19.11.12

el lago asfaltado






sous le paves la plage: bajo el pavimento la playa. la consigna del 68 parisino parece una versión del subtítulo de la novela que diego cañedo publicó en 1945: palamás, echevete y yo o el lago asfaltado. diego cañedo fue el seudónimo de guillermo zárraga, arquitecto, profesor, político y escritor. el lago asfaltado es un viaje en el tiempo en la ciudad de méxico, que también es protagonista de otros textos de cañedo-zárraga, como el gran planificador –breve relato en el que el popocatepetl, tras una gran erupción, ordena el caos de la gran ciudad, convirtiéndose, por tanto, en el gran planificador.

según escribe italo calvino en sus ciudades invisibles, a veces, sobre un mismo suelo y bajo un mismo nombre, se suceden ciudades diferentes sin haberse conocido, incomunicables entre sí. aunque a veces hay trazos y rastros que persisten entre unas y otras y, desde hace siglo y medio, gracias a la fotografía, imágenes que se mantienen.

las imágenes de la ciudades nos cuentan esa acumulación de trabajos y días, de obras y desobras, de construcción y destrucción. esa condición casi forense de la fotografía es la que apuntaba roland barthes al explicar que lo que en ella se reproduce al infinito, existencialmente es irrepetible. la ciudad y su imagen se revelan como cambio y permanencia, diferencia y repetición.

sobre este lago edificamos una ciudad pero bajo el asfalto persiste el lago y también en las imágenes, como fotogramas de una película sin director ni guión y aun sin editar: secuencias y consecuencias de esas transformaciones.

de los más de dos millones de imágenes que guarda el museo archivo de la fotografía de la ciudad de méxico, se presentan en esta exposición algunas no como registro nostálgico de un pasado mejor, sino como muestra de un cambio constante que sólo por momentos parece estabilizarse bajo la apariencia de orden para, poco después, cambiar de nuevo en un vertiginoso y complejo proceso de organización, a veces exitoso y muchas otras no, cuyo resultado, hasta ahora, es el lago asfaltado.

el próximo jueves 22 de noviembre, a las 19:30, en el museo archivo de la fotografía –república de guatemala 34, centro histórico– se inaugurará la muestra.




algunas casas de eliot noyes (a veces con marcel breuer)






eliot noyes




18.11.12

dominatrix


en 1964, en cambridge, massachusetts, se celebró el octavo seminario de profesores del instituto americano de arquitectos. el tema fue "la historia, teoría y la crítica de arquitectura." entre los participantes estaban peter collins, bruno zevi, reyner banham, sibyl moholy-nagy y serge chermayeff. el tema del seminario era una respuesta a la tabula rasa propuesta por las escuelas de vanguardia arquitectónica en las primeras décadas del siglo veinte ante el cansancio, evidente, producido por el eclecticismo historicista de fines del diecinueve.

probablemente la ponencia más conocida sea la de bruno zevi: "la historia como un método para enseñar arquitectura." zevi proponía primero superar la idea caduca de que el arte fuera algo puramente intuitivo, irracional, que tenía que ver sólo con sentimientos. segundo, también dejar atrás la idea de que toda obra de arte es por naturaleza creativa. para zevi, muchas grandes obras de arte de la historia son de naturaleza crítica, no creativa. en tercer lugar, zevi afirmaba que incluso en el caso de obras creativas, se dan gracias a un proceso que puede estudiarse y verificarse. por esas razones zevi proponía un modelo pedagógico en el que la historia, la teoría y la crítica de la arquitectura fueran parte del proceso de diseño. "a diseñar –decía zevi– deberá aprenderse en los cursos de historia o, mejor, en los laboratorios de historia y, del mismo modo, la historia deberá enseñarse en las mesas de dibujo."

para peter collins la pregunta era si los cursos de historia deberían organizarse de manera que sirvieran de materia prima a la especulación teórica. sibyl moholy-nagy, segunda esposa de lázló moholy-nagy, pintor y fotógrafo húngaro que fuera parte de la bauhaus, la historia de la arquitectura ofrecía la evidencia conceptual del cambio en la permanencia. reyner banham, quien se mostraba sorprendido de haber sido invitado a hablar como crítico más que como historiador –"la crítica es lo que hago para ganar dinero"–, comentaba que la teoría de la arquitectura, vaciada de todo contenido, se había vuelto un saco que se rellenaba con todo lo que no podía enseñarse en la mesa de dibujo.

pero para este texto me interesa una frase dicha por serge chermayeff. chermayeff nació en 1900 en lo que actualmente es chechenia. su familia emigró a inglaterra donde estudió arquitectura. en los años 30 se asoció brevemente con erich mendelsohn y en los años 40, por recomendación de gropius, emigró a estados unidos, donde dirigió por un tiempo el instituto de diseño de chicago, que después sería parte del iit. además de varios proyectos arquitectónicos y de diseño industrial escribió, entre otros textos, comunidad y privacidad, con christopher alexander.

chermayeff dijo en su ponencia que la profesión del arquitecto ya era obsoleta y que la enseñanza de la arquitectura corria el riesgo de también volverse obsoleta. clarividente, chermayeff afirmó que "la arquitectura la estamos convirtiendo en escultura. uno puede hacer cualquier cosa por el mero efecto y siempre habrá técnicos a la vuelta de la esquina, «plomeros» que vendrán a hacer que cualquier cosa se pueda construir y funcione."

hablando de esquinas, he aquí lo dicho por chermayeff y que, tras esta larga introducción, es el motivo principal de esto que escribo: "los arquitectos son putas, la segunda profesión más antigua de la historia, parados en las esquinas esperando a que alguien los escoja y piensan que es algo bueno que un cliente con mucho dinero los escoja."

banham, que habló después de chermayeff, no dejó pasar la acusación: "chermayeff puede burlarse de que los arquitectos son damas poco virtuosas en espera de las propuestas de algún cliente; pero si, de hecho, somos rameras profesionales, lo mismo es cierto, por supuesto, de los abogados, los médicos, los ingenieros y cualquiera cuya actividad dependa de alguien que venga con una propuesta en una mano y dinero en la otra."

y sí, chermayeff pero también banham tienen razón. probablemente la de las putas no sea la primera sino la única profesión que jamás haya existido, lo que también es una manera demasiado puritana o demasiado ingenua de entender el intercambio entre lo que uno hace y lo que otro ofrece por eso que el primero hace.

sin embargo, sea cual sugiere chermayeff: los arquitectos somos putas. el problema no es, supongo, estar parado en la esquina esperando al mejor postor para ofrecerle nuestro trabajo sino el modelo de puta que escojamos o al que las circunstancias nos obliguen. supongo habrá quienes ejercen por necesidad y sin otra alternativa, pero también, como en las películas, quienes han seleccionado a sus clientes, que tienen habituales con quienes a veces conversan y establecen relaciones complejas, sin por tanto dejar de ser mercantiles. hay quienes fijan sus límites –sin besos, sin golpes– o, en su defecto, los transgreden previo cargo extra. y también puede que haya quien, como el travesti, siempre da otra cosa de la que ofrece en apariencia o, finalmente, la dominatrix, quien acepta la paga pero no cede el control. en fin, que modelos para la profesión hay muchos.

15.11.12

embajadas






en el sitio de la revista metropolis, thomas de monchaux escribe una breve historia de la arquitectura de las embajadas de estados unidos –teniendo como pretexto la nueva que se construirá en londres. sobre estas líneas, la embajada americana en dublín, de john johansen, recien fallecido, la de marcel breuer en la haya, la de eero saarinen en londres y la de edward durell stone en nueva delhi.

30.10.12

williams y jones


paul williams y quincey jones.

lebbeus woods (1940-2012)


michael kimmelman, crítico de arquitectura del nyt, tuitea que lebbeus woods, uno de los mejores arquitectos de fines del siglo xx, murió hoy.

otra forma de hacer arquitectura



este texto aparece hoy en arquitextos, la columna de arquitectura del reforma. aunque bajo el encabezado está, como de costumbre cuando es mi turno, mi nombre, lo que sigue lo escribimos y suscribimos fernanda canales, eduardo cadaval, yo y creo muchos de ustedes:

en méxico se deberán construir en los próximos 12 años cerca de 18 millones de viviendas, además de escuelas, hospitales, carreteras y toda la infraestructura de soporte. ¿quiénes planearán y construirán estas obras? ¿qué beneficios tendría hacerlo bien? ¿cuáles las repercusiones de hacerlo mal? el potencial de la obra pública como detonador de urbanidad ha transformado ciudades y sociedades. sitios como medellín y bogotá cambiaron tanto su fisonomía como su historia al vincular arquitectura –como bibliotecas de barrio, escuelas y guarderías— con infraestructura de transporte colectivo y espacio público. entender la continuidad entre la casa, la banqueta, la calle y el parque transformó la vida de miles de personas.

durante los últimos 50 años las ciudades de méxico han crecido sin planeación. tampoco existe una democratización ni transparencia en la asignación de los proyectos públicos. el acceso a proyectos a través de concursos abiertos no es un problema de arquitectura, sino de cultura democrática, de igualdad de oportunidades laborales y de lucha contra la corrupción. un concurso favorece el surgimiento de nuevas ideas y ofrece múltiples soluciones a un mismo problema . más que concursos monumentales, quizá los que necesitamos son aquellos de nivel básico, desde el centro deportivo de un pequeño pueblo a la clínica regional o la nueva guardería. en uno de los países con más escuelas de arquitectura en el mundo —más de 100— y con uno de los mayores índices de construcciones informales y de falta de credibilidad institucional, los concursos también pueden ayudar a mejorar la calidad de la educación, al abrir oportunidades para que tanto alumnos como profesores se enfrenten a problemas concretos donde la arquitectura podría volverse algo más útil. 

en los años cincuenta, para el proyecto de ciudad universitaria, hubo un concurso interno y más de 100 arquitectos participaron en la construcción. en los años noventa, para el centro nacional de las artes, el concurso fue por invitación y sólo participaron 8 grupos. la construcción de nuestras ciudades, de nuestras casas, escuelas, hospitales y calles no puede seguir dependiendo de las decisiones del gobernante o administrador en turno. se requiere de una ley que obligue a que haya concursos de proyectos para cualquier tipo de obra pública, algunos abiertos y otros por invitación, algunos locales, otros regionales, unos nacionales e incluso, los menos, internacionales. con una normatividad clara tanto para convocar los concursos como para seleccionar al jurado. 

¿vamos a confiar en que las instituciones funcionen sin una participación enérgica y colectiva? ¿seguiremos esperando a que los legisladores vislumbren la necesidad de dicha ley o, movilizándonos, seremos capaces de proponerla? se requieren poco más de 1,300,000 firmas para que una iniciativa ciudadana llegue al poder legislativo, ¿cuántos estudiantes de arquitectura y arquitectos somos en el país? ¿cuántos queremos un juego con reglas claras en el que todos podamos participar? ¿cuántos ciudadanos querrán sumarse y saber a quién pueden exigir mejores servicios? los ciudadanos son los que pagan las obras que muy pocos eligen y reparten. es su dinero el que se gasta pero no sus espacios los que se construyen. es tiempo de buscar otras formas de hacer arquitectura.

28.10.12

la ciudad no es un árbol




por un tuit de xavier treviño llego a esta nota del excelsior que anuncia el arreglo del camellón de la calle álvaro obregón, en la roma, que ya no permitirán que ahí se instalen comerciantes  los fines de semana y que habrá una ciclopista. de las tres acciones sólo la primera me parece "realmente buena"

no es que me guste el "bazar cultural" que ahí se instala los fines de semana, al contrario. cada vez más lleno y peor ordenado es un tianguis de baratijas dedicadas al mal gusto que sólo por confusión alguien calificó de cultural –esa palabra que parece santificar cualquier atrocidad. pero quitarlo y sustituirlo por una ciclopista –con todo y que uso la bici y pienso que hacen falta muchas ciclopistas en la ciudad– es un error o, más bien, un ejemplo de esa forma de pensar que christopher alexander criticó en su ya clásico ensayo la ciudad no es un árbol, publicado en inglés en 1965.

"el árbol de mi título –escribió alexander– no es un árbol verde cubierto de hojas. es el nombre de cierto esquema mental." es el árbol de porfirio que divide –¿para vencer?– la sustancia del mundo en parejas de opuestos que nunca pueden ser más de lo que son: un ser o es animado o no, si es animado o es racional o no, si es racional es hombre o es mujer. el árbol de porfirio está muy bien como estructura lógica pero no hay que pensar que es la realidad misma. si pensamos la ciudad como árbol, una plaza es una plaza y no un estacionamiento, un camellón es un lugar para caminar y no para poner puestos, o hacer picnic, o bailes, o ciclopistas, o...

contra el árbol alexander propone el semirretículo –"un modelo de concepto más complejo", algo muy similar a lo que, casi diez años después, deluze y guattari llamarán rizoma. como el rizoma, un semirretículo es una estructura que conecta varios puntos o, dicho de otro modo, distribuye elementos entre varias clases al mismo tiempo. la ciudad para alexander es un semirretículo, un rizoma, pues: una plaza puede ser plaza y mercado, estacionamiento y pista de patinaje; el camellón puede ser camellón para caminar y vender y comprar y sentarse a tomar un café y a oír a alguien leernos un cuento y andar en bici, y...

en la ciudad unos queremos ciclopistas y otros quieren ir cómodamente en su auto –eso, les advierto, será cada vez más difícil y deberá ser más costoso: cuotas por estacionarse en la calle o circular en ciertas zonas y avenidas–, unos quieren vender, otros pasear. unos quieren que su colonia no pierda su señorial condición residencial y otros quieren vender la casa para que alguien construya ahí una torre de oficinas. no se puede todo, por supuesto. pero tampoco se trata de imponer esquemas unívocos –árboles– que dicten que ahí sólo puede vivirse en una casa unifamiliar –y además sólo si se es una pareja heterosexual con hijos y buenas costumbres. distintos usos y distintos programas pueden convivir, superpuestos, en los mismos espacios.

se trata, pensando en otro tema deleuziano, de un asunto de modulación, es decir, de temporalidad. cada vez que veo un trailer circulando en una calle de la ciudad de méxico pienso que eso debería estar prohibido, pero no: debiera estar modulado, regulado temporalmente –el trailer no debe circular en la ciudad a las horas de mayor tráfico. y el mercado callejero, llámese cultural en la calle álvaro obregón o cualquier tianguis semanal en otra calle de la ciudad, ya regulados temporalmente, también podría organizarse de manera que, en el camellón de álvaro obregón, por ejemplo, unos puedan vender y al mismo tiempo otros puedan caminar y otros andar en bici y...

21.10.12

para hacer cine, primero hay que cerrar los ojos



djibril diop mambéty

bancas, fotos, tazas, alebrijes y similares


hoy por fin, aprovechando el domingo bicicletero en reforma, visité las intervenciones que, básicamente a partir de tazas, ocupan –¿y adornan?– un camellón frente a la estela de luz. el proyecto es parte de la estrategia publicitaria mediante la cual nescafé festeja 60 años. son ocho instalaciones, siete obra de arquitectos –fernanda canales (quien colaboró con jerónimo hagerman), manuel cervantes, bernardo gómez pimienta, francisco serrano, mario schjetnan, alejandro quintanilla y michel rojkind– y una de un diseñador industrial –alejandro castro. el conjunto se presenta como "12 mil tazas, 8 estructuras y un despertar" y según explicó gimena modragón, responsable de comunicación de la marca, lo que buscaban era "estar en el corazón de la gente, ser una marca amada e inspirar a las personas." sea –muchas veces los discursos publicitarios nos hacen pensar que quienes los producen asumen que somos ingenuos o ignorantes además de cursis, aunque podríamos suponer que la hipótesis contraria también aplica: es a ellos a quienes mejor quedan esos adjetivos.

en fin, el resultado es desigual. los arquitectos tenemos la costumbre de fallar cuando se trata de producir algo que no sirve para nada, o al menos no explícitamente. enfrentados al problema de diseñar  algo cuya función parece mitad simbólica mitad lúdica, nos asumimos escultores, inclinándonos generalmente más hacia un sebastián que hacia un serra.

de las ocho estructuras, pocas asumen que una taza es una taza es una taza –la de fernanda canales y jerónimo hagerman lo hace al elevar, con poco virtuosismo, un círculo de tazas transformadas en bebederos para pájaros cafeinómanos. y aunque otras se recorren y uno puede incluso entrar, sólo una estructura, la de michel rojkind, se hace cómplice del espacio público y lo enriquece, pero a medias también: sería mucho mejor con una escala un tanto mayor y sillas y mesas bajo la cubierta y, claro, nespresso gratis para todos, si de entrar en nuestros corazones e inspirarnos se trataba. si la pérgola de tazas de rojkind no puede cumplir con lo que sería su mejor propósito es por el lugar que el gobierno del distrito federal le asignó a todas las estructuras: la banqueta.

no está mal ocupar la banqueta, siempre y cuando entendamos que al hacerlo no hay que estorbar ni la necesidad de desplazarse ni el deseo de sentarse a descansar, al contrario: hay que potenciarlo. y ahí entran las bancas –que de ser también una instalación temporal se volvieron permanentes–, los alebrijes –que una cuadra adelante de las tazas ocupan también la banqueta–, las fotos –ahora por la campaña contra el cáncer– y todo lo que al gobierno del distrito federal, con buena voluntad, imagino, pero poca o nula planeación, se le ocurre ir aventando en los camellones del paseo de la reforma.

¿qué hubiera pasado si lo invertido –aunque sea dinero privado o, más bien, con mayor razón– en bancas, campanas, nopales y ahora tazas hubiera estado regulado por un buen programa urbano y arquitectónico en el que cada pieza se sumara en una estrategia genérica de mejora y acondicionamiento? mi pregunta es, por supuesto, retórica: ¡estaría mejor! los arquitectos y diseñadores y también los artistas invitados cada tanto a intervenir con tazas, bancas o alusiones a nopales, podrían saber qué hace falta, qué sirve, que puede ayudar no sólo a caminar mejor o sentarse más a gusto, sino también a divertirse más en el espacio público –pienso en los chorritos que se hacen grandotes y se hacen chiquitos al lado del monumento a la revolución.

probablemente, con la infinidad de problemas de esta ciudad y las múltiples obras con que se pretende solucionarlos, el gobierno del distrito federal no tenga tiempo para andar pensando en estrategias que ordenen la manera de hacer de un mero gesto publicitario algo que sirva al espacio público. ¿qué tal un concurso? ¿y si, no siete, sino setenta o setecientos arquitectos se pusieran a pensar en un plan para que esas intervenciones, fueran temporales o de mayor duración, en vez de parecer una colección de figuritas de lladró sobre el piano de la tia rica pero de mal gusto, tuvieran –hicieran– sentido? quizá pido mucho y sólo me hace falta tomarme un buen café.


17.10.12

el despertar del hombre



¿sería exagerado decir que la famosa escena inicial del filme de kubrik, 2001, una odisea en el espacio, habla, también, del origen de la arquitectura? por supuesto, si esa parte lleva por título, el despertar del hombre, habría que suponer que todo lo humano, como la arquitectura, tiene de algún modo su origen ahí, en ese momento en el que el simio se yergue y empuña un hueso como herramienta, sobre todo si asumimos que eso –el hueso transformado en arma– es un instrumento que cae en el género llamado por sloterdijk técnicas de distanciamiento.

el utensilio impone una distancia entre quien lo utiliza y el mundo desde entonces y en consecuencia inevitablemente exterior. el instrumento construye precisamente dicha exterioridad y, de paso, por tanto, su contraparte, la interioridad. el origen de la arquitectura, en tanto conformación y distribución de la extensión y de nuestros modos de ocuparla, está en esa distancia que abre la instrumentalidad. por eso la arquitectura no es en principio construcción, sino extensión y distanciamiento –la mano que se extiende en el hueso para multiplicar su fuerza y alcanzar su objetivo al mismo tiempo sin tocarlo.

la archi-técnica es el principio o, mejor, la serie de principios –arche– que organizan esas técnicas de distanciamiento, desde el hueso-mazo hasta la carretera, la presa, el cohete o la cámara, pasando por la cabaña, la catedral y el multifamiliar.

10.10.12

escenarios vacíos





¿qué le pasa a una pintura conocida cuando todos los personajes que en ella aparecen abandonan la escena? en designboom –y gracias a @cleondelabarra por el link– presentan el trabajo de bence hadju, quien investiga esos espacios cuando todos sus ocupantes salieron de cuadro, la pura descripción geométrica y perspectiva del espacio.

2.10.12

escala


¿importa el tamaño? o, más bien, ¿la escala es asunto de tamaño? ¿para la arquitectura, es la escala un tema fundamental?

uno de los capítulos del libro de federico soriano sin_tesis se llama, precisamente, sin_escala. soriano afirma que la escala es una noción caduca en la arquitectura o, de menos, que la complejidad de lo que hoy podemos entender como escala rebasa la simple noción que habíamos aprendido. "propongo la desaparición de la escala –escribe soriano–, que no se pueda decir «está fuera de escala» –una de las frases favoritas, por cierto, de los profesores de proyectos en las escuelas. porque esa frase –agrega soriano— no tiene ningún sentido, no tiene ninguna escala, o tiene muchas o es ambigua." para soriano la escala de la arquitectura es un resultado, entre otras cosas, de su propia materialidad –una razón similar a la que dan algunos zoólogos al preguntarles por qué no hay cucarachas del tamaño de un jabalí: su materialidad, su estructura, no se los permite.

pero para soriano la desaparición de la escala también implica una superación de la arquitectura humanista, aquella cuya fórmula es que el hombre es la medida de todas las cosas. esa idea ahora parece no tener sentido tras la disolución o, más bien, multiplicación de su sujeto: ya no hay hombre, sino hombres –y mujeres, claro. ya no hay un patrón estandarizado, unificado e inmutable, que sirva como cartabón, físico y conceptual, para medir y medirnos ante nuestras obras, ante el paisaje, ante el mundo.

pero hay otra idea de escala. en los años 70 el arquitecto francés philippe boudon escribió sur l'espace architectural. el libro se presentaba como un ensayo de arquitecturología, una ciencia  general de la arquitectura capaz de acomodar sin exclusiones todas las ideas y teorías de distintos arquitectos en distintas épocas sobre la arquitectura. para boudon la operación básica de la arquitectura es la escala o, más bien, el cambio de escala constante entre las distintas formas de concebirla y producirla: dibujos, planos, modelos, el edificio mismo. la arquitectura procede a partir de simulacros y éstos se regulan por un cuidadoso juego de cambios de escala.

en su libro los orígenes de la geometría, michel serres dedica un capítulo, titulado lo que tales vio al pié de la pirámide, a explicar el origen conjunto de la geometría y la teoría en el momento en que tales, mediante la estratagema de medir una sombra de la misma altura que el objeto que la proyecta, construye un modelo –una pirámide virtual e ideal— que le permite transportar esa medida para calcular a la altura de la pirámide de keops. también heidegger, al explicar a hölderlin –«pleno de méritos, pero como poeta, el hombre habita en el mundo»— hace referencia a la medida y, sobre todo, al tomar medida. el habitar poético del hombre, dice heidegger, no hace referencia a una geometría, sino al hecho de encontrar aquello a partir de lo cual se mide, se toma medida.

en el fondo, probablemente la escala realmente no sea un tema de tamaño sino de información, de la cantidad apropiada de información en cada caso, como lo demuestra el corto de charles y ray eames the power of ten, que, pese a supuestamente presentar la diferencia de tamaño: agregando un cero cada diez segundos –un metro, diez, cien, mil–, lo que realmente nos muestra es la diferente cantidad –¿o calidad?– de información que puede obtenerse a cada paso. si la información es poder, la escala, pues, es potencia.

24.9.12

las reglas del juego

conocemos el dicho corbusiano : la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz. pero si la arquitectura es un juego, ¿cuáles son sus reglas?, ¿quién las planteó y cómo regulan y se regulan? hubo una época en que se pensó que las reglas –y no sólo las del juego arquitectónico– eran inmutables, firmes, eternas. la proporción, el ritmo, la simetría o la estabilidad, la utilidad y el decoro vitruvianos. ¿y si alguien inventó esas reglas? ¿cómo, para qué?

si el juego de la arquitectura es similar a los juegos del lenguaje tal como los planteaba wittgenstein, habría que establecer en principio que esas reglas no pueden ser privadas o subjetivas, que el sentido de las reglas o, más bien, la posibilidad de que las reglas hagan sentido, depende de una comunidad de hablantes que más que aceptarlas las practica. para wittgenstein –o, precisando, el segundo wittgenstein– el significado de las palabras no es otra cosa que su uso: son herramientas cuya capacidad es la de hacer algo al ser usadas.

por otro lado, deberíamos también pensar, con brian massumi, que las reglas no hacen al juego sino se hacen con el juego. massumi llama a las reglas backformations, algo así como formaciones retroactivas. massumi supone que las reglas del futbol o del rugby, por ejemplo, no se construyen con anterioridad al juego sino que se van determinando en el proceso histórico mismo que define al juego. en algún momento, cuando las reglas se codifican, se define un juego preciso en el que transgredirlas supone en principio una violación o, en caso extremo, un cambio de juego.

si la arquitectura es un juego, por más sabio, correcto y magnífico que sea, sus reglas se producen como las del futbol o el rugby, mientras se determina el juego, y el sentido de las mismas depende de lo que sean capaces de hacer, de su desempeño –performance. esas reglas establecen códigos y sólo así es posible valorar si el juego es correcto o no. pero los códigos se rompen, se quiebran o se doblan. aunque el chiste puede ser –como woody allen hace decir a alan alda en crímenes y pecados– que las reglas se doblen y no que se rompan –lo que no es sino un guiño de allen a wittgenstein quien escribió : "la tragedia consiste en que el árbol no se dobla sino que se rompe."

22.9.12

la historia de lego



 there isn't any system! – vía @mauicittadini

casos de casas




hogar dulce hogar. pero también siniestro. refugio nuestro y a la vez de nuestros más oscuros fantasmas. el soporte de nuestra subjetividad y de nuestra identidad y también su cárcel. emmanuel levinas habla de la casa no como de cuatro muros y un techo, sino como el retiro donde podemos estar con nosotros mismos –en francés, estar en casa se dice, precisamente chez moi, conmigo. para walter benjamin la casa es el lugar del hábito y la repetición –habitar y, más precisamente, el habitar burgués, es seguir las huellas fundadas por la costumbre. algo parecido pensaba el arquitecto vienés adolf loos: la casa no podía ser una obra de arte, que implica innovación, pues su propósito es el contrario: conservar. de la casa, pues, podemos decir lo que churchil dijo de las ciudades: la construimos primero para que luego ella nos construya.
desmantelar una casa, nuestra casa, es entonces, de cierta manera, desmantelar nuestra memoria y desbaratar nuestra identidad. hurgar en lo más profundo para ver lo qué nos funda y lo que nos cubre y separa de los otros, del mundo, pero también lo que nos abre un mundo, nuestro mundo. en el mismo texto que benjamin calificaba al habitar burgués como seguir las huellas fundadas por la costumbre, citaba una frase de bertold brecht: borra tus huellas. ésa sería, pensaba benjamin, la nueva forma de habitar. habitar desde cero, desde la precariedad de una nueva barbarie que él no entendía sólo en sentido negativo sino como la posibilidad de una reinvención y una redención.
el cine nos ha mostrado muchas casas. a veces son sólo el fondo del drama pero en ocasiones son protagónicas: el escenario de crímenes o de pasiones, de luchas o de retiros que nos construyen. son, entre otras cosas, formas de la memoria: habríamos de imaginar a la memoria como una casa más que a la inversa.

los domingos de septiembre y octubre, en el museo universitario de arte contemporáneo, se proyectarán varias películas que giran alrededor de la casa: su construcción, su destrucción, las maneras de habitarla, las formas de dejarla, los fantasmas que la habitan. entre ellas one week, de buster keaton, mr. blandings builds his dream house, con cary grant, historia de tokio, de yasujiro ozu, mi tío, de jacques tati, el angel exterminador, de buñuel, el castillo de la pureza, de arturo ripstein, la familia, de ettore scola, volver, de almodovar y el hombre de al lado, de cohn y duprat.

21.9.12

aalto derretido


¿qué le pasaría al vaso de aalto con el calentamiento global? esta es la respuesta de jan ctvrnik

romper el molde



en ounodesign encontré este trabajo de tobias wong (1974-2010), diseñador canadiense del que se ofrece una retrospectiva en el museo de vancouver. se trata de un tope para puertas de concreto con la forma del vacío contenido por el clásico florero diseñado por aalvar alto en 1937. el objeto de wong se produce vaciando concreto en un vaso de aalto –que en la tienda del moma cuesta 95 dólares. el vaso que sirve de cimbra debe romperse para sacar la pieza de concreto. la acción de wong me hizo recordar aquella de robert rauschenberg al borrar un de kooning: el valor de la obra reside en buena medida en la pérdida de un original valorado. el diseño de wong también logra hacer visible con toda evidencia lo que el vaso diseñado por aalto oculta: el vacío extraído a un bloque de madera. además, nos hace pensar en la necesidad que a veces hay de, para continuar con la tradición, romper con ella: romper el molde.

18.9.12

cambiar las circunstancias



santiago cirugeda es un arquitecto sevillano que se ha dado a conocer mediante intervenciones arquitectónicas que explotan los intersticios legales en las reglamentaciones urbanas. no lo ilegal sino, como el lo califica, lo alegal.

hace algunos días, cirugeda estuvo en el programa de radio por internet de la revista arquine que conduce andrea griborio. dijo, entre otras cosas, que ante mucho de lo que sucede en la ciudad, habría que dejar de culpar de todo a los políticos y de asumir la inocencia de los arquitectos. somos los arquitectos quienes finalmente accedemos a las demandas, muchas veces ridículas o imposibles, de los políticos. quizá nunca la hayan tenido pero hoy sin duda la mayoría de los arquitectos estamos muy lejos de asumir una postura de resistencia, tanto ante los poderes establecidos del gobierno y el mercado, como ante aquellos más sutiles pero no menos perniciosos de las costumbres o el mero desinterés.

son los menos quienes se resisten y, como bartleby –aquél personaje del relato de herman melville–, prefieren no hacerlo. el filósofo italiano giorgio agamben explica el potencial no sólo como la capacidad de hacer sino justamente como lo contrario: “el arquitecto tiene potencial –escribe– en tanto tiene el potencial de no construir.” no se trata simplemente del rechazo, la renuncia o la inacción, sino de una negación consciente y por tanto activa. un no que –ahí si a diferencia de bartleby– reacciona y por tanto actúa.

también está, por supuesto, el potencial de hacerlo de otro modo. es lo que la mayoría de los arquitectos asumimos o presumimos hacer: desplazar la pregunta y la respuesta, multiplicar opciones. pero eso – “dar liebre por gato”, decía hace unos días xavier monteys en querétaro– es lo menos que se debería hacer.

sólo asumiendo el poder auténtico del rechazo, del “preferiría no hacerlo”, y su dimensión política, en el más amplio sentido del término, podremos los arquitectos recuperar ese papel perdido. la otra opción, ser críticos cuando nuestros servicios no son solicitados pero atentamente serviciales cuando se nos hace algún encargo, no hace sino confirmar lo que alguna vez dijo el arquitecto inglés de origen ruso serge chermayeff: “los arquitectos son la segunda profesión más antigua del mundo, parados en una esquina esperando a ser escogidos, y piensan que es bueno que los escoja alguien con mucho dinero.” o con poder.

la arquitectura reciente en méxico es buen ejemplo de que el potencial del arquitecto está disminuido precisamente por su incapacidad de negarse a actuar, de decidir no hacerlo. a veces criticamos –no sin razón– a los gobiernos por haberse desentendido de la política pública de vivienda, por ejemplo, dejándola en manos de inversionistas inmobiliarios únicamente interesados en las ganancias –¡no con usura!, cantó pound. otras denunciamos los proyectos que como ocurrencia intempestiva encargan funcionarios de turno que ignoran a la mayoría de los arquitectos para convertirse en consuelo de pocos –y capataz también. pero cuando llega el encargo y la comisión todo cambia. pensamos que nosotros sí seremos capaces de hacer lo que antes no se ha hecho: buena arquitectura pese a las condiciones, pese a constructores incapaces o francamente deshonestos, frente a burócratas que quieren inaugurar obras que requieren años de planeación y construcción en meses y que deciden el color o la forma como si se tratara de la decoración de su sala. la historia nos enseña lo contrario: si no resistimos, fallaremos.

¿que si no lo hago yo lo hará otro, quizá peor? que lo haga, denunciemos y critiquemos entonces. y entendamos que si la arquitectura depende de sus circunstancias, no podremos cambiarla si no cambiamos aquellas. ¿es tiempo de construir otras relaciones con el poder, económico o político? yo creo que si. y si no asumamos, como dijo cirugeda, que la culpa no es del político sino del arquitecto.

8.9.12

el disfraz de le corbusier




¿ornamento y delito o principio de revestimiento? en la fiesta de disfraces a bordo del lutecia, donde también viajaba josephine baker, ¿le corbusier se disfrazó de abejorro o de la casa que adolf loos le diseñó a la diva?

6.9.12

pinten mi raya










fíjense en las fotos de arriba, tomadas de google earth. ¿notan una constante? sí: rayas pintadas en las calles. los carriles bien marcados, a veces incluso otro tipo de información –sentido, si el carril es para dar vuelta, si es una zona donde no se puede circular– y, sobre todo, pasos peatonales. excepto en un caso, la foto inferior : la ciudad de méxico. sí hay carriles y algo que parecen ser las huellas de pasos peatonales que, a diferencia de las otras ciudades, son poco claros y, peor, discontinuos: uno puede cruzar a media calle y, si las señales dibujadas en el suelo constriñeran nuestras acciones, quedarse entonces el resto de la vida parado en el camellón. nótese que, al ser el cruce de reforma –la más importante avenida de méxico– e hidalgo, hay por lo menos carriles pintados. en muchas otras calles de la ciudad ni siquiera hay eso.

supongo que todos en la ciudad de méxico nos hemos dado cuenta de esta carencia que se suma a la falta de letreros que indiquen direcciones, nombres de calles, a la ausencia de mapas en paraderos de autobuses o estaciones de metro o metrobús o, cuando los hay, su pésima calidad en tanto sistemas de información y la pésima educación vial y absoluta descortesía de la mayor parte de los automovilistas.

probablemente la imposición de una minoría rodante sobre una mayoría que se mueve a pie, en transporte público o en bici, provoca que no se haga nada al respecto. las banquetas son un desastre, incaminables, llenas de obstáculos que se multiplican para evitar cualquier tipo de ocupación del espacio público, formal o informal, legal o no, y la más sencilla pero a la vez rica característica del homo erectus, caminar en dos patas, es despreciada.

si, como escribió william hazlitt, "caminamos principalmente para sentirnos libres de todos los impedimentos y de todos los inconvenientes, para dejarnos atrás a nosotros mismos, mucho más que para librarnos de otros," en nuestra ciudad no somos libres de andar, de olvidarnos un momento de nosotros mismos y encontrarnos con los otros en ese "espacio común de quienes no tienen nada en común" (richard sennett) : la ciudad.

¿qué les cuesta pintarnos nuestras rayas?