10.4.10

el suelo protector (3)



3. En el 2005 Peter Weibel y Bruno Latour concibieron la exposición llamada Making things public, atmospheres of democracy. En la introducción al grueso volumen que la acompañó, From Realpolitik to Dingpolitik, Latour se plantea las condiciones de una democracia que, como se dice de la nueva manera de programación, estuviera orientada al objeto. De ahí la Dingpolitik –la política de las cosas– que lleva a la Realpolitik –la política de la realidad– a interesarse no sólo por cierta realidad más o menos abstracta sino en los ensamblajes precarios y variables que constituyen realidades igualmente pasajeras, cambiantes y, lo más importante, cambiables. “Cada objeto –dice Latour– reúne a su alrededor diferentes ensamblajes de partes pertinentes.” Latour vuelve, inevitablemente, al ejemplo del ágora, transformada hoy en múltiples variantes : “los laboratorios científicos, las instituciones técnicas, los mercados, iglesias y templos, las bolsas de valores, los foros de internet o las disputas ecológicas son algunos de los foros y ágoras en los que hablamos, votamos, decidimos o se toman decisiones que nos incumben, probamos argumentos o somos convencidos. Cada uno tiene su propia arquitectura, su propia tecnología del discurso, su complejo juego de procedimientos, su definición de libertad y de dominio, sus modos de reunir a quienes están interesados –y, aún más importante, mantener al margen a quienes no lo están– y sus intereses, sus maneras de llegar a un término y tomar una decisión.”

Hay aquí una evidente conexión con el pensamiento de Michel Foucault y la relación que éste propusiera entre, de un lado, poder y saber y, del otro, poder y espacio. Cada disciplina, cada forma particular de organizar ciertos saberes –es decir, cada relación específica entre poder y saber– genera o se genera a partir de protocolos o regímenes de poder-saber que regulan aquello que es posible decir y pensar y, ante todo, aquello que dicho o pensado hace o tiene sentido. Esos mecanismos no son meramente sistemas de pensamiento intangibles: cada forma de saber-poder establece dinámicas espaciales que, a un tiempo, reflejan y consolidan dichos regímenes. La cárcel, el cuartel, el hospital o la escuela, son algunas de esas formas del espacio o dispositivos que hacen patente una microfísica del poder que opera en la producción de ciertos sujetos. El enfermo como paciente, por ejemplo, como cuerpo segregado y aislado, sometido a la mirada clínica del médico, es un producto también de la espacialización física de ciertos poderes-saberes en la forma del hospital moderno. En un texto reciente que explora algunas ideas de Foucault referentes al espacio y la arquitectura, Biopolitics and the Emergence of Modern Architecture, el filósofo sueco Sven-Olov Wallenstein escribe que “el hospital se convierte en el lugar donde los pacientes pueden ser estudiados en aislamiento uno de otro y donde nuevos tipos de conocimiento médico y de técnicas curativas pueden ser aplicadas, los cuales requieren de una minuciosa individualización y racionalización.” En el hospital —continúa– “podemos ver cómo el ordenamiento espacial del saber y del poder alcanza un nuevo nivel, convirtiéndose en el paradigma para la omnipresente medicalización del espacio social en su conjunto.”

Si la interpretación tradicional de Foucault parece insistir en una visión negativa de los mecanismos disciplinares que tales espacios implican, la visión de Latour subraya el potencial de las cosas, de los objetos y de los espacios, para suscitar nuevas actitudes, nuevos conocimientos y nuevas formas de relacionarnos con esos saberes y entre nosotros mismos o, retomando los términos de Latour, nuevos ensamblajes.

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