todo, la cantidad de obra que la firma ha alcanzado con el tiempo, la última disciplina, la de los métodos de organización, resulta sin duda central. Además de los socios fundadores, el boletín menciona a John Merrill, William S. Brown, Robert W. Cutler, John L. King, John B. Rodgers, J. Walter Severinghaus y Gordon Bunshaft.
Gordon Bunshaft nació el 9 de mayo de 1909 en Buffalo, Nueva York. Estudió arquitectura en el MIT y luego obtuvo una beca para estudiar en Europa. A su regreso trabajó con Edward Durell Stone y con el diseñador industrial Raymond Loewy antes de unirse a SOM. En 1988 recibió el famoso premio Pritzker —compartiéndolo con Oscar Niemeyer, única vez que se ha entregado el premio a dos arquitectos que no sean socios. El Pritzker de alguna manera distinguió a Bunshaft del resto del equipo de SOM. Blair Kamin escribió en el Chicago Tribune que el mismo Bunshaft fue quien se nominó como candidato a recibirlo. Aunque el premio sin duda era merecido, demostraba de alguna manera que aunque el MoMA hubiera reconocido a una corporación de arquitectos como SOM desde 1950, la idea del arquitecto como creador único y casi heroico seguía viva en 1988 como aun en nuestros días.
El acta del jurado decía: “Gordon Bunshaft es un arquitecto de afirmaciones modestas y hechos significativos. Cuando dice que prefiere que sus edificios hablen por él, ha escogido elocuentes portavoces.” El acta cita, evidentemente, Lever House como uno de ellos —de hecho, es la única obra que aparece mencionada con nombre propio por el jurado.
En el boletín del MoMA se describe al proyecto como “el más importante edificio comercial en Nueva York desde la guerra y la única contribución imaginativa de una empresa privada a la arquitectura de una metrópolis más habitable. Por su patio abierto y su esbelta torre, crea una simple masa geométrica totalmente distinta de cualquier rascacielos anterior que nos sea familiar, con su masa de calle a calle y su perfil de zigurat.” Y es cierto que Lever House se adelantó por cinco años al famoso paso para atrás del Sagram de Mies, que se encuentra cruzando la calle.
Como parte del equipo que colaboró con Bunshaft en el proyecto de Lever House y otros edificios en SOM como los de las oficinas de Pepsi y de Union Carbide, estaba Natalie de Blois, nacida el 2 de abril de 1921, dijo que el equipo de diseño además participaron Bill Brown y Manny Turano. Reinhold Martin, comentando una serie de grabaciones en las que Arthur Drexler, curador de arquitectura y diseño del MoMA, entrevistó a Gordon Bunshaft, dice que en los términos de éste último, “los arquitectos individuales —incluyéndose, potencialmente, él mismo— importaban menos que los clientes individuales, pues son los ejecutivos modernos quienes, tras la guerra, asumieron el papel de visionarios.”
27.3.16
16.2.15
23.12.14
30.9.14
30.1.14
19.11.13
una maqueta de la ciudad de méxico
según wikipedia en 1940 john reber propuso construir dos represas en la bahía de san francisco para garantizar el suministro de agua a los habitantes de la zona. en 1953 el cuerpo de ingenieros de la armada de los estados unidos propuso un estudio detallado del plan, para lo que en 1957 se construyó una maqueta de poco más de 120 metros de lado, a escala 1:1000 en el sentido horizontal y 1:100 en el vertical. el modelo sirvió para determinar con precisión los efectos que podría tener la construcción de tales represas y así cancelar el proyecto.
en 1894 james clerk maxwell —el segundo físico más grande de la historia después de newton, según einstein— escribió matter and motion. en la introducción, maxwell define un sistema material como “la región o el tema que será el campo de nuestra investigación”, su configuración como “la posición relativa de las partes de dicho sistema” y un diagrama como “una figura geométrica, plana o no, que a partir de la configuración del sistema material ayuda a entender sus propiedades físicas.” la maqueta de la bahía de san francisco es, en ese sentido, un diagrama: permitió entender el comportamiento físico de la bahía y a partir de esa información tomar decisiones. ése ha sido el objetivo de los modelos urbanos desde hace siglos. los que se exhiben en el museo de planos en relieve de parís, por ejemplo, fueron encargados por luis XIV para entender, a simple vista, las distintas conformaciones —o configuraciones materiales, usando los términos de maxwell— de las ciudades fortificadas de su reino, entendiendo así sus ventajas y sus debilidades.
imagínense al jefe de gobierno de parte de una ciudad de unos 20 millones de habitantes que, por cuestiones de una ya anticuada y nada eficiente división política, sólo puede actuar sobre el territorio donde habitan unos 8 o 10 millones pero donde buena parte del resto trabaja. dicho jefe de gobierno algún día fue de visita a shanghai y vio el centro de exhibición de la planeación urbana de esa ciudad: un edificio de 6 pisos con maquetas a distintas escalas que sirve más de aparato propagandístico que de instrumento de estudio o investigación —al margen apunto que china no es un país donde las decisiones sobre el desarrollo urbano se tomen de manera democrática, así que la diferencia entre propaganda e información no resulta menor. de vuelta a su ciudad, el gobernante decide que el también quiere una maqueta de su ciudad.
lo anterior es una ficción acaso improbable y supongo que fue de otro modo como miguel ángel mancera decidió construir una maqueta de esta ciudad —un poco como tomó la decisión de inventarse las zodes, también de inspiración china, o de hacer un museo del niño en iztapalapa: ¿por qué no? pero hay varias preguntas que sugiere el proyecto de mancera y la primera, la más compleja tal vez, sería ¿para qué? en la presentación que el lunes 18 de noviembre se hizo de ese proyecto mancera dijo que era
“de gran importancia para la ciudad por la proyección turística, de cultura, de ciencia, de tecnología que va a permitir que conozcamos más a nuestra ciudad.” ¿pero cómo? ¿servirá la maqueta para mostrar la ciudad en todos esos niveles? ¿servirá para tomar decisiones y entender sus efectos? ¿qué tanto de la ciudad veremos? ¿todo el distrito federal? ¿sólo el distrito federal —sin entender la condición real de la zona metropolitana? ¿o sólo una parte del distrito federal y entonces: cuál? ¿qué se quedará afuera?
una maqueta es como un mapa, y como escribió brian harley de éstos, resulta tan importante lo que muestran como lo que ocultan y dejan fuera: “el simple hecho de nombrar o ubicar un accidente en un mapa a menudo tiene un significado político.” aun más: “detrás del cartógrafo —o del hacedor del modelo— está un conjunto de relaciones de poder que crean sus propias especificaciones. ya sea impuestas por una persona individual, por la burocracia del estado o por el mercado, estas normas pueden ser reconstruidas tanto a partir del contenido de los mapas —o de los modelos— como del modo de representación cartográfica.” ¿qué es la maqueta de la ciudad de méxico para mancera? si se trata de un espectáculo turístico y “cultural” supongo será un gasto innecesario; si es una manera de abrir la discusión sobre la planeación, el urbanismo y la arquitectura en la cuidad, me parece gratuito viniendo de un gobierno que no se ha mostrado particularmente abierto a ese tipo de discusiones; si es un instrumento de estudio urbano, no queda claro cómo se le sumarán las otras capas —de nuevo la turística y la cultural, por ejemplo— y por qué no aprovechar otros medios que hoy ofrece la tecnología. y si es un instrumento político, la broma que ya se lee en las redes sociales no podía ser más precisa: mancera se construye una ciudad a escala para gobernarla, ya que la real, parece, le ha quedado demasiado grande.
7.7.13
23.6.13
la ciudad como laboratorio o el laboratorio para la ciudad
herbert a. simon fue —según se lee en wikipedia— científico, economista, sociólogo, sicólogo y profesor, cuyos campos de interés iban de la sicología cognitiva a la computación, la administración y la filosofía de la ciencia. en 1975 recibió el premio turing, por su investigación sobre la inteligencia artificial, y en 1978 el nobel de economía por su trabajo sobre la toma de decisiones dentro de organizaciones económicas. en 1996 simon publicó un libro titulado the sciences of the artificial. al inicio, simon planteó la distinción entre dos ciencias: las naturales y las artificiales. “la tarea central de una ciencia natural es hacer de lo maravilloso un lugar común: mostrar que la complexidad, vista de una manera correcta, es sólo una máscara de la simplicidad; encontrar el patrón escondido en el caos aparente.” las ciencias naturales se basan en el análisis. por otro lado, las ciencias de lo artificial son aquellas que permiten, a partir de lo simple, construir sistemas complejos; no son descriptivas como las naturales: no dicen cómo son las cosas sino muestran cómo pueden ser; son, finalmente, sintéticas. la(s) ingeniería(s) y, sobre todo, el diseño, son ejemplos de ciencias de lo artificial —cabe cuidarnos de concebir al diseño sólo como la producción de objetos ornamentales y simbólicos además provistos de una función. las ciencias de lo artificial producen —casi por evidencia lingüística— artefactos. un artefacto, explica simon, “puede entenderse como el punto de encuentro —la «interface» en términos actuales— entre un ambiente «interno», la sustancia y organización del organismo en sí, y un ambiente «externo», el entorno en el cual opera.”
a partir del párrafo anterior podemos preguntarnos si la ciudad puede entenderse como un artefacto: el artefacto por excelencia: la interface entre el afuera radical —la naturaleza— y un ambiente interno organizado según sus propias reglas y leyes para cumplir con ciertos fines, o si la ciudad es ya, sin otra opción, una nueva naturaleza: el entorno al que a su vez responderán ciertos artefactos. la pregunta, en el fondo, es si puede haber —para recordar el clásico título del libro de rossi— una —o varias— arquitectura(s) de la ciudad. ¿la ciudad se diseña? podría parecer una pregunta ociosa: por supuesto se dirá: no habría ciudades sin la intervención consciente de quienes la construyen. hay diseño urbano y en eso intervienen urbanistas, economistas, sociólogos, geógrafos e incluso arquitectos. Pero entonces vendría otra pregunta: ¿cómo se diseña la ciudad? para simon las ciencias de lo artificial construyen conocimiento y entienden lo que deben hacer a partir de simular. “la simulación —dice— es una técnica para lograr el entendimiento y predecir el conocimiento de sistemas que precede, por supuesto, a la computadora digital.” una maqueta o un prototipo son formas de simulaciones que ayudan a prever comportamientos y procesos complejos.
¿podemos construir un modelo de la ciudad? no sólo una maqueta a escala que incluya todo lo construido, la topografía y la infraestructura —lo que ya se revela asaz complejo—, sino un modelo que incluya lo que tiene lugar en ese contexto —flujos de personas y vehículos, pero también de productos e incluso algunos menos tangibles pero cuyos efectos son tan físicos como una carretera o un rascacielos. hay algo que hace pensar que el único modelo capaz de servir como simulación de la ciudad sería la ciudad misma —algo parecido al mapa borgiano que, para representar con absoluta fidelidad el territorio, lo recubre. la opción es, por supuesto, no tomar a la ciudad como un todo sino como un sistema de sistemas. estudiar por separado cada uno de los procesos, ciertas relaciones físicas y estructurales entre ciertas partes, asumiendo que funcionan como sistemas más o menos autónomos y que por tanto se pueden regular sin tener que dar cuenta del sistema completo.
supongo que esa será una de las estrategias del recién fundado laboratorio para la ciudad, “el área para innovación cívica y creatividad urbana del gobierno del distrito federal”. los grandes retos de este laboratorio —o de cualquier otro laboratorio urbano, supongo— serán, primero, entender cuáles sistemas urbanos pueden estudiarse y transformarse dentro del contexto especial que implica la misma noción de laboratorio —logrando un balance adecuado entre las necesarias respuestas a condiciones de urgencia y planteamientos que, desde cierta perspectiva, podrían parecer utópicos— y, en segundo lugar, lograr implementar esos sistemas estudiados y transformados de nuevo en el sistema de sistemas que es la ciudad real. dicho de otro modo, y con un peso específico en el contexto local de una ciudad donde muchas decisiones gubernamentales parecen no siempre seguir ni al estudio ni a la planeación, lograr que la simulación no se quede en simulacro —del éxito de labores como ésta dependerá la confianza que nuestros gobernantes, tan dados a la improvisación, tengan en las ciencias de lo artificial.
16.4.13
29.1.13
tschumi, jean tschumi
con la maqueta de las oficinas centrales de nestlé, en vevey, suiza. fotos del proyecto construido. con su hijo, bernard.
28.1.13
6.12.12
5.12.12
4.12.12
3.12.12
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