15.11.09

los números del arquitecto

the guardian publica los resultados de un estudio en gran bretaña. aquí algunos datos (cifras convertidas a pesos mexicanos):

  • $840,000 al año para el arquitecto principal de una pequeña firma (es decir $70,000 al mes)
  • $1,155,000 para el arquitecto principal en una sociedad
  • $1,270,000 para quien trabaja por su cuenta
  • 7 años de estudio combinado y entrenamiento necesarios para obtener el registro como arquitecto
  • 950 graduados obtienen el registro cada año
  • 13,500 estudian actualmente arquitectura en el reino unido (la mayoría trabajará en campos relacionados con la arquitectura incluso si no obtiene el registro)
  • 44% trabajan en el sector privado
  • 29% son asociados principales de alguna firma
  • 12% están a cargo solos de una firma
  • 9% trabaja en el sector público
  • 6% trabaja de manera privada e individual
  • 80% de los arquitectos son hombres; sólo el 20% mujeres
¿alguna fuente para datos similares en méxico?

13.11.09

la educación según umberto eco

desde el blog de jesús silva herzog llegó a esta entrevista en spiegel online donde, entre otras cosas acerca de hacer listas, eco da su visión de cómo debiera ser la educación hoy:

SPIEGEL: But you also said that lists can establish order. So, do both order and anarchy apply? That would make the Internet, and the lists that the search engine Google creates, prefect for you.
Eco: Yes, in the case of Google, both things do converge. Google makes a list, but the minute I look at my Google-generated list, it has already changed. These lists can be dangerous -- not for old people like me, who have acquired their knowledge in another way, but for young people, for whom Google is a tragedy. Schools ought to teach the high art of how to be discriminating.
SPIEGEL: Are you saying that teachers should instruct students on the difference between good and bad? If so, how should they do that?
Eco: Education should return to the way it was in the workshops of the Renaissance. There, the masters may not necessarily have been able to explain to their students why a painting was good in theoretical terms, but they did so in more practical ways. Look, this is what your finger can look like, and this is what it has to look like. Look, this is a good mixing of colors. The same approach should be used in school when dealing with the Internet. The teacher should say: "Choose any old subject, whether it be German history or the life of ants. Search 25 different Web pages and, by comparing them, try to figure out which one has good information." If 10 pages describe the same thing, it can be a sign that the information printed there is correct. But it can also be a sign that some sites merely copied the others' mistakes.

8.11.09

otra vez la mala educación

hace tiempo escribí algo sobre la mala educación. hoy, tras un vistazo a los resultados publicados por mexicanos primero bajo el título contra la pared, supongo que en aquél texto pequé de optimismo. aquí, traducidos en una gráfica espero un poco más clara que las que acompañan al informe, unos cuántos números a mi parecer aterradores: de cada 1000 mexicanos en edad de entrar a la escuela primaria, sólo lo harán 980. de éstos, 620 terminarán la secundaria. sólo 460 entrarán a la preparatoria y 250 la terminarán. de los 1000 mexicanos iniciales, 130 terminarán una carrera. si esos datos los cruzamos con una proyección de los resultados de la prueba pisa de la ocde, de los 130 mexicanos por millar que terminan una carrera, probablemente 65 tengan una calificación entre 0 y 1, esto es: serán incapaces de producir conocimiento nuevo a partir del que supuestamente han obtenido. 52 obtendrán 2 de calificación; 10, 3; y tan sólo 3 mexicanos de 1000, habrán terminado estudios universitarios y podrían haber obtenido en aquella prueba un resultado igual o superior a 4. tres de cada mil.
siendo méxico una oligarquía funcional, algunos podrían suponer que no es tan grave que esos tres guíen a los 977 restantes. pero el estado de las cosas –y el que el informe de mexicanos primero así como los resultados de la prueba pisa afirmen que no hay diferencias sustanciales entre la educación pública y la privada (donde parece hoy se educa a la mayoría de los pocos que controlan el destino del país)– me hacen pensar que, quizás en un grado distitno, las cosas no sean muy diferentes entre esos pocos. pecaré de nuevo de optimista y supondré que, de cada 1000 mexicanos pertenecientes a la oligarquía, no 30, ni 100 o 200, sino 300 obtendrían una calificación igual o superior a 4 en la mentada prueba que nos compara con los países más desarrollados del mundo. dicho de otro modo: 700 de cada mil entre quienes llevan las riendas del país, son tan incompetentes como la abrumadora mayoría a la que intentan liderar. con esos datos, no veo cómo podamos pensar en un futuro para méxico.

5.11.09

claude lévi-strauss


28 November 1908 – 30 October 2009

nos dieron las diez y las once...


¡Lo que puede generar un cambio de horario! No sólo el ahorro energético y la somnolencia matutina que provoca la hora extra en verano. Imaginen lo qué pasaría si el gobierno capitalino se decidiera a imponer un horario restringido al transporte de carga pesada que atraviesa la ciudad de lado a lado en cualquier momento. Si no pudieran circular, digamos, entre las 7 de la mañana y las 7 de la noche, nos ahorraríamos probablemente buena parte del tráfico en algunas calles y, sobre todo, los inconvenientes que un transporte de esa magnitud –en tamaño pero también en peso y en su operación– genera al compartir las vías y horarios de los autos particulares.

Pero ahora un tema que genera, de menos, controversia, es la propuesta de algunos diputados locales de ampliar o liberar totalmente los horarios de operaciones de restoranes, bares y antros. La propuesta ha encontrado la oposición de vecinos quejosos del ruido, las molestias y hasta la inseguridad que provocan dichos establecimientos, de autoridades alarmadas por la seguridad física de “los jóvenes” –pues parece que son los únicos que gustan de la diversión de larga duración– y hasta de curas que, desde un medioevo ideológico, temen por la salud moral de esos mismos jóvenes –”víctimas fáciles de las drogas y otros vicios”– que, de noche, están más expuestos –todos lo sabemos– a los demonios de los excesos, del alcohol y de la carne.

Si como en una sociedad democrática moderna, laica y medianamente ilustrada, los vecinos exigieran que, a cualquier hora del día, restoranes, bares y antros, contaran con los medios necesarios para evitar que la música y el ruido del interior se escuchen al exterior, y que contaran con las condiciones necesarias para evitar otro tipo de molestias; si las autoridades competentes –y en esto han opinado desde la Secretaría de Seguridad Pública, la de Salud y el Instituto de la Juventud– se preocuparan por generar las condiciones de seguridad para poder caminar o manejar a cualquier hora, en cualquier lugar, si trabajaran en las campañas de información para saber cómo y cuándo conducir –no para impedir que los jóvenes o los viejos beban, sino que manejen si han bebido demasiado–, si hubiera transporte público seguro y eficiente para regresar en la madrugada de un antro –por cierto, si cierran a las 6 de la mañana uno puede volver a casa en metro sin tanta complicación–, si hubiera inspectores incorruptibles que certificaran la seguridad en esos lugares; si, por último, los curas se dedicaran a lo suyo, tal vez podríamos entender que el problema no es de horario –ni de ruido ni de alcohol y vicios peores–, sino precisamente de esas condiciones ignoradas, de esos compromisos no asumidos, de esos deberes incumplidos.

Pero no. Como en muchas otras cosas, en esta ciudad y en este país preferimos cerrar los ojos, dar la vuelta. No sólo tapar el pozo tras ahogado el niño, sino taparlos todos, hasta los que sirvan para beber. La libertad –la de elegir desvelarse, tomar una copa, no casarse o casarse con alguien del mismo género– nos asusta. Y nos asusta, en parte, porque la libertad exige responsabilidades –individuales y colectivas– que no queremos tomar. Mejor que el antro cierre temprano. Mejor que nada cambie porque eso implicaría estar listos, ofrecer lo que una ciudad moderna necesita y exige para ser eso: moderna. Mejor evitar la tentación que hacerle frente.

Quiero pensar que los cafés, los restoranes, los bares, los antros, los teatros, los cabarets y los burdeles, entre muchos espacios otros, han sido, además de sitios de perdición, lugares donde hablando, bailando, comiendo, bebiendo y discutiendo entre copas, riendo, tocándose y fornicando, los humanos hemos aprendido, de manera distinta que en las escuelas o las bibliotecas, a ser eso: humanos. Ahí también se construyen mejores individuos y mejores sociedades. Pero si eso nos da miedo, mejor vayámonos a dormir temprano.

2.11.09

sloterdijk


la vida -escribe en alguna parte peter sloterdijk– es cuestión de forma. con afirmaciones como esa no es de extrañar que sloterdijk se esté convirtiendo –o se haya convertido ya– en el [nuevo] filósofo de cabecera de varios arquitectos. su trilogía sobre las esferas –burbujas, globos y espumas, publicada en español por siruela– incluye, entre múltiples referencias, un capítulo dedicado expresamente a la arquitectura. en dos entrevistas recientes sloterdijk explica más sobre su pensamiento acerca del espacio y la arquitectura. la primera, publicada por la harvard design magazine, es una auto-entrevista titulada 'hablando conmigo mismo sobre la poética del espacio'. la segunda se la hace erik morse y está publicada en frieze. el título: algo en el aire.

18.10.09

bicis

en slate, christopher beam escribe sobre el ambiguo estatus de las bicis, entre peatones y autos, y por esa razón las no siempre claras leyes que regulan el transito sobre dos ruedas no motorizadas. beam explica que al respecto existen dos tendencias: primero los "vehiculares", que proponen dar a las bicicletas el trato de automóviles, haciéndolas circular en las calles y respetar las señales de tránsito motorizado. por otro lado, los facilitadores son aquellos que piden un trato especial para los ciclistas: carriles separados, señales y reglas específicas y cambiar las reglas centradas en el automóvil que no tienen sentido para las bicicletas.
beam explica también que aun cuando el segundo acercamiento sea más amigable con el uso de la bici, hace más dificil su implementación en ciudades pensadas sólo para automóviles.
en la ciudad de méxico el indefinido estatus de la bici es más claro aun: los ciclistas debemos no sólo cuidarnos de conductores agresivos que no siguen las reglas de tránsito, dando vueltas sin advertirlo, en lugares prohibidos, estacionándose en segunda o tercera fila, rebasando por la derecha o, en el caso del transporte de pasajeros, haciendo paradas intempestivas y a veces varias por cuadra, etc., sino también con peatones que caminan por el arroyo, atraviesan las calles por cualquier parte excepto por las esquinas y, aprovechando el desorden del transporte público, hacen paradas o descienden de autobuses, microbuses y taxis donde mejor les conviene.
así, con todo y los esfuerzos de algunos dentro y fuera del gobierno capitalino para hacer que esta ciudad sea bicicletera no sólo peyorativamente, tras varios años ya de ciclotones domingueros que sólo sirven para decorar los discursos del jefe de gobierno con tintes seudoecológicos y ridículos tonos de moralismo pro-familia, esta ciudad sigue siendo prácticamente intransitable para ciclistas. ¡a ver cuándo!

27.9.09

robin hood gardens

dede the guardian una visita a la obra de alison y peter smithson.

bi(g) en ted

una buena demostración (como es costumbre en ted.com) de que quienes dicen que sus edificios hablan por ellos, se equivocan.

de casa a escultura

desde anarchitecture esta foto de una escultura/instalación de dagmar schmidt a partir de los edificios construidos con vigas de concreto prefabricado en europa del este.

13.9.09

de michael jackson a peter celsing

gracias a dysturb.net y a este video de otro baile en homenaje a michael jackson descubrí el kulturhuset de estocolmo, extraordinaria obra de peter celsing terminada en 1974.

(casi) sin palabras


"esto será un prototipo de los proyectos que tenemos... serán las plazas especializadas donde se podrá vender al menudeo, medio mayoreo y mayoreo" dijo eberard en una muestra más de ese populismo chabacano de ideas cortas pero efectistas a que tan acostumbrados nos tiene. hoy, el reforma publica sobre el fracaso de estas plazas. en estas dos fotos, del antes y el después de la "mercadización" de este edificio diseñado por alberto kalach en 1992, vemos que el prototipo "pensado" por eberard y su gobierno no sólo es un fracaso comercial, político y urbano sino, ante todo, estético.


12.9.09

nibble y el transbordador espacial


desde boing-boing este video de nibble, un golden retriver, en el momento que el transbordador espacial entra a la atmósfera preparándose para aterrizar

artefactos (in)habitables


La cabaña de Heidegger

“Deconstruir el artefacto llamado ‘arquitectura’ es, tal vez, comenzar a pensarlo como artefacto y a pensar la artefactura a partir del mismo y, por tanto, la técnica en el punto donde permanece inhabitable.”

El anterior es el aforismo número 28 de los 52 aforismos para un prefacio (52 aphorismes pour un avant-propos). Los 52 aforismos deconstructivos –incluyendo el 12 (“Éste es un aforismo y nos contentaremos con citarlo”) y el 21 (“Éste no es un aforismo”)– recuerdan en número a los también 52 del segundo libro del Novum Organum de Francis Bacon, que constituyen la parte edificante o constructiva de la obra del filósofo inglés. Los aforismos derridianos prologan una selección de textos coeditados en 1987 por el Centro de Creación Industrial y el Colegio Internacional de Filosofía –institución fundada por el mismo Derrida con el fin de pensar, transdisciplinarmente, desde los márgenes de la filosofía y otras disciplinas. Desde ahi, desde afuera o desde enmedio de todo, pensar la arquitectura –deconstruirla– en tanto artefacto –en tanto algo, dirá el diccionario, hecho con arte: arte factus– y, por lo mismo, en relación a la técnica –techné: ars.

El aforismo de Derrida responde brevemente, comple(men)ta y deconstruye la relación que en su clásico ensayo Construir, habitar, pensar Heidegger establece entre esos términos. Para Heidegger no habitamos lo que, primero, hayamos construido sino que, al revés, construimos porque habitamos. Habitar, dice, es ser; nuestro modo de ser en tanto humanos, nuestra manera de ser y estar en el mundo. Y construimos en tanto que habitamos. “Sólo si somos capaces de habitar podemos construir.” Construir, producir los lugares que habitamos se hace, sigue Heidegger, a partir de la tekhné. Heidegger dice que “la ‘tekhné’ que hay que pensar así se oculta desde hace mucho tiempo” –desde siempre quizá– “en la tecnología de la arquitectura.”

Pensar la arquitectura implica en los términos de Derrida, pues, desmantelar su condición de artefacto, de objeto técnico, “en el punto donde permanece inhabitable.” “Decir que la arquitectura debe sustraerse a los fines que se le asignan –continúa Derrida en su aforismo número 29– y en principio al valor de habitación, no es prescribir construcciones inhabitables, sino interesarse en la genealogía de un contrato sin edad entre arquitectura y habitación. ¿Es posible producir una obra sin preparar por tanto una manera de habitar? Todo pasa aquí por ‘preguntas a Heidegger’ –sobre lo que piensa poder decir de eso que nosotros traducimos en latín como ‘habitar’.” Preguntas a Heidegger pero tambien, en paralelo, quizás, preguntas a Benjamin.

En Experiencia y pobreza Walter Benjamin lo dijo del habitar burgués, pero la definición funciona, sin el adjetivo, para el habitar en general: es seguir la huella fundada por la costumbre. Habitar es habituarse. Como un estuche de joyas que proteje y fija su contenido en un espacio justo a su medida, “el interior –dice Benjamin– obliga a sus habitantes a imponerse una cantidad altísima de costumbres.” Acostumbrados, habitamos repitiendo una y otra vez los mismos esquemas, las mismas actitudes, las mismas formas. Repitiendonos. También dice en ese mismo texto, recuperando otro breve que había titulado Habitando sin huellas, que los arquitectos de su tiempo –los años 30– estaban, con su acero y su vidrio, creando espacios en los que resultaba dificil dejar huellas. Espacios, quizás, inhabitables, en los que la tecnología oculta, implícita en la arquitectura se da a pensar y se muestra –y no sólo a partir de la transparencia y de la construcción estandarizada siguiendo modos de producción industriales. En sus tuberías y sus cableados, en sus métodos de aislamiento térmico y acústico, en las normativas y reglamentaciones de seguridad y construcción, la arquitectura va haciendo progresivamente más explícito toda una serie de saberes y procesos que, considerados secretos, constituían el andamiaje oculto bajo la cara simbólica de la arquitectura.

Habría que pensar las nuevas formas del habitar, entonces, desde esta visión de la arquitectura en tanto puro artefacto o mera técnica –más allá o más acá de la habitabilidad misma.

En 1926, Hannes Meyer, último director de la Bauhaus, realizó una instalación que probablemente cuestionaba la habitabilidad y, sobre todo, su relación con la arquitectura, tanto como el vidrio y el acero comentados por Benjamin. La Co-op zimmer era una habitación definida por muros de tela, amueblada con una silla y una mesita plegables, unas repisas con frascos de comida en conserva y otras con libros, una cama individual levantada del suelo sobre cuatro patas cónicas y un fonógrafo sobre la mesa plegable. La habitabilidad se ve reducida por un lado al aislamiento mínimo (los muros de tela), la comodidad indispensable (la silla y la cama) y la sobrevivencia (la comida). Por otro lado, los libros y, sobre todo, el fonógrafo, que lleva la reproducción mecánica a un grado de complejidad mayor que el del libro impreso, aseguran un tipo de habitabilidad distinto al de la arquitectura tradicional. Son, quizás, elementos ya disgregados de esa tekhné antes oculta en la tecnología de la arquitectura. La habitación propuesta por Meyer es un habitáculo mínimo y en cierta medida inestable para un nómada contemporáneo que antecede por 60 años al Pao para una chica nómada (1985) de Toyo Ito. Como la Co-op zimmer, es también un refugio textil, casi un capullo, ligero y móvil, cuya efectividad depende de la red de servicios públicos y medios de información a la que puede conectarse. Debemos imaginar al habitante de la Co-op zimmer y a la chica nómada como máquinas solteras altamente individualizadas que sólo requieren, en su espacio privado, la garantía mínima de aislamiento, supervivencia y, sobre todo, interconectabilidad con un exterior que les proporciona todo aquello que pudieran necesitar sin estorbarlos en su espacio. Libros, fonógrafos, televisión o internet: hablando de arquitectura podríamos decir –parafraseando el título de Kundera– que la habitabilidad está en otra parte.

El nuevo tipo de habitante –decía Jean Baudrillard a finales de los años 60 en El sistema de los objetos– “no es ni propietario ni simplemente usuario, sino que es un informador activo del ambiente. Dispone del espacio como de una estructura de distribución; a través del control de este espacio, dispone de todas las posibilidades de relaciones recíprocas y, por lo tanto, de la totalidad de los papeles que pueden desempeñar los objetos.” Esa redistribución de la habitabilidad en diversos objetos técnicos que, a su vez, permite a la arquitectura presentarse como un artefacto más –cuya relación con la habitación no tiene por qué ser privilegiada sobre la de, digamos, un teléfono o una secadora de ropa. Tal reducción a artefacto tiene así un efecto deconstructivo involuntaria sobre la arquitectura. Ese interior compuesto por electrodomésticos y nodos de comunicación acelerada se contrapone de algún modo al interior burgués criticado por Benjamin –aunque sea por otro lado resultado de aquél. Al nuevo ocupante de esos interiores –dice Baudrillard– no le importa ni la posesión ni el disfrute “sino la responsabilidad, en el sentido propio de que es él quien arregla la posibilidad permanente de ‘respuestas’. Su praxis es pura exterioridad.” El interior burgués –con su pesada carga de costumbres que nos definían e identificaban– se transmuta y condensa en intimidad de conexión, literalmente. El WiFi es la manifestación última de la habitabilidad: donde podamos estar en linea estaremos como en casa. Si para el habitante moderno, según Baudrillard de nuevo, los objetos no se consumían –la idea de consumo como opuesta a la contemplación es tema también de Benjamin– sino que se dominaban, se controlaban y ordenaban, si el habitante moderno se “ encuentra a sí mismo en la manipulación y en el equilibrio táctico de un sistema,” para el habitante “posmoderno” la manipulación se vuelve digital y el equilibrio táctico del sistema se reduce a la disponibilidad de “señal” para conectarse.

El duro trabajo de desocultación/deconstrucción de la tecnología implícita en la arquitectura y de su contrato sin edad con la habitación a partir o mediante la artefactura, se dio finalmente como consecuencia de dos tendencias paralelas. Una, la redistribución operativa de los objetos técnicos en redes de comunicación acelerada y otra, el proceso de individualización creciente. Las formas del habitar siempre han sido variantes de la conectividad, de acelerar o alentar flujos de información y distribución de bienes e insumos. La arquitectura casi inexistente planteada por Hannes Meyer a finales de los años 20 en su Co-op zimmer, prefigura las interpretaciones teóricas de Benjamin y de Baudrillard y las reinterpretaciones deToyo Ito, o antes de Archigram y su ciudad de habitáculos interconectables, de los Smithson con su Casa de Electrodomésticos, de los Eames con sus contenedores neutros –neutralizados– para actividades varias. Si en Meyer, como en Ito, los muros se transforman en cortinas es porque la tecnología que antes contenían y que acondicionaba el interior como un habitáculo confortable, ha adquirido cierta independencia, salido a la luz –para Heidegger tekhné es, precisamente, sacar a la luz–, tomando a su cargo la tarea de hacer al mundo habitable y permitiendo que la arquitectura, ahora simple artefacto, se libere del contrato sin edad con la habitación.

11.9.09

paris tokyo




desde dezeen estas fotos del restaurante temporal diseñado por pascal grasso en la azotea del palais de tokyo en parís

10.9.09

teles en venta

desde anarchitecture este link al trabajo de penelope umbrico : pantallas de televisores puestos en venta en la famosa craiglist. cada pantalla, dice la artista, es un autoretrato involuntario de la intimidad de cada vendedor, reflejado en la pantalla.

9.9.09

las crisis


Para quienes éramos niños en los años setenta, la serie de campañas gubernamentales para evitar el desperdicio de agua, desde el ciérrale hasta el gota a gota se agota, parecen ahora, en retrospectiva, una mala crónica de una sequía anunciada. Hoy, cuando el futuro ya nos alcanzó, parece que fuera demasiado tarde para campañas publicitarias o planes de prevención. Si la historia hidráulica de la ciudad de México ya apuntaba por si misma al desastre –sumando acciones erróneas, inacción pertinaz, demografía desbocada y ausencia de planificación urbana a largo plazo–, el cambio climático global y la consecuente modificación de ciclos que, por siglos, nos parecieron naturales –ahora llueve, ahora no– nos han dejado casi literalmente –y en algunas zonas de esta ciudad el casi es un ofensivo eufemismo– a secas.

Con todo, las torrenciales lluvias del fin de semana pasado y las inundaciones que provocaron, parecieran desmentir el terrible pronóstico. Habría que agradecerle a Tláloc, a la Virgen de la Cueva y similares, que la sequía haya cedido y que ya, por fin, tengamos agua aunque sea en la sala y hasta el cuello. Pero no. No es así de simple. En esta ciudad que alguna vez fuera un conjunto de lagos, desarrollamos una extraordinaria habilidad para deshacernos del agua pero ninguna, aparentemente, para hacer acopio de la que pudiésemos necesitar, digamos, en tiempos de secas. Toda el agua que llovió y que, enlodada, no continúa anegada en los cientos de casas afectadas, espera su turno para desaparecer en el drenaje yéndose a mezclar con basura y excremento. Cualquiera reconoce la paradoja –manera seudoelegante, aquí, de nombrar a la estupidez.

Por supuesto, podríamos, sin errar demasiado, culpar, cual es costumbre nacional, a los gobiernos en turno y a todos sus antecesores, todas las tendencias políticas incluidas y, en especial, la política de la complicidad y el engaño, de la situación que ahora vivimos. Pero también podemos intentar un análisis ligeramente más profundo de las condiciones, causas y efectos de esta emergencia urbana y ecológica.

Hace poco, mientras sorteaba en mi coche a otros conductores que, como yo, intentaban llegar lo antes posible a su destino, pensaba que el desastre vial de nuestra ciudad –otro grave aunque de consecuencias menos funestas–, se debe a fallas en tres niveles distintos que, para mejorar en algo, deben atacarse en paralelo. Primero, hay un nivel que podríamos calificar como infraestructural: las calles y avenidas, mal pavimentadas y llenas de baches, con trazos para curvas que no siguen ninguna regla y carriles que, sin previo aviso, desaparecen o se reducen de ancho. Esto último –que desaparezcan sin previo aviso– tienen que ver con el segundo nivel, el de información: se necesita ser un experto para saber cuándo las calles cambian de sentido, los carriles de ancho y las desviaciones de ruta. No existen en la ciudad de México planos que incluyan y sobrepongan información sobre rutas de autobuses, metro, vías primarias o estacionamientos públicos, por decir algo. El tercer y último nivel es el de la conducta: de poco o nada sirve un Circuito Bicentenario parcialmente terminado, repavimentado, con rutas de autobuses y atisbos de señalización, si la mayoría seguimos conduciendo como si del París-Dakar se tratara, pero con la habilidad de quien recién deja el jumento para pasar a un vehículo automotor.

Supongo –aunque no lo he puesto a prueba– que en el caso del agua se podría intentar un análisis similar: fallas a nivel de infraestructura, de información y de conducta. Desgraciadamente, recordando de nuevo elciérrale y el gota a gota se agota, parece que hasta ahora todos los “esfuerzos” gubernamentales se han enfocado a “informar” –y disculpe el exceso de comillas– sin lograr con eso cambiar la conducta ni, mucho menos, intentar mejoras reales a nivel de la infraestructura. Mientras tanto, aproveche las lluvias de estos días, y ponga cubetas en la azotea.