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29.6.10
una ocupación incivil
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26.6.10
postopolis! df en tomo
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Gatito postopolis. Dicho en el lenguaje apropiado de la red y twitter: hashtag postopolis. Aunque finalmente no hay ni que decirlo: basta con escribirlo –perdón, tuitearlo: #postopolis. El efecto resulta inmediato: desde cualquier lugar –con acceso a la red– podemos intervenir, participar o seguir desde el ordenador o el móvil todo lo que se relacione con postopolis en tiempo real. Y si dicen que no hay más de seis grados de separación entre dos personas, en la red y subredes sociales se reducen, según wikipedia, a 4.67, lo que provoca una intensidad efervescente de mensajes, respuestas, contactos y –simple variación etimológica– contagios.
En alguno de sus cuadernos Ludwig Wittgenstein se preguntaba cuántas casas y gentes se necesitaban para que una ciudad fuera una ciudad –la respuesta, que seguramente Wittgenstein sabía o intuía, se puede argumentar deleuzianamente diciendo que una ciudad no es una cuestión de grado sino de naturaleza, no algo a medirse en cantidades extensivas sino intensivas. Si preguntamos ahora cuántos usuarios y entradas se necesitan para que la red –o una red social– pueda funcionar como una ciudad, cuántos posts para que postotown se convierta en postopolis, la respuesta será similar aunque de signo contrario: así como el aumento en la cantidad de habitantes de un pueblo no garantiza su transformación necesaria en una ciudad, la gran cantidad de usuarios y entradas en una red social tampoco implican que sea ya [como] una ciudad. Se requiere, sí, llegar a cierta masa crítica sin la cual no funcionará así, pero esto implica también una intensidad que resulte en un cambio de naturaleza y no sólo de grado. Cuando se generan “barrios” –comunidades– que no se bastan a sí mismos, que no pueden ser autónomos, sino que dependen unos de otros o que interfieren unos con otros, hay entonces una ciudad –esa es una de las primeras cosas que dice Aristóteles de la ciudad, que es la reunión de individuos que no pueden bastarse por sí mismos. También dice que la ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros. La red –no sólo como infraestructura tecnológica sino en tanto ciudad, en tanto postopolis digamos– es anterior a cada entrada y cada usuario.
Hay así en postopolis barrios, zonas, comunidades que hablan de comida –o de todo a partir de la comida–, de música –o de todo a partir de la música–, unos más de arte o de lo que vale el arte o de lo que cuesta el arte en relación a lo que vale, otros, los menos, hablan de arquitectura –de pura arquitectura. O todos hablan de arquitectura, hablan de la ciudad desde la ciudad de los posts. Eso hay en postópolis. Y si digo hay es porque cada instancia –hablando como programador– de postopolis, N.Y., L.A., o D.F., actualiza –para volver al argot deleuziano– un espacio que siempre está ahí, que se mantiene ahí, presente, accesible, abierto para todos. Estas zonas reconfiguran sus relaciones constantemente: las referencias cruzadas, las ligas a ligas que nos llevan a otras ligas, las entradas que combinan algunas antiguas con otras recién leídas, a veces mediante procesos claramente definidos y estructurados, otras como el fortuito encuentro de una máquina de coser y un paraguas en la mesa de un quirófano.
Alguien tuiteó que en Postopolis DF la lluvia –que acompañó a las presentaciones varios días– generaba reorganizaciones espontáneas del público asistente. Del mismo modo la lluvia de ideas –a veces llovizna otras chubasco– reorganizaba a los asistentes –ya de cuerpo presente o siguiendo la transmisión en algún sitio web– en grupos que comentaban, resumían, criticaban, contestaban o vitoreaban las propuestas de los presentadores en twitter. Algunos hablamos más con los asistentes de esa manera que de la, digamos, tradicional. Lo que no implica, de ningún modo, que Postopolis sea post-polis: el fin de la ciudad física, “real”, tal como la conocemos y vivimos cotidianamente. Al contrario. El esfuerzo invertido y el placer obtenido por muchos que se desplazaron de un país a otro, de una ciudad a otra, de un barrio a otro, para ver a esa horda de blogueros desplegar ante sus ojos algunas de las piezas más queridas de sus gabinetes de curiosidades –¿qué sino una versión recargada y tecnológicamente optimizada de aquellos espacios renacentistas son los blogs contemporáneos?–, advierte no sólo de cierta nostalgia por la presencia, sino de un empeño en mantenerla e intensificarla, de complicarla –en todos sentidos–, de multiplicarla en tantas capas como sea posible, de enriquecerla y, finalmente, fortalecerla. Postopolis nos enseñó que la tecnología jamás es obstáculo para la urbanidad civilizada –y ésto no es un pleonasmo. Al contrario.
25.6.10
estas ruinas que ves
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24.6.10
aprendiendo de los ángeles
kazuyo, ryue, bob y denise
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21.6.10
algo de monsivais
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"...la sociedad mexicana consolida su impulso y cede de nuevo a la tentación de construir a marchas forzadas un pasado ilustre. la parodia de una parodia da como resultado una abstracción: el eterno retorno al punto de partida. no tenemos tradición, no tenemos historia, no tenemos antepasados que tengan antepasados. la parodia de la parodia conlcuye en la acción genésica: la gran fiesta.""...eclecticismo, la residencia como guardiana artística del buen gusto, como desafía no contra el tiempo sino contra el arrinconamiento internacional de una sociedad y de un país. la urgencia de compensaciones morales y visuales requeire de la copia de estilos extranjeros: hay que negar, a través de la suprema elegancia, la miseria y la fealdad circundantes.""como zona residencial, las lomas de chapultepec es una sucesión de castillos fracasados, de marmóreos autohomenajes que implican una aparatosa gana de adelantársele al país reprochándole su modestia.""...sólo la riqueza construye laberintos y los simplifica: babel fracasó no por la intención sino por falta de fondos. viva el eclecticismo que añade al gusto (la necesidad de exhibir) del propietario al gusto (la necesidad de aprovechar el exhibicionismo del cliente) del arquitecto. la vivienda y la moda son declaraciones inobjetables del status, voluntad y representación sociales. lo que quede fuera de la moda que no entre en la vivienda.""al conservador, la tradición nunca se le manifiesta como el cadáver de las ideas; es, de modo inalterable, el único presente concebible. de acuerdo a eso, el lenguaje debe ser arcaizante o se estará traicionando la visión del mundo. el manejo de la sintaxis no es una mera técnica: es un ejercicio ideológico, una indispensable lealtad espiritual. no hay distancias entre lenguaje y vida.""ya para los cincuentas el caos arquitectónico y las transformaciones impuestas por las migraciones y la incontinencia sexual de la chusma, hacen obligada la desaparición del orgullo de ciudad al que va remplazando la vanidad de clase trozada y multiplicada por la ambición individual de reconocimiento. la úncia ciudad de los palacios es mi residencia. para la burguesía, la tradición genuina es su boom incontenible. lo demás (elegancia, cultura, buenas maneras, roce social, las cualidades qeu delatan a una dama y pregonan a un caballero) vendrán por añadidura o a lo mejor no vendrán. de lo que se trata es de hacerse de lo mero principal."
un dibujo bonito
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But the next one is still with us today, although, here again, the Crutch of Pretty Drawing is pretty well gone...
It’s a wonderful crutch because you can give yourself the illusion that you are creating architecture while you’re making pretty drawings. Fundamentally, architecture is something you build and put together, and people walk in and they like it. But that’s too hard. Pretty pictures are easier.
Philip Johnson
Si entendemos por un dibujo bonito aquellos sombreados con acuarela de la Academia, es cierto: para los años 50, cuando Johnson argumenta contra las siete muletas de la arquitectura, esa ya casi ha desaparecido. Pero Johnson no va contra la idea de que el dibujo deba ser bello –pues la belleza ya había sido suficiente y efectivamente desmantelada por las vanguardias artísticas de principios del siglo 20– sino, más bien, contra la idea de que la arquitectura dependa del dibujo. La arquitectura –dice– se construye y se ensambla, pero como eso es difícil resulta más sencillo hacer un buen dibujo. En eso Johnson se equivocaba –o, de menos, no era preciso pues no es la arquitectura lo que nos interesa sino el trabajo del arquitecto, que no son necesariamente lo mismo.
No sólo porque –al menos desde que Giorgio Vasari la incluye en la academia junto con la pintura y la escultura, a finales del siglo 16– es una de las artes del diseño, es decir: aquellas que para concebirse se dibujan, sino porque –como explica Alberto Pérez Gómez– “desde la antigüedad griega el arquitecto no ha ‘hecho’ edificios, sino los artefactos mediadores que hacen que los edificios puedan ser significativos.”
Desde el diagrama del monasterio de Saint Gall hasta los de SANAA, pasando por los apuntes de Leonardo o los estudios de Durand, los croquis de Le Corbusier o los collages de Mies, incluyendo el plano que el arquitecto medieval trazaba directamente sobre el suelo usando –como escribe Marco Frascari– su cuerpo como compás, el arquitecto, para entender la arquitectura, la dibuja y luego, si puede o quiere, la construye y la recorre. En lo que no yerra Johnson es en la nueva condición de la belleza: hoy, un dibujo se califica por su potencial operativo, por las transformaciones a las que puede someterse y que, a su vez, puede generar. La muleta desaparecida, pues, debiera ser la imagen que representa –hecha a lápiz, en acuarela o con el programa más sofisticado– y no el (buen) dibujo que presenta posibilidades.
20.6.10
más de fut y de panzas
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uno ve a los hinchas, fans y hooligans mexicanos de Sudáfrica y no hay rastro de deporte callejero en esas panzotas, esos cuellos desaparecidos entre hombros inexistentes: gente que jamás ha hecho deporte, expertos de tele y cheve. Una tristeza de carnes fodongas. Y de ahí sale una selección que le ganó al campeón mundial en juego amistoso y al subcampeón en eliminatoria: es un milagro que no nos merecemos, para el que no hemos puesto nada.
19.6.10
futbolera
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desde mi casi total desinterés y, sobre todo, absoluta ignorancia futbolera, recuerdo –y puede que se trate de un recuerdo imaginado– aquellos mundiales de mi infancia en los que había potencias poco menos que imparables cuya derrota frente a un equipo menor era una sorpresa. alemania, inglaterra, holanda, italia, brasil o argentina –y algun otro equipo que se me escape– eran obvios favoritos al enfrentarse contra honduras, corea, japón o méxico. hoy las cosas parecen haber cambiado. los empates entre potencias y equipos regulares parecen la norma y el triunfo del débil sobre el fuerte ya no sorprende tanto. o más bien, la distancia entre el fuerte y el débil ha disminuido. los débiles se han vuelto mejores pero también, quizás, los fuertes se han vuelto medianos. insisto, se trata esta de una opinión de un incompetente que cualquier fanático podrá rebatir con facilidad.
sin embargo, para apoyo de mi hipótesis, ahí está lo que en dos capítulos de su libro los bárbaros dice alessandro baricco sobre el futbol. pero también lo que dice en otro de los vinos: que la distancia entre los grandes vinos y los malos se ha reducido, por una tendencia de ambos extremos a la medianía, lo que resulta malo para los buenos y bueno para los malos que, siendo mayoría, tiene un efecto general positivo.
una cosa más. me parece que el mundial es, acaso por la misma razón anterior –que la calidad de los distintos equipos se empareja–, buena muestra del anunciado y lento fin de los estados nacionales. es cierto que las identidades se enardecen, que muchos creen en la obligación de apoyar a un equipo por el simple hecho de “representar” al mismo país que nos otorga pasaporte, que algunos incluso hacen de los partidos metafóricas revanchas de humillaciones militares, políticas o económicas pasadas. pero viéndolo con cierta dosis de pragmatismo y, de nuevo, sin ninguna credencial que la afición otorgue, parece que como mecanismos los equipos que funcionan como corporaciones multinacionales conformados por mercenarios nómadas –el barcelona, el atlético de madrid, el inter– son mucho más eficientes que aquellos que basan su composición en las actas de nacimiento o naturalización. por ahora quizá solo salve al mundial, además del fanatismo, el extraordinario negocio que representa. pero algún día –quizá pronto– nos daremos cuenta que, como en otros campos, la idea de estado-nación ha sido rebasada en el futbol por organizaciones con mejor desempeño que las selecciones nacionales.
18.6.10
saramago (1922-2010)
17.6.10
el nuevo whitney
iniciativa méxico: no jodan
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16.6.10
13.6.10
la censura de apple
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copias y reproducciones
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12.6.10
espacio, técnica y música
9.6.10
post-postopolisDF
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8.6.10
hasta en las mejores familias
7.6.10
topografía del crimen
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polaroids de tarkovsky
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duchamp y kenya hara
las rejas de chapultepec
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el arco del bicentenario
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"comenzaron a presentarse muchos problemas que retrasaron la obra, por ejemplo, no podíamos comenzar el proyecto ejecutivo porque las autoridades no contaban con un levantamiento topográfico y una mecánica de suelos que nos indicara cosas tan básicas como por dónde pasaba el drenaje o el sistema hidráulico. por ello no fue posible cumplir con los tiempos de entrega"
"un día césar me llamó y me pidió que me retirara del proyecto con el argumento de que yo era un peligro por opinar y decir las cosas como son. Le dije que nadie podía ponernos una mordaza y que necesitábamos decir lo que pasaba, pero consideró que yo resultaría problemático"
"los monumentos son importantes y me parece lógico que se le dé todo el empuje a la estela, [...] es fundamental que la obra trascienda el espacio público a través de esta explanada que techa circuito interior y crea una especie de vestíbulo al bosque a fin de fomentar el esparcimiento y la convivencia. a estas alturas no importa que la plaza no se inaugure este año, siempre y cuando de verdad se realice, porque si no el proyecto quedará incompleto"
6.6.10
las rejas: símbolo de status
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The fence guy visited last week and gave us a price on securing the perimeter for our prospective mini-herd of Black Angus. I now have a new appreciation of the various ways you can judge wealth: not just by the size of someone’s house or the make of cars in the driveway or the wheels of cheese in the cellar but by the extent and type of fence around the property. It’s all about the price of gold—the roughest split-rail, the most unadorned three-strand electric, the might-as-well-be-made-of-diamond double rail crossbuck with six-by-six French Gothic posts of fresh-sawn oak. By my calculation, the price of steak is about thirty per cent fence.
zaha hadid en los top 100 del 2010
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cuando finalmente la conocí, me di cuenta de que personifica sutrabajo. fuerte. sensual. icónica. ordena el espacio al rededor de ella –sin imponerse pero seduciéndote con excitación. tiene un gran estilo personal –su peinado, su voz, su ropa, su luminosidad. es una mujer culta.
edificios [y] anuncios
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por qué no me gusta el soft porn
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creo que la mayoría sabemos que, salvo dudosas excepciones, el fuerte de una película porno no es la historia. probablemente junto con algunos ensayos de cine y video experimental y seguramente con mayor fuerza que éstos, el porno es un refugio de la imagen ante la tiranía narrativa de la historia, del querer decir. conocemos las historias de memoria: el plomero demostrará como usa su mejor herramienta, el repartidor de pizzas siempre complace a su cliente o el equipo de basquet entrena sus mejores encestes en los vestidores. la historia no importa: importa la acción, su imagen y cómo nos afecta. por eso cuando deleuze escribe en sus estudios sobre cine que “la imagen afección es el primer plano y el primer plano es el rostro”, no hay que pensar sólo en rostros. en un porno todo nos hace cara, todo nos enfrenta, todo nos ve directamente a los ojos. como en el origen del mundo de courbet somos puestos ahí mismo –en el lugar de los hechos– con los ojos bien abiertos viendo la realidad como jamás la habíamos visto –es, si bien recuerdo, la definición de la pornografía de baudrillard: una representación de la realidad más real que lo real. en fin, el punto es que si el porno puede resistirse a la narración es porque cada imagen nos afecta. ¿quién, entonces, puede disfrutar del soft porno que en las noches nos obsequian algunos canales de paga? sin primeros planos, sin penetraciones en close-up ni festivas eyaculaciones ni vello corporal –o la notoria desaparición del mismo–, como si un camarógrafo distraido o disfuncional hubiera estado a cargo de flimar. ¿qué nos queda? lo peor de dos mundos: películas sin historias y sin imágenes.